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Como Cristina no puede probar su inocencia; como tampoco puede imponer la reforma judicial, ni voltear a la Corte de un plumazo, ni imponer a un jefe de los fiscales obediente y adicto, ahora estrenó un conjunto de nuevas maniobras para lograr su impunidad. La última y más “creativa”: avanzar, uno por uno, contra los fiscales y los jueces que la investigaron y aquellos que la pueden seguir investigando y eventualmente condenar.

¿Cómo? A través de una decisión de la ANSES, en la que conmina a los jueces que tienen “edad suficiente” para que se jubilen ahora o nunca, porque entonces no se le dará nunca más la oportunidad de hacerlo. Son incorregibles. Porque si uno revisa la lista, se encontrará allí con todos los magistrados y funcionarios judiciales a quienes Cristina y sus abogados considera sus enemigos. Lo mismo pasó con el famoso tema de los traslados, otra jugada sucia y encubierta para sacar de sus cargos a Leopoldo Bruglia, Germán Castelli y Juan Carlos Gemigminani y colocar en su lugar a los jueces y camaristas que le responden. Todos los días sacan un nuevo conejo de la galera. La semana pasada apuraron la reglamentación de una norma para que la misma Cristina, Amado Boudou y otros, pueden apelar ante distintas juridicciones, incluida la Corte, y así evitar una condena firme de por vida. ¿Hasta dónde piensa llegar? ¿A cuántas instituciones, cuántas leyes, cuántos poderes, cuánta gente decente, la vicepresidenta se va a terminar llevar puestos, en su afán de evitar una segura condena? Daniel Sabsay, con quien acabamos de hablar, los definió como “micro golpes”. ¿Cómo se detienen esta serie de “microglopes”?. Hay dos maneras de hacerlo. Una denunciándolos sin descanso, aunque nos digan que tenemos una obsesión con Cristina. La otra: votando para evitarlo, en el marco de las próximas elecciones, en la provincia de Buenos Aires, y en el resto del país.

Columna de Luis Majul en Radio Rivadavia