jueves, abril 29, 2010

Cómo responder a los escraches y las agresiones


Escrache en la presentación de IndeK, de Gustavo Noriega, en la
Feria del Libro.


A los escraches, las agresiones personales y las descalificaciones hay que responder con más periodismo y más información.
Esa es la conclusión más útil que pude sacar después de haber participado de las últimas presentaciones de libros, programas de debate y mesas redondas donde se discutió sobre los nuevos ataques a los periodistas, acciones auspiciadas desde lo más alto del poder y financiadas por medios públicos que pagamos todos los contribuyentes.

Al poder de turno no le afectan tanto las opiniones como los datos que descubren casos de corrupción. La declaración testimonial del ex embajador en Venezuela Eduardo Sadous denunciando coimas en los negocios con Venezuela es letal para este gobierno. Varias veces más grave que cualquier "juicio popular", cartel anónimo, los insultos de los ciberfanáticos que trabajan en horario de oficina o los informes "periodísticos" sesgados que se presentan como si fueran serios en los programas de propaganda oficial.

La primera investigación sobre la conexión venezolana la escribió Jorge Lanata en 2006. Más tarde la Coalición Cívica la tomó como parte de su megadenuncia por asociación ilícita contra Néstor Kirchner. Los detalles de las conversaciones entre Sadous y los funcionarios y empresarios involucrados fueron revelados tres años después en el libro El Dueño. El fiscal Gerardo Pollicita y el juez Julián Ercolini tomaron esos diálogos de manera textual para llamar a declarar Sadous y activar una causa con innumerables ramificaciones. El camino de la investigación periodística estuvo exento de fuentes no identificadas o condicionales. También de adjetivos impactantes. Solo datos, información y la publicación correspondiente. No hay nada más efectivo que eso.

A los barrabravas que intentaron arruinar la presentación del libro de Gustavo Noriega, el periodista les respondió con la publicación de Indek: historia íntima de una estafa. Se trata de la crónica minuciosa, brillante y brutal de cómo Kirchner y Guillermo Moreno manipularon las estadísticas oficiales y utilizaron la violencia psicológica y también física para sostenerlo. A los descalificadores profesionales que en algunos blogs se preguntan por qué un crítico de cine escribe sobre el Indec hay que contestar con más información: Gustavo trabajó en el Instituto durante 16 años; por eso puede relatar, con semejante precisión, uno de los hechos políticos más escandalosos de la era kirchnerista.

Ahora es preciso colocar a las cosas en su verdadero contexto. El asfixiante clima contra la prensa no es comparable con lo que sucedió durante la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Tampoco tiene la dimensión del asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas. Y es mucho menos dañino que te griten "puto", "gorila" o "dejá de mentir" a que te incendien el vehículo estacionado en la puerta de tu casa, como le pasó, hace un mes, en Caleta Olivia, Santa Cruz, a la periodista Adela Gómez, una colega que se caracteriza por informar sin llenar de elogios a los funcionarios K. Pero si el ex presidente proclama ante su militancia que la verdadera oposición son los medios y no condena con urgencia y energía los últimos actos de violencia no es improbable que en cualquier momento un fanático se sienta con derecho a pegarle a un periodista que no anda con custodia.

La imaginación para hacer el daño es inagotable. El hecho que se haya elegido a la Feria del Libro para practicarlo debería poner en estado de alerta a todo el ambiente de la cultura. Los libros en general, y los de investigación periodística en particular, vienen siendo, hasta ahora, islas de libertad que el poder de turno no pudo colonizar. Los intentos por comprar enormes cantidades de ejemplares para interrumpir la demanda y el engañoso mail que circula por la Web anunciando que un título ha sido retirado de las librerías por orden del Gobierno, demuestran que están dispuestos a todo para evitar que más gente acceda a los datos duros que afectan a esta administración.

El temor de que algo igual o más violento pueda suceder el próximo sábado 1° de Mayo, Día del Trabajador, en la Feria del Libro, es algo que los organizadores no minimizan. Se trata del día en que más público asiste al predio de la Rural. Las editoriales lo eligen para la presentación de las novedades o de las publicaciones a las que más apuestan. Algunos colegas han decidido suspender las presentaciones de sus libros y la firma de ejemplares, porque prefieren salir del ojo de la tormenta. Otros vamos a estar presentes, de manera pacífica y firme, porque entendemos que la mejor manera de responder a los escraches, las agresiones y las descalificaciones es defender nuestro trabajo. Y hacerlo precisamente allí, en el lugar donde el debate tantas veces le ganó a la violencia y a la intolerancia.

Especial para lanacion.com

lunes, abril 26, 2010

¿Puede Kirchner volver a ser Presidente?



¿Puede Néstor Kirchner volver a ser Presidente? El enorme y persistente aparato de comunicación del Estado quiere crear la sensación de que se trata de algo inevitable, mientras los líderes de la oposición revisan encuestas, desconcertados.

Es verdad que la imagen positiva del ex presidente creció un poco, y que la negativa sigue estancada en niveles superiores al 70 por ciento. También es cierto que el kirchnerismo cumple con éxito la misión cotidiana de esmerilar a todos sus eventuales competidores para tratar de que lleguen tan devaluados como su jefe a la competencia electoral.

No se debe minimizar el fuerte impacto en el consumo que generó, en un primer momento, la asignación por hijo. Y tampoco se puede subestimar el efecto que implica la publicidad oficial en los partidos de fútbol que se juegan casi todos los días, con niveles de audiencia muy altos y que abarcan todos los estratos sociales: desde los más pobres hasta los de más alto poder adquisitivo.

El primer paso del operativo retorno ya está cumplido. Hasta hace muy poco, nadie lo admitía como una posibilidad seria. Pero ahora mismo encuestadores como Eduardo Fidanza, de Poliarquía, o Julio Aurelio, de Aresco, entienden que es demasiado apresurado "darlo por muerto" político. Y analistas políticos muy serios aceptan que, con la oposición fragmentada y los recursos de Kirchner para intentar un triunfo en la interna del Partido Justicialista, lo colocan en un lugar inmejorable antes de que la carrera esté por comenzar.

Con este impulso, el ex mandatario ya empezó su particular campaña electoral. De ahora en más, las visitas a Olivos de gobernadores, intendentes y dueños de medios oficialistas y productores de televisión serán más repetidas. También se multiplicarán los ataques al grupo Clarín, sus periodistas y todos los medios y profesionales que no se consideren parte de la cruzada para que vuelva Néstor. La lógica del ataque es la misma de siempre: "Si hasta ahora nos funcionó bien, ¿para qué vamos a cambiar?".

El estado de euforia K sirve para convencer a ciertos dirigentes confundidos e indecisos, pero no ayuda a comprender la compleja realidad. La economía puede parecer sólida, pero el hartazgo y el rechazo que provocan las agresiones del kirchnerismo y sus aliados a los políticos, los jueces y los periodistas que no le chupan las medias es todavía mayor que el leve repunte oficial que se registra en las encuestas.

La ventaja de Kirchner es que hace política hasta cuando duerme. Y piensa en 2011 como si fuera mañana mismo. El operativo destrucción contra Julio Cobos todavía no llegó a su punto cúlmine. Un operador de la Casa de Gobierno tiene decenas de carpetas con información sobre los peores aspectos de su gestión cuando le tocó gobernar Mendoza. Y el plan para sacar a Mauricio Macri de la cancha grande recién empieza. Los hombres de Kirchner están seguros de que el jefe de Gobierno de la Ciudad será procesado por el juez Norberto Oyarbide. Suponen que cuando la información se publique en la tapa de los diarios la imagen del ex presidente de Boca caerá en picada, hasta hacer imposible su candidatura a presidente.

El ex primer mandatario no considera adversario competitivo a Ricardo Alfonsín, quien tiene una excelente imagen que no se corresponde con la intención de voto. Tampoco a Elisa Carrió, a quien vienen esmerilando desde 2003. Lo mismo sucede con Eduardo Duhalde, a quien le hicieron tanto daño como a Cobos y Carrió. En cambio, le preocupa bastante Fernando Pino Solanas, porque su candidatura a presidente le puede sacar votos decisivos. También Francisco De Narváez, porque si no logra que la Corte autorice su intención de ser candidato a presidente, es probable que el diputado nacional regrese al acuerdo que le permitió ganarle al Frente Para la Victoria el año pasado.

La reedición de aquella foto es la pesadilla de Kirchner. Incluso peor que la eventual candidatura de Carlos Reutemann. "El Loco" –como le dicen muchos de los funcionarios que trabajan junto a él– descuenta que Lole no podrá resistir una campaña electoral sucia. Mientras tanto, ya planea algunas "maldades" para ridiculizar a la "Maldita Alianza" que el año pasado integraron Macri, De Narváez y Felipe Solá. La gente que trabaja en esos menesteres ha descubierto que los carteles anónimos son muy efectivos: se imprimen unos cuantos, los medios los reproducen, se instala la sospecha y una semana después los voceros del gobierno repudian el hecho, para salvar las apariencias hasta el próximo ataque.

Publicado en El Cronista

sábado, abril 24, 2010

Para qué sirve el periodismo de investigación


Eduardo Alberto Sadous

Un fiscal y un juez del fuero federal se tomaron el trabajo de leer El Dueño, utilizaron la información contenida en el libro, llamaron a declarar a un testigo clave y al final consiguieron lo que buscaban: el primer indicio para probar el pedido de coimas de funcionarios públicos argentinos a empresas nacionales que pretendían hacer negocios con Venezuela.

El fiscal se llama Gerardo Pollicita, el juez Julián Ercolini, el testigo clave es el ex embajador argentino en Venezuela, Eduardo Alberto Sadous, y los funcionarios involucrados son los que hacían diplomacia paralela con el consentimiento de Hugo Chávez, en especial, Claudio Uberti, el mismo que viajó junto a Antonini Wilson y la famosa valija con 800 mil dólares adentro.

La información con los diálogos entre Sadous y varios empresarios que se quejaban de los pedidos de "peaje" y una picante conversación entre el ex embajador y el entonces agregado comercial de la Argentina en Venezuela, Alberto Álvarez Tufillo, fueron publicados por primera vez en El Dueño el 9 de noviembre de 2009. Sadous ratificó el contenido de esos encuentros cinco meses después y hoy, los pormenores del "nuevo escándalo", se convirtieron en el principal título de tapa de los diarios más importantes del país.

Alvarez Tufillo le había trasladado a Sadous una pregunta de empresarios argentinos que estaban haciendo negocios con Venezuela. La inquietante pregunta era: "¿Con quién hay que arreglar?". Pollicita inició la declaración testimonial con ese interrogante. Quería saber mucho más sobre los motivos del diálogo. Después de que Sadous se lo confirmó, el fiscal mandó a pedir 12 medidas de prueba. Entre ellas, las más importantes son el llamado a declarar para los empresarios involucrados y la lista de decenas de viajes que hicieron funcionarios a Venezuela en vuelos privados. Pollicita y Ercolini quieren saber quiénes pagaron esos viajes.

El periodismo de investigación es útil, en primer lugar, para mostrar la verdad de los hechos frente a quienes lo pretenden ocultar. Cumple con su obligación primordial, que es contarla a sus lectores para que se entere la mayor parte de la sociedad.

Y en este caso en particular sirve para demostrar que, a pesar de las descalificaciones públicamente conocidas por parte de funcionarios y de periodistas neooficialistas, para responder a las bajezas no hay nada mejor que los hechos.

Especial para lanacion.com

jueves, abril 22, 2010

¿Quién está detrás de los escraches?



"Detrás de los escraches y las operaciones está (Néstor) Kirchner"
, afirmó sin titubear el diputado nacional por el Peronismo Federal, Felipe Solá. Fue ayer, por la tarde, entre sesión y sesión, al responder la pregunta sobre quién supone que impulsa los carteles anónimos contra periodistas, y los ataques personales contra jueces como María José Sarmiento y políticos como Fernando Pino Solanas, la senadora Adriana Bortolozzi o el senador Luis Juez.

Solá recordó con tristeza la agresión que él mismo sufrió en Neuquén, en julio de 2008, después de haber votado contra el aumento de las retenciones a la soja. Y opinó que todo comenzó durante las legislativas de octubre 2005, cuando el kirchnerista Daniel Bravo acusó falsamente a Enrique Olivera de poseer una cuenta no declarada en Suiza. El mismísimo presidente Kirchner, horas antes de la veda electoral, había salido por Radio 10 a pedirle que aclarara su situación. Las sospechas afectaron las chances de la organización política de Elisa Carrió. Bravo reconoció que la denuncia era mentira, pidió disculpas a Olivera y su familia y se retractó. Pero lo hizo dos años después, en sede judicial.

Solá definió a los escraches y las operaciones con denuncias falsas como una forma "fascistoide" de hacer política y reconoció que a partir de su ida del Frente para la Victoria lo empezaron a "putear" en la vía pública. "Y cada tanto me siguen puteando, como si la macana me la hubiera mandado yo" aceptó, resignado.

El ex gobernador de la provincia de Buenos Aires está seguro que detrás de esas acciones se encuentra el ex jefe de Estado. Y cree que es porque quienes las perpetran, utilizan el lenguaje y los argumentos que se le adjudican al propio número uno. Solá piensa que el ex mandatario las impulsa con sus órdenes directas o las tolera con su silencio. En medio del agobiante clima de resentimiento, no está demás recordar algunas de las acciones más impactantes.

A Cobos se le pararon enfrente de su casa de Mendoza cientos de militantes y le pintaron las paredes de su casa con acusaciones de traidor, horas después de pronunciar su antológica frase: "Mi voto no es positivo".
A los senadores nacionales Gerardo Morales, Guillermo Jenefes, Adriana Bortolozzi también les pintaron las paredes de sus propiedades con distintos tipos de insultos, después de que impulsaran proyectos contrarios al kirchnerismo o facilitaran con su presencia en las bancas el quórum que el bloque del Frente para la Victoria no tenía intención de posibilitar.

En las marchas de "autoconvocados" a favor de la Ley de Medios, además de agitar carteles contra periodistas del Grupo Clarín, se vieron pancartas en contra de colegas como Martín Caparrós y de dirigentes como la diputada nacional Victoria Donda. Caparrós y Donda desprecian a la derecha política y reconocen que los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández tuvieron muchos aciertos, pero no compran el paquete con moño y todo. (Parece que la furia de algunos militantes fanatizados se multiplica contra aquellos que alguna vez fueron considerados "propia tropa").

El actual quizá sea el momento mas "antiprensa" desde 1983. En una escalada que se inició junto con el conflicto del Gobierno contra el campo, decenas de periodistas están siendo insultados, escrachados o desafiados a pelear cerca de sus lugares de trabajo o de sus propias casas. Solo la paciencia de la mayoría evitó que las cosas pasaran a mayores. Algunos kirchneristas creen que la difusión pública de esos hechos de violencia terminaría favoreciendo al Gobierno, porque colocaría a los periodistas en el mismo barro en el que se ensucian la mayoría de los políticos que compiten para conseguir más votos. ¿Serán ellos los que piensan en armar una nueva pegatina de carteles contra otros periodistas que no son del agrado de su jefe?

El ambiente está tan enrarecido que ya provoca fisuras dentro del propio Gobierno, y entre los que apoyan el proyecto político que hoy gobierna la Argentina. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, por ejemplo, está cada día más preocupado por el cariz que están tomando los acontecimientos. El ex ministro de Educación y senador nacional, Daniel Filmus, no comparte los escraches ni las operaciones y cada vez lo repite en voz más alta, para que lo escuche quien lo debería escuchar.

A Solá le preocupa que nadie, desde el poder central, levante la voz para condenar con firmeza los ataques cada vez más repetidos: "Si desde arriba no le ponen un freno a esto, pueden pasar cosas mucho más graves. Y entonces será tarde para arrepentirse" declaró.

Especial para lanacion.com

lunes, abril 19, 2010

Contra periodistas



El hostigamiento personal contra periodistas que impulsan grupos de choque kirchneristas no empezó hace poco, como registra la mayoría de las crónicas. En verdad, se inició durante la campaña electoral, cuando el ex presidente respondió a preguntas de trabajadores de prensa como si fuera un barrabrava y dio así carta blanca a todos sus seguidores para insultar y patotear a cualquier colega que no estuviera alineado con el pensamiento úniko.

La desmesura que implica la agresión verbal de Néstor Kirchner protegido por su custodia contra un periodista que pregunta, sea en representación de Clarín, de Radio Continental o del Canal América, es, además de censurable, un signo de cobardía. Personal e institucional. Tan cobarde como la acción de quienes insultaron durante dos cuadras a Fernando Bravo, el jueves pasado, en el marco de la manifestación a favor de la Ley de Medios que terminó frente a los tribunales. Tan intolerante como los gritos descalificadores y las persecuciones que vienen sufriendo en la vía pública, frente a los medios donde trabajan y, en algunos casos, cerca de sus domicilios particulares, colegas que decidieron no hacerlo público, por temor a amplificar el hecho y contagiar de malas ideas a militantes fanatizados que sueñan con entregar a Kirchner la cabeza de un enemigo en esta guerra que inició su jefe.

El pasado viernes 9 de abril tuve la mala suerte de toparme con el inicio de la primera marcha de apoyo a la Ley de Medios, convocada en el Obelisco, justo cuando la policía interrumpió el tránsito que venía desde la avenida Corrientes hacia Leandro N. Alem. Estacioné sobre la mano izquierda de Corrientes, aconsejado por un policía que me advirtió sobre el espeso clima imperante. Tenía una cita muy cerca, el día había sido demasiado largo y lo quería terminar sin ningún inconveniente. Caminé unos metros hacia la calle Libertad hasta que un hombre más o menos alto y de contextura física robusta, que seguramente iba hacia la marcha gritó: “¡Gorila!”, como si fuera el dueño del peronismo. Iba acompañado de otras tres personas. Me di vuelta y sonreí. El volvió, se puso a mi lado, me tocó el hombro y de nuevo me gritó en la cara “Gorila”. Le dije que si me tocaba de nuevo le iba a responder de la misma forma. El episodio no terminó en una batalla campal porque mientras sus compañeros se acercaban, otro grupo de cuatro personas tomó la decisión de enfrentarlos y esa determinación puso fin al hostigamiento.

Antes de llegar a la esquina, otro hombre, sentado junto a dos mujeres a la mesa de un bar ubicado junto a la vereda, vociferó: “¡¿Cómo pudiste escribir un libro tan valiente como Los dueños de la Argentina y terminaste haciendo ahora esta porquería lleno de inventos que te pagó el Grupo Clarín?!”. Como su agresión parecía más elaborada, le pregunté si tenía un minuto para discutirlo. Aproveché la sorpresa que le causó la invitación para preguntarle si lo había leído. Le recordé que el nuevo libro empezaba con una denuncia que involucraba en un grave episodio de corrupción al propio Kirchner, que el denunciante era alguien que había gobernado durante ocho años junto a él la provincia de Santa Cruz y que le pidió a los jueces que lo carearan con el entonces gobernador. También le pregunté si su virulenta crítica personal incluía la defensa de hechos de corrupción protagonizados por el ex presidente. La mujer que estaba a su derecha le dijo: “Te taparon la boca. Por charlatán”. Él decidió terminar la charla con una acusación de supuesta censura: “Cuando (Enrique) Pinti estaba haciendo una denuncia, no lo dejaste terminar. Mandaste un corte larguísimo y no volvió más”. Le pedí que me recordara de qué estaba hablando Pinti. Le expliqué que me parecía difícil, porque había sido este gobierno el que nos había negado el uso del Cabildo para hacer un reportaje precisamente a Pinti. El fogoso crítico no recordaba ni una cosa ni la otra. Prefirió iniciar otra discusión con su compañera de mesa.

Seguí caminando en estado de alerta, hasta que llegué a la esquina de Libertad y Lavalle. Allí, desde adentro del Café Petit Colón salió a la vereda otro manifestante, con una pequeña bandera en la mano, quien gritó a viva voz: “¡Puto!”. Detrás suyo salió una ex asesora de prensa de una ex funcionaria. Ella se le paró enfrente y le escupió en la cara: “¡Sos un cobarde!”. El hombre y sus acompañantes tardaron segundos en pagar la cuenta y retirarse del lugar.

Decenas de periodistas que caminan por la calle sin custodia vienen soportando agresiones parecidas desde hace más o menos un año. Programas de televisión como 6,7,8, Duro de domar y Televisión Registrada las propician y alimentan. El aparato del Estado y las máximas autoridades de este país las alientan y justifican. La mayoría de los colegas no las denuncian porque tienen miedo de que las represalias sean todavía peores. ¿Qué pasaría si en el contexto de la locura dominante aparecieran uno, o dos o más "soldados kirchneristas" y se les "fuera la mano", como sostienen que se le habría ido la mano al jefe de los custodios de Yabrán que mandó a disciplinar a José Luis Cabezas?

Si algo parecido llegara a ocurrir, sería improbable que la Justicia pudiera determinar la responsabilidad efectiva del ex presidente. Pero muy pocos dudarían de su responsabilidad política.

Publicado en El Cronista

jueves, abril 15, 2010

Las causas por las que Kirchner apunta a los periodistas



Para Néstor Kirchner, los periodistas son actores políticos, igual que Julio Cobos, Mauricio Macri y Elisa Carrió. Y los dueños de los medios más influyentes son figuras maquiavélicas que se dedican a poner y sacar presidentes de acuerdo a sus intereses de negocios. Jamás distinguió entre periodistas corruptos que lo apoyan y periodistas honestos que critican o denuncian al Gobierno cuando un funcionario comete un hecho de corrupción. Tampoco diferenció entre medios profesionales y medios oportunistas montados para sustentar proyectos políticos.

Así como el ex presidente nunca terminó de comprender que el "campo" al que eligió de enemigo en marzo de 2008 no eran los latifundistas improductivos que conoció en la Patagonia sino, en su gran mayoría, miles de productores con unas cuantas hectáreas propias o alquiladas, tampoco nunca quiso entender la lógica profesional de los medios de comunicación, en la Argentina y en el resto del mundo.

Kirchner, ni bien asumió como primer mandatario, intentó seducir a unos pocos dueños de medios y decenas de periodistas a quienes se propuso conquistar, con su estilo directo y campechano, con la promesa de un proyecto político honesto y casi revolucionario que sacaría a la Argentina de su enorme frustración. Y lo hizo como si tuviera enfrente a un intendente del conurbano, un gobernador que necesita fondos o un diputado o senador cuyo voto es necesario para aprobar un importante proyecto de ley.

"Tenés que apoyar el proyecto, porque esto es más grande y más importante que la próxima nota", les pidió, palabra más, palabra menos, a muchísimos colegas que tuvieron la oportunidad de tener un "mano a mano" con él durante los dos primeros años de su gobierno. Y en muchos casos, algunas veces de un día para el otro, los colocó en la categoría de enemigos, antes de que cualquiera pudiera explicarle la diferencia entre Rudy Ulloa y hombres de medios que pretenden seguir haciendo periodismo y no una carrera política o ganar dinero de manera inescrupulosa.
Su forma binaria de entender casi todo hace imposible que comprenda que un medio puede publicar una buena noticia para el Gobierno, como la importancia simbólica del encuentro entre Barack Obama y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y al lado una no tan positiva, como la derogación en Diputados de los Decretos de Necesidad y Urgencia para el uso de las reservas del Banco Central.

Una mañana de perros, en la que los gritos del entonces presidente se podían escuchar apenas se abría la puerta de su despacho, su jefe de Gabinete, Alberto Fernández, trató de explicar a Kirchner la lógica de los medios en general y de Clarín en particular.

-Néstor, tenés que entender. Clarín no es como L'Osservattore Romano, que no puede hablar mal del Papa porque es el diario del Papa. Clarín, como la mayoría, "vende" algo que se llama noticias.

Kirchner le respondió que ningún diario importante se funde "por ignorar una noticia" y por más grave que ésta sea.

Fernández comentó entonces que ningún medio serio iría contra la lógica de su negocio, que es publicar información. Y agregó que si los lectores sospechasen que su diario no publica las principales noticias, dejarían de comprarlo, porque se rompería el contrato de confianza. Kirchner dio por terminada la charla así:

- Vos lo decís porque sos amigo de ellos. Lo decís porque a vos te tratan bien.

Desde su propia lógica de amigo o enemigo, el ex mandatario parece haber encontrado una manera de enfrentar a los dueños de los medios y los periodistas que no están con el proyecto: incorporándolos, de prepo, a una lucha endemoniada donde Vale Todo, incluso la mentira más burda, como en el juego de lucha libre que terminó con la muerte del joven de San Fernando que peleó dentro de una jaula con su contrincante, sin límites ni reglas. El ex presidente cuenta para su cometido con algunos colegas convencidos, quienes cruzaron la línea del periodismo para transformarse en militantes rentados del proyecto K.

Pobre del que se atreva a escribir u opinar algo "inconveniente": enseguida será detectado y colocado, con nombre, apellido y otras señas particulares, en la lista del tiro al pichón de la venganza K. Y mejor que mientras tanto no le pase nada: encima lo acusarán de hacerse la víctima con fines inconfesables.

Especial para lanacion.com

lunes, abril 12, 2010

Por qué Kirchner quiere que se vayan todos



“Que se vayan todos” (los políticos) fue el grito de guerra de diciembre de 2001 de una buena parte de la sociedad cuando el gobierno de Fernando De la Rúa se mostró incapaz de administrar el país y metió la mano en los ahorros de los argentinos. Durante más de dos años la rabia social se extendió a casi toda la clase dirigente. La crispación masiva empezó, de a poco, a dejar paso a la esperanza. Fue cuando Kirchner recuperó la autoridad presidencial, motorizó la recuperación de la economía y la Argentina logró tasas chinas de crecimiento después de haber registrado los índices más altos de pobreza, indigencia y hambre de toda la historia reciente.

Fascismo nacional

“Qué se vayan todos” tuvo mucho de legítima reacción y tuvo además mucho de comportamiento fascista: acusaciones personales a dirigentes sin argumentos ni pruebas, escraches que incluyeron, solo por citar un ejemplo, el domicilio particular del ahora venerado ex presidente Raúl Alfonsín.

Ahora Kirchner fogonea una nueva versión del Que se vayan todos. Un Que se Vayan Todos K, pero no desde la genuina indignación social, sino con la ayuda de una enorme maquinaria financiada con los recursos del Estado.

El audaz proyecto de Kirchner contempla:

-La paralización y el desprestigio del Parlamento: Como el Congreso es percibido como el escenario desde donde la oposición podría limitar los abusos del gobierno, su no funcionamiento afectaría más a los adversarios del kirchnerismo en su conjunto que a la administración nacional. Y el creciente desprestigio involucra a casi todos sus competidores: Julio Cobos, Carlos Reutemann, Francisco de Narváez, Elisa Carrió, Felipe Solá y las organizaciones políticas que ellos representan, desde la centenaria Unión Cívica Radical (UCR) hasta el flamante peronismo disidente.

-Las operaciones contra los dirigentes que, con sus decisiones, ponen en peligro el proyecto de continuidad en el poder: Luis Juez acaba de denunciar a Kirchner por asociación ilícita, porque está convencido que el ex presidente se encuentra detrás de la operación que le inventó una cuenta en el exterior. El presidente de la UCR, el senador Ernesto Sanz, denunció “una suerte de terrorismo de Estado” contra políticos y periodistas no afines. Incluyó entre las víctimas a Carlos Reutemann, a Felipe Solá, a él mismo y también a Mauricio Macri. Sanz reveló que fue víctima de una “operación personal” del ministro Florencio Randazzo. Y opinó que la avanzada judicial contra el jefe de Gobierno de la Ciudad es obra del gobierno que maneja Kirchner.

-Los escraches contra periodistas que critican o denuncian al ex presidente o no comparten los postulados de la Ley de Medios: Las pancartas con las caras de Nelson Castro, Ernesto Tenembaum y María Laura Santillán supuestamente amordazados por el Grupo Clarín que aparecieron el viernes en la manifestación a favor de la Ley, en el obelisco, fueron mostradas una y otra vez por las caras del canal público que pagamos todos nosotros. El cartel contra Martín Caparrós –un periodista y escritor que cometió el terrible pecado de expresar sus diferencias de matices contra el pensamiento único alentado por el productor que entregó su carrera al proyecto k- es la muestra más cabal que si cualquiera dice lo que piensa, mañana pueden ir a la casa o insultarlo y atacarlo entre varios y en plena calle, como si fuera un abusador serial en pleno acto aberrante. Es más: ya pasó con más de un colega que todavía no quiere hacer público el mal momento.

“Gorila”, “Puto de mierda” y “Esclavo del Monopolio” son las argumentos más creativos de los cada vez más fanatizados militantes kirchneristas.

Furia narcisista

¿Por qué Kirchner, después de haber contribuido a la resurrección de la clase política, pretende pulverizar a cualquiera que no piense como él o no adhiera al Proyecto?

La respuesta política, pero también psicológica, se puede encontrar en el mismo pensamiento profundo de Néstor Kirchner, cuando todavía era presidente y su gobierno ya empezaba a recibir sus primeras críticas y denuncias de corrupción.

“Son unos ingratos y tienen mala memoria. Hasta hace poco no podían salir a la calle ni entrar o salir del Congreso sin custodia. Y mucho menos ir a comer con la familia a cualquier restaurante. ¿Ahora, que gracias a este gobierno la gente los está empezando a aceptar, me atacan y me critican?”, le escucharon decir dos de los ministros más importantes que ya no están con él, y fueron testigos de su furia narcisista.

Padecen de furia narcisista los pacientes que sienten un rechazo exagerado cuando alguien no se muestra totalmente de acuerdo con sus ideas. O cuando experimentan un fracaso que no terminan de asimilar. Su primera reacción es replegarse en si mismos. La segunda es la ejecución de la venganza.

La supuesta furia narcisista de Kirchner no parece muy distinta a la de sus nuevos aduladores mediáticos. La última derrota electoral de 2009 pudo haber aumentado su deseo de venganza. Y su voluntad de pulverizar a quienes, supuestamente, le hicieron un daño que todavía le duele, o le impedirán seguir manejando el poder.

A los enfermos crónicos de furia narcisista no les importa que el sistema se rompa en mil pedazos si ellos no pueden mantener el control.

Publicado en El Cronista
web site hit counter