Quién será el próximo presidente

El próximo presidente de los argentinos será quien sea percibido por la mayoría de la sociedad como el más antikirchnerista y, a la vez, el que más lejos se encuentre de lo que la gente considera "la vieja política". En esto coinciden casi todos los que se ganan la vida haciendo encuestas y analizando la política.
La operación de prensa lanzada por el oficialismo la semana pasada, que alienta la candidatura presidencial de Néstor Kirchner contra los aspirantes de una oposición dividida y fragmentada, parte de un supuesto casi imposible: que el esposo de la Presidenta alcance el 40 por ciento de los votos y una diferencia de más del 10 por ciento sobre el segundo, lo que lo transformaría en jefe de Estado en primera vuelta.
El candidato de Kirchner
Más allá de la especulación gubernamental, cada vez está más claro que Kirchner no bendeciría a ningún candidato más que a él mismo, aunque los hombres que trabajan con el gobernador Daniel Scioli tienen la secreta esperanza de que su candidatura se dará por decantación, y que el ex presidente no tendrá más remedio que sostenerla.
Scioli es uno de los casos más curiosos de la política argentina. Su obediencia al poder central, su apoyo al Gobierno en la pelea contra el campo y sus problemas para administrar la provincia más grande y más conflictiva del país lo debieron haber apartado de la carrera presidencial, pero los números de las encuestas sostienen que todavía tiene posibilidades y que los argentinos lo valoran por haber resistido de pie las constantes humillaciones del matrimonio que vive en Olivos.
Cobos y los otros
El otro caso insólito es el del vicepresidente Julio Cobos. Su voto no positivo es lo que lo hace aparecer, todavía, como el más opositor a Kirchner. Sin embargo, el desgaste cruzado que le están propinando el Gobierno, los radicales que no lo quieren como candidato y las críticas de Mauricio Macri y Elisa Carrió empezaron a hacer mella en su armadura blindada: su imagen positiva viene cayendo sin prisa pero sin pausa y sus asesores creen que solo una interna abierta en la que participen sectores de la Coalición Cívica, del socialismo y otros referentes de la centroizquierda podrían darle a Cleto el impulso final que viene necesitando.
Francisco De Narváez es el otro dirigente al que la gente considera como el candidato ideal para derrotar al oficialismo. Las razones son dos: una es que ya le ganó una vez. La otra es que lo podría hacer desde el propio Partido Justicialista, con lo que además le arrebataría a Kirchner el aparato con que agita el escaso poder que le queda. Sin embargo, sus colaboradores ya tomaron nota que no será tan fácil obtener un fallo de la Corte Suprema que le permita ser candidato a presidente, a pesar de haber nacido en Colombia.
La negativa de la Corte favorecería los planes de Mauricio Macri, quien ya está lanzado a la carrera presidencial. Macri sueña con un escenario ideal, que lo transformaría en el Gran Candidato contra Cobos y contra Kirchner, para después ganarle al mendocino en una segunda vuelta cabeza a cabeza. El escenario sería: él en la Nación; De Narváez en la provincia de Buenos Aires; Gabriela Michetti en la Ciudad; y Eduardo Duhalde jugando contra su archienemigo Néstor, para terminar de desgastarlo justo antes de las elecciones definitivas. La ofensiva contra trapitos, cuidacoches y piqueteros con la cara cubierta y la reapertura del Colón, anunciada para el próximo 24 de mayo, forman parte de sus intenciones de mostrarse como alguien preocupado por la inseguridad y el cumplimiento de algunas de sus promesas de campaña para la ciudad.
¿Y Reutemann?
La dinámica carrera presidencial se empezó a acelerar hace algunas horas, cuando Joaquín Morales Solá escribió que Carlos Reutemann se había bajado de la candidatura. Y que incluso se lo había hecho saber a De Narváez, a Felipe Solá y a la senadora Hilda Chiche Duhalde, con el argumento de que no tiene las ganas suficientes como para ponerse semejante traje.
Es verdad que el ex gobernador se Santa Fe no se muere de ganas de ser Presidente y que ya se lo dijo, en conversaciones privadas, a muchísima gente. También es verdad que le mandó a decir a Duhalde, a De Narváez y a Solá que no lo tomen como un obstáculo para la búsqueda de sus deseos. Y es cierto, además, que Reutamenn preferiría una alfombra corta y roja para llegar a presidir la Argentina sin la amenaza constante de los sindicatos más poderosos y los líderes sociales que todos los días piden más planes para no alborotar las calles. Aún así, los que trabajan junto a él siguen diciendo: "Todavía Lole no se bajó".
Publicado en El Cronista

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