Ya nada será igual

Ya nada será igual después del paro de 22 días del campo contra el Gobierno.
Quizá mucha gente que votó a Cristina Presidenta sin convicción entienda, el año que viene, cuando se realicen las elecciones parlamentarias, que lo mejor es no elegir a candidatos oficialistas sino a cualquiera de la oposición.
En este sentido, los distritos rurales que la eligieron el año pasado serían los más reacios a votar las listas del Frente para la Victoria.
Quizá los principales actores del gobierno, incluidos Cristina Fernández y Néstor Kirchner, hayan tomado nota que ya no pueden hacer y decir lo que se les de la gana sino que van a tener que seducir y convencer, algo a lo que no están acostumbrados ni se encuentra en su ADN.
Quizá una buena parte del peronismo agazapado -el peronismo que, al decir de Eduardo Duhalde, no ama sino que teme a Néstor-, haya entendido que los actuales líderes ya no son infalibles e invulnerables, y que cualquier sector social con poder que se pare frente al matrimonio con una causa justa puede desgastarlo, y hasta ganarle la pelea.
Pero no hay que subestimar a los Kirchner ni siquiera en este contexto.
La crisis de inseguridad que puso a Juan Carlos Blumberg frente a la administración nacional parecía ser el principio del ocaso político del kirchnerismo. Y sin embargo, el entonces Presidente se recompuso y empezó a sacar conejos de la galera para recuperar la iniciativa política y evitar que lo den por muerto.
Ahora, la mesa chica de decisiones está empezando a maquinar cómo recuperar la simpatía de parte de la clase media que pareció enamorarse de los productores de campo.
El paquete de acciones incluiría la posibilidad del regreso de Roberto Lavagna al gobierno como canciller, y el pago de la mayor parte de la deuda al Club de París, algo que le daría a este gobierno la pátina de seriedad que, supuestamente, le estarían pidiendo los inversores del mundo occidental.

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