Olor a sangre

Una Presidenta usa el atril para defender su política y termina provocando no sólo a todo el campo sino también a buena parte de la clase media, cansada de la mentira del INDEC, la prepotencia, la soberbia y la concentración de poder.
Un piquetero paraoficialista le pega una trompada a un hombre mayor que estaba en la Plaza de Mayo irritado por el discurso de Cristina.
Unos productores de Córdoba le impiden a una ambulancia llevar al hospital a un enfermo cardíaco que necesitaba atención y el enfermo muere.
Miles de litros de leche son arrojados a la nada porque los productores no los pueden acopiar ante la ausencia de los camiones de las distribuidoras encargados de llevárselos.
Falta carne, leche y fruta, y las amas de casa empiezan a pagar los alimentos más caros que hace un ratito.
¿Qué pasará dentro de unas horas en Plaza de Mayo, en la Quinta de Olivos y en el lugar de la Argentina donde la gente se acerca para protestar?
Los tiburones de la política, las empresas y el periodismo revolotean porque huelen la sangre y esperan el momento de atacar.

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