viernes, marzo 28, 2008

Cristina no es Fernando


Ni los cacelorazos de esta semana son iguales a los de diciembre de 2001, ni Cristina es Fernando, ni el peronismo K es la Alianza, ni esta Argentina es la que casi desaparece en el medio de la crisis más grave de su historia.
Todo esto es necesario aclararlo después del inteligente discurso que ofreció la Presidenta en Parque Norte, con una puesta en escena que quiso y logró mostrar el poder de los aparatos del peronismo en el poder.
El contenido de las palabras de Cristina, la escenografía que la rodeó, la ocupación previa del kirchnerismo callejero en la Plaza de Mayo y las negociaciones simultáneas que encabezó el gobernador Daniel Scioli demostraron que cuando está en juego el ejercicio de poder, el peronismo en el gobierno es capaz de hacer casi cualquier cosa para conservarlo y acrecentarlo.
Guste o no, el discurso de Cristina dividió a los terratenientes y a los grandes pooles de siembra de los pequeños y medianos productores, y envió poderosos guiños a la clase media formadora de opinión que repudia las luchas de clases, reivindica el capitalismo y el derecho a ganar dinero. También llegó a las familias que ven con simpatía el reclamo de los chacareros pero que saldrían a la calle si el desabastecimiento les impide alimentar a sus hijos, y dejó la pelota del lado de la protesta, cuyos dirigentes ahora trabajan contra reloj para no ser desbordados por las bases y para evitar que la sociedad se vuelva contra ellos.
Fue raro -pero refrescante- escuchar de la Presidenta: “Les pido humildemente que levanten el paro”.
De cualquier manera, el Gobierno pagará un alto costo por este conflicto que se agravará en el tiempo. Aunque todo termine relativamente bien, la imagen cobarde de Luis D'Elía pegándole a un ciudadano que ejercía su derecho a reclamar quedará grabada como una escena de vergüenza asociada al kirchnerismo patotero, soberbio y violento.
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