lunes, enero 28, 2008

Los políticos y la prensa


El veterano político Antonio Cafiero dijo pocas cosas interesantes y muchas afirmaciones desopilantes. Conviene recordar, antes que nada, que el lugar desde el que lo dice es su resentimiento hacia la prensa. Estos son mis comentarios sobre sus dichos:
Cafiero dijo que los medios de comunicación tienen mucho más poder que los políticos. Así, en frío, ante semejante simplificación, es posible coindicir y disentir a la vez. Es verdad que un diario como Clarín tiene, en determinadas circunstancias, quizá más poder que un ministro. Sin embargo, un político que gobierna tiene el poder de manejar la agenda y de esa manera incorporar información a los medios. Un ejemplo reciente: Macri logró instalar su pelea contra los sindicatos mientras Cristina Fernández descansaba en El Calafate. Lo hizo más allá de los intereses de los medios. Generó hechos y logró instalarlos. Y ningún diario, radio o canal de televisión lo pudo ignorar.
Más adelante Cafiero opinó que los medios cumplen hoy el rol que cumplían los militares en la vida de los argentinos: que manejan situaciones e influyen según sus intereses corporativos o empresarios.
Si lo que quiso decir es que hace muchos años los políticos golpeaban las puertas de los cuarteles y que hoy golpean la de los medios se podría coincidir, porque es la pura verdad.
También es verdad que los medios, y especialmente los grandes multimedios, se mueven primero de acuerdo a su propia lógica de negocios, después de acuerdo a una compleja red de intereses -que incluye desde las amistades de los dueños hasta los acuerdos con las fuentes que suministran la información-, y finalmente de acuerdo a la ideología de los editores. De cualquier manera, ningún medio gráfico o electrónico puede ignorar los hechos. Sí puede minimizarlos como hace a veces Página 12 con las noticias consideradas negativas por este gobierno, o puede forzar la crítica más allá de lo evidente, como hacen a veces Noticias o Perfil.
Pero todos, sin excepción, trabajan sobre los hechos (y los hechos los producen los políticos).
Cafiero sentenció que los medios deberían sólo informar, y no opinar.
Esto si que mueve a risa. En primer lugar, porque sugiere que el monopolio de la opinión lo debería tener la clase política, lo que no merece ni una línea más de discusión. Y en segundo lugar porque parece evidente, a esta altura del desarrollo de los medios, que la propia información de acuerdo a la manera en que sea presentada también incluye una opinión.
Sobre este asunto, considero que la mejor manera de presentar una noticia al lector es escribir la información primero y la opinión después, en espacios bien diferenciados.
Es tan adecuado diferenciar a la información de la opinión como usar los editoriales para mostrar la verdadera ideología del medio. Esto aparece muy claro en La Nación, un diario que informa sobre muchos temas que el gobierno nacional preferiría ocultar. Se trata, sin lugar a dudas, de un medio de derecha que defiende la libertad de mercado, odia a los piqueteros y que jamás se arrepintió de verdad por su complicidad con la dictadura más sangrienta de la historia. Aún así, me parece mucho más sincero y menos vidrioso que otros grandes medios, que se van moviendo según el tipo de relación que mantengan con los gobiernos de turno, incluída, en esa relación, la pauta oficial y los acuerdos para suministrar información exclusiva.
Los medios de comunicación no son catedrales de la verdad pero su principal material son los hechos. Por eso, en términos generales, su poder trasciende al de los presidentes, los ministros y el resto de la clase dirigente.
La gran novedad de los últimos años es que se transformaron en campos de batalla donde se disputa el poder real, y en un instrumento para minimizar o potenciar decisiones políticas.
No hay que ser muy inteligente para entender que Hugo Chávez aprovechó su rol protagónico en la liberación de las rehenes colombianas para neutralizar los golpes de la derrota en el último plebiscito -que incluía la posibilidad de ser reelecto indefinidamente-, y el fracaso del intento de liberarlas sobre el fin de año.
Tampoco hay que ser muy perspicaz para intuir que Néstor Kirchner viajó a la selva colombiana para lograr otros títulos de tapa, y así desplazar al caso de la valija de los 800 mil dólares que ingresó de manera irregular el ahora agente del FBI Antonini Wilson.
En el fondo, los políticos en actividad se la pasan peleando con los medios porque ese es el destino que les toca en la compleja trama del poder.
Antonio Cafiero fue mimado por los diarios, las revistas, la radio y la tele hace muchos años: en 1987, cuando en nombre de la renovación le ganó las internas a lo que en ese momento era considerado lo peor del peronismo. Tuvo otro breve instante de gloria cuando jugó del lado de los buenos y se atrevió a denunciar públicamente las coimas en el Senado.
Antes y después de eso fue criticado- y con razón- con la misma intensidad y a veces también con la misma liviandad que él usa para hablar de los periodistas y los medios.
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