lunes, diciembre 31, 2007

Hasta siempre


Hay pocas cosas en la vida de un periodista que sean tan excitantes y gratificantes como trabajar en un libro. Tuve la fortuna de escribir algunos que todavía son recordados como investigaciones que ilustraron los negocios sucios de una época.

Qué curioso: con un libro, Los Dueños de la Argentina, empezó todo.

El reconocimiento.

Las propuestas para hacer radio y televisión.

La fundación de una productora, para ser más libre y menos dependiente del humor de los burócratas de turno.

Y también empezó el desafío de levantarme todos los días, de lunes a viernes, a las 4 de la madrugada, para conducir la primera mañana en distintas emisoras de FM, hasta que me ofrecieron el gran desafío de trabajar para La Red.

Lo hice durante los últimos dos años con alegría y mucho esfuerzo. Pero hace algunos meses me pasó algo que lo cambió todo de nuevo.

Pasó que empecé a sentir el irresistible deseo de trabajar en otro libro de investigación muy ambicioso.

Pasó que recibí la oferta para hacerlo de parte de la editorial que me apoyó y acompañó desde que escribí mi primer libro.

Pasó que supe, desde el principio, que para hacerlo bien debía poner la misma energía que le puse a Los Dueños de la Argentina hace ya muchos años.

Entre todo este cóctel de opciones profesionales y personales, que incluía la posibilidad de dejar de hacer radio después de 15 años, surgió la propuesta de los que deciden en La Red: seguir en la emisora, pero a la tarde, con el Espíritu Crítico de siempre, pero sin la necesidad de levantarse todos los días a las 4 de la mañana.

Debo decir, con sinceridad, que me han convencido, pero que de todos modos no estoy tan seguro de sobrevivir al libro, la radio de la tarde, Hemisferio Derecho, La Cornisa de los sábados y Tres Poderes de los domingos.

En cambio sí, no tengo dudas, de que voy a empezar a vivir una vida un poco más normal.

Me despertaré a la hora en que se despiertan los humanos, devolveré a mi familia algo del tiempo que le debo, iré al cine y al teatro, aceptaré las invitaciones a cenar con mis amigos, y terminaré las novelas y los ensayos con la lectura de la última página, y no vencido por el sueño.

Sé que con esta decisión perderé a algunos de ustedes.

A algunos de los que nos están escuchando ahora.

A algunos de los que nos escuchan desde siempre.

A algunos de los que se sumaron durante los últimos dos años.

Pero podrían verlo de la siguiente manera: siempre es bueno descansar un poco de alguien que interrumpe a los entrevistados en el medio de una respuesta evasiva.

Y, si no, pueden entender esta decisión como algo pasajero.

Algo que durará el tiempo que demanda la concreción de uno de los sueños más grandes que puede soñar un periodista: el ver su nombre en la tapa de un libro que perdure, aunque sea por un momento, en la memoria de la gente que vive en este país.

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