jueves, noviembre 08, 2007

Hay otra televisión y está buena



* Los capítulos dos y tres de Televisión por la Identidad (Telefe) es de lo mejor que vi por la tele abierta en los últimos meses. Les pedí a mis dos hijos de 14 y 10 años que compartieran conmigo la experiencia de observarlos para después conversar sobre los casos. Fue muy reconfortante y muy enriquecedor. Para ellos, porque les ayudó a comprender un poco más el horror y la crueldad de los años de plomo. Y también para mi, porque volví a experimentar la emoción que sentí el día en que ingresé a la ESMA sin grabador ni libreta de anotaciones, para acompañar a decenas de militantes que volvían a entrar al lugar donde ellos mismos, sus amigos, sus hijos, sus padres y sus hermanos, habían sido torturados o asesinados.

Aquella tarde habló Juan Cabandié “el último aparecido”, el protagonista del capítulo dos, un chico que fue criado por su apropiador, un policía autoritario que terminó siendo rechazado por toda su familia y que fue representado por Carlos Belloso, en un registro distinto de lo que suele hacer, pero igual de impresionante. Cuando la historia terminó, le pregunté a mi hija Victoria si tenía alguna duda. Si necesitaba hablar de algo en particular. Estaba emocionada y movilizada. Indagó sobre los lazos de sangre. Y quedamos en tratar de encontrar juntos una respuesta a una pregunta que todavía no le pude contestar: por qué estos tipos malos eran tan hijos de puta.

El capítulo en el que actuaron Celeste Cid, Valentina Bassi, Juan Palomino y Carlos Moreno fue, a mi entender, el mejor de todos. Condensó todo el horror que implica estar detenida en un campo clandestino con una hija de un año y otro hijo por nacer, el egoísmo de un matrimonio que se apropió de una beba para satisfacer sus necesidades narcisistas y la ternura de un matrimonio de abuelos, capaces de amar más allá del dolor de haber perdido a un hijo.

No creo que valga la pena discutir acá los niveles de audiencia de Televisión por la Identidad. De hecho, el documental de la vida de Germán Abdala que emitió Canal 7 hace poco más de un año, fue tan bien realizado y fue tan impactante como esta serie que puso en el aire Telefé. Pero me alegra saber que quizá muchos, entre las dos millones de personas que vieron este programa semanal, lo hicieron con sus niños, después de comer y antes de acostarse para ir al colegio.

*Columna publicada en la revista Veintitrés.
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