El negocio de la victimización

De todos los políticos que intentaron sacarle provecho o intervinieron de manera desgraciada ante el triple asesinato de los policías, quizá el Presidente haya sido el más inoportuno. Aunque visiblemente dolido, volvió a elegir la imagen de la conspiración contra el Gobierno y el intento de frenar la supuesta transformación, en vez de anunciar que buscarían a los asesinos y que les harían pagar, ante la Justicia, por semejante atrocidad.
Cristina no estuvo mejor y, el mismo día de los asesinatos, proclamó que el ataque era contra la administración Kirchner.
Aunque el crimen produjo una profunda conmoción política, afecta sin lugar a dudas al Presidente, al gobernador Felipe Solá y también al ministro León Arslanian. No resulta descabellado pensar que quizá haya sido motorizado por algunos de los más de dos mil policías que fueron exonerados acusados de robar, de matar y de cometer algunas otras barbaridades, pero ponerse del lado de las víctimas es de bajo vuelo y tarde o temprano la sociedad les pasará la factura.
Que encuentren a los asesinos, que los juzguen, que los condenen y que expliquen por qué hicieron lo que hicieron, incluidas las 56 puñaladas que les aplicaron a dos de los policías que no llegaban a los 30 años.
Todo lo demás, es politiquería barata. Es berreta. Es el colmo de la especulación política. Es mezquino y despreciable.

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