Pastillas para entender (La Argentina)
¿Cuántas argentinas hay? ¿La de las Madres, Abuelas y organizaciones humanitarias que marchan por la aparición con vida de Jorge Julio López o la de los seis millones que casi todas las nochen vibran o miran encadilados a Marcelo Tinelli o Gran Hermano? ¿Quiénes forman nuestra conciencia colectiva, los que no se olvidan que el míércoles 4 de abril asesinaron a Carlos Fuentealba en Neuquén o los que se pasaron el día discutiendo sobre si, además de ser tan parecido, el gol de Lionel Messi contra el Getafe es mejor que el que Diego le hizo a los ingleses en el Mundial de 1986?
¡Vamos Argentina todavía!
Quizá el ser argentino 2007 esté conformado por algunas de todas esas cosas, o por todas esas cosas juntas.
De cualquier manera, es la Argentina ideal para un gobierno que no quiere que se discuta sobre cómo manipula los números del INDEC, sobre el ataque del ministro del Interior a un juez que está investigando corrupción en el corazón del poder kirchnerista ni sobre la salvaje interna entre las fuerzas que lideran Jorge Telerman y Daniel Filmus, para citar tres casos evidentes.
La falsa prosperidad
Percibo en el aire un clima parecido al que se vivía en el apogeo de la convertibilidad.
Recuerdo que en el medio del deme dos, mientras trabajaba en Radio Continental, critiqué el hecho de que el presidente Carlos Menem hubiera pasado con su Ferrari a más de 200 kilímetros por hora por un peaje de la ruta dos.
El falso clima de fiesta y prosperidad era tanto, que muchos oyentes me acusaron de ocuparme de nimiedades.
Igual que ahora, algunos pocos advertíamos pequeñas señales de alarma en la economía, un evidente avasallamiento del poder de turno sobre jueces, legisladores y la oposición en general, y una cierta fascinación acrítica por parte de una buena parte de la sociedad.
Como si nada pudiera enturbiar el clima de bienestar del argentino consumidor promedio.
Así nos fue.
Percibo en el aire un clima parecido al que se vivía en el apogeo de la convertibilidad.
Recuerdo que en el medio del deme dos, mientras trabajaba en Radio Continental, critiqué el hecho de que el presidente Carlos Menem hubiera pasado con su Ferrari a más de 200 kilímetros por hora por un peaje de la ruta dos.
El falso clima de fiesta y prosperidad era tanto, que muchos oyentes me acusaron de ocuparme de nimiedades.
Igual que ahora, algunos pocos advertíamos pequeñas señales de alarma en la economía, un evidente avasallamiento del poder de turno sobre jueces, legisladores y la oposición en general, y una cierta fascinación acrítica por parte de una buena parte de la sociedad.
Como si nada pudiera enturbiar el clima de bienestar del argentino consumidor promedio.
Así nos fue.

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