Nada será igual
Nada será igual para la Argentina (para la educación en la Argentina) después del brutal asesinato del profesor Carlos Fuentealba.
Nada será igual, por supuesto, para su esposa, Sandra Rodríguez, ni para sus dos hijos.
Pero tampoco nada debería ser igual para Jorge Sobisch, quien, en mi opinión, debería ser sometido a un juicio político (más allá de las responsabilidades penales) para aclarar, entre otras cosas, cómo pudo permitir que para su policía trabajara un hombre condenado dos veces por torturas, por vejaciones, y por amenazar a su esposa.
Pero tampoco nada debería ser igual para el Presidente, quien, en vez de gastar su tiempo peleando contra periodistas y medios, debería asumir que la muerte de Carlos y el grave problema de la educación, es una cuestión nacional de la que él es responsable.
Y tampoco debería ser igual para el Presidente porque en Santa Cruz, su provincia, hay gendarmes que se meten en las escuelas para asustar a docentes, a los que el mismo jefe de Estado llamó “extorsionadores”.
Nada será igual en el país porque acaban de asesinar un maestro. Y cuando se mata un maestro se atenta contra el futuro.
Contra la educación.
Es como si hubieran matado a tu hijo y al mío.
Y si algunos miserables que están demasiado pendientes de los votos pretenden que todo siga igual, nosotros, como sociedad, no deberíamos dejarlos.
No se lo deberíamos permitir.
Por la memoria de Carlos.
Para que no haya muerto en vano.

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