sábado, abril 21, 2007

Las dos caras del Presidente



Acabo de escuchar a Ernesto Tenembaum y Alfredo Zaiat en Cheque en blanco. Ernesto presenta una hipótesis político-psicológica interesante. Dice que en la vida nadie es demasiado bueno ni malo y que excepto algunos animales y otros seres ejemplares, todos somos un un tanto grises y polifacéticos. También el presidente Néstor Kirchner.

Aguante Felisa
Lo dice en relación al nuevo nombramiento en el INDEC de Alejandro Barrios, lo que implicaría un avance de la ministra Felisa Miceli y un retroceso del brutal Guillermo Moreno. Ernesto sugiere que Miceli, con mucha inteligencia y cintura, habría terminado de hacer entender a Kirchner que los métodos de Moreno lo llevarían al fracaso, y que habría que acercarse a los técnicos y trabajadores del INDEC para volver a manejar el asunto, recuperar el prestigio de las estadísticas oficiales y dejar de pagar costos políticos.
-Parece que Felisa convenció al Presidente, ciertamente alguien muy difícil de convencer.

El bueno y el malo
Ernesto sugiere que este último Kirchner es el bueno, y que el que banca el diario de su amigo Rudy Ulloa en Santa Cruz es el malo. Pero Alfredo agrega:
- El nuevo nombramiento en el INDEC demuestra que Kirchner no es bueno ni malo. Es bilardista. Resultadista.
Comparto la mirada de Alfredo.
Y agrego que es sólo un bilardista. Con pocos escrúpulos. Sin ideología. O con ideología del poder.

Memoria brutal
La foto de Kirchner con Carlos Menem y su afirmación de que se estaba ante el mejor presidente de la historia, sus alianzas espurias y oportunistas con decenas de intendentes corruptos del conurbano bonaerense, y su reciente abrazo para la foto con Jorge Telerman en el acto de conmemoración del Holocausto son pruebas contundentes de su estómago de acero.
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