Los dilemas de Cristina candidata
Por Luis Majul para revista Newsweek
A pesar de que el Presidente se encargó de agitar la idea una y otra vez, es difícil creer que Néstor Kirchner bendiga la candidatura presidencial de su esposa y se vaya muy tranquilo a su casa. No se trata de prejuicio machista. Ni siquiera de discutir los méritos de una legisladora que jamás administró ni gestionó ni una ciudad ni una provincia. La desconfianza tiene por lo menos dos tipos explicaciones. Una, política. La otra, personal.
La explicación política presenta como protagonista exclusivo a Néstor Kirchner, un hombre que se pasó gobernando la última mitad de su vida y tiene la posibilidad cierta, por no decir asegurada, de seguir gobernando durante cuatro años más. ¿Alguien que lo conozca aunque sea un poco puede imaginar a Kirchner, quien se preparó desde hace mucho tiempo para ser Presidente, haciendo de Primer Esposo? Nadie que haya seguido con detenimiento sus conductas políticas de los últimos años puede tragarse el cuento blanco de un Kirchner alejado o por encima de las grandes decisiones nacionales. Desde la primera crisis del gobierno de De la Rúa se transformó en la voz cantante de los gobernadores que se reunían en el Consejo Federal de Inversiones. Y más de una vez se colocó por encima de sus pares e impuso su punto de vista con el objeto de lograr más dinero de la Nación para las provincias más chicas. Es más: cuando Eduardo Duhalde, antes de asumir la presidencia, le ofreció la jefatura de gabinete, no solamente le respondió que no. También comentó a la poca gente que lo seguía, que la jefatura de gabinete de un gobierno de crisis era demasiado poco para un gobernador de una provincia petrolera y que, además, era presidenciable.
La reforma de la Constitución que logró en Santa Cruz para facilitar su reelección indefinida es una prueba contundente que define su personalidad política y su deseo personal.
También la argumentación oficial que explica por qué no se presentará resulta endeble. Esta sostiene que:
· El Presidente está cansado y que pretende irse como Ricardo Lagos en Chile, con el 70 por ciento de imagen positiva.
· No quiere enfrentarse al minuto fatal en que la gente que hoy lo apoya le empiece a dar la espalda y los adversarios a los que lastimó lo empiecen a atacar de manera despiadada.
· Que el crecimiento económico no tendrá la misma intensidad ni el mismo ritmo del período 2003-2007.
¿El Presidente está cansado de ejercer el poder? Si esto es verdad, podría ser considerado un excelente actor, porque no se le nota. Al contrario, da la sensación que el ejercicio del poder lo tonifica y lo rejuvenece. Si se va ahora, ¿será aplaudido como Lagos? Probablemente sí. Pero Kirchner, un gran analista de los tiempos, sabe que se trata sólo de una foto y nada más. Es decir: que podrá ser recordado u olvidado de acuerdo a los caprichos de la historia.
¿Kirchner le teme al minuto fatal en que la gente le empiece a dar la espalda y la caída de la economía comience a licuar su poder? Hace bien, porque es lógico, pero no hay razón para que no le pase lo mismo a Cristina (y que además los argentinos lo responsabilicen también a él por carácter transitivo). La argumentación política para lanzar a Cristina afirma que:
· Es la dirigente con más intención de voto para enfrentar a la oposición y que según las encuestas, hoy la ganaría en primera vuelta a Mauricio Macri, Roberto Lavagna y Elisa Carrió.
· Aunque no haya gestionado se pasó la vida al lado de un hombre que sí lo hizo.
· Hoy el mundo está más preparado para recibir con madurez a una mujer Presidente, citan a Michelle Bachelet, a Hillary Clinton y a Ségolène Royal como casos emblemáticos.
· Entonces sí, Néstor Kirchner, más descansado, y con su imagen intacta, podrá volver a presentarse en 2011, y empezar todo de nuevo, pero todavía mejor.
¿Hoy Cristina ganaría en primera vuelta? El papelón que hicieron la mayoría de los encuestadores en Misiones (encuestadores que fueron pagados por el Estado nacional) hace que esta hipótesis sea por lo menos riesgosa. Además, en el mismo instante en que se oficializara su candidatura, todo el mapa político se movería de nuevo, y el terreno no aparecería tan seguro como lo siente el Presidente ahora mismo.
¿Puede Cristina ser una buena Presidente? Nadie con un mínimo de seriedad lo puede asegurar. Así como la buena imagen no es transferible automáticamente (Kirchner pidió que votaran a favor del gobernador Carlos Rovira y los misioneros no le hicieron caso) la buena administración no es hereditaria. Y, aunque es verdad que la senadora tiene años de militancia, personalidad, coraje para confrontar y un carácter tan fuerte como el jefe de Estado, todavía le falta probar si posee la paciencia y el consenso mínimo para transformar sus deseos en realidad.
La explicación personal que hace no tan segura la anunciada maniobra de jugar a la dama es la relación de pareja que parecen tener el Presidente y la senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. Lo primero que hay que desmentir, para que nadie se confunda, es la delirante idea de que “ella lo maneja a él”, como se publicó sin lógica ni sustento. Y lo segundo es que, aunque ambos se cuidan mucho de mostrar el tipo de trato real que mantienen en público, se puede afirmar que Néstor es el jefe político de Cristina, y que esto es así hace más de treinta años.
Si esto no es más que una maniobra de distracción o de posicionamiento futuro de la senadora, si no se trata sólo de política virtual frente a una oposición desarticulada, inmadura y débil, si Cristina se transforma de verdad en la candidata, se podría entonces considerar al Presidente como un político audaz, moderno, flexible y sorprendente.
La reforma de la Constitución que logró en Santa Cruz para facilitar su reelección indefinida es una prueba contundente que define su personalidad política y su deseo personal.
También la argumentación oficial que explica por qué no se presentará resulta endeble. Esta sostiene que:
· El Presidente está cansado y que pretende irse como Ricardo Lagos en Chile, con el 70 por ciento de imagen positiva.
· No quiere enfrentarse al minuto fatal en que la gente que hoy lo apoya le empiece a dar la espalda y los adversarios a los que lastimó lo empiecen a atacar de manera despiadada.
· Que el crecimiento económico no tendrá la misma intensidad ni el mismo ritmo del período 2003-2007.
¿El Presidente está cansado de ejercer el poder? Si esto es verdad, podría ser considerado un excelente actor, porque no se le nota. Al contrario, da la sensación que el ejercicio del poder lo tonifica y lo rejuvenece. Si se va ahora, ¿será aplaudido como Lagos? Probablemente sí. Pero Kirchner, un gran analista de los tiempos, sabe que se trata sólo de una foto y nada más. Es decir: que podrá ser recordado u olvidado de acuerdo a los caprichos de la historia.
¿Kirchner le teme al minuto fatal en que la gente le empiece a dar la espalda y la caída de la economía comience a licuar su poder? Hace bien, porque es lógico, pero no hay razón para que no le pase lo mismo a Cristina (y que además los argentinos lo responsabilicen también a él por carácter transitivo). La argumentación política para lanzar a Cristina afirma que:
· Es la dirigente con más intención de voto para enfrentar a la oposición y que según las encuestas, hoy la ganaría en primera vuelta a Mauricio Macri, Roberto Lavagna y Elisa Carrió.
· Aunque no haya gestionado se pasó la vida al lado de un hombre que sí lo hizo.
· Hoy el mundo está más preparado para recibir con madurez a una mujer Presidente, citan a Michelle Bachelet, a Hillary Clinton y a Ségolène Royal como casos emblemáticos.
· Entonces sí, Néstor Kirchner, más descansado, y con su imagen intacta, podrá volver a presentarse en 2011, y empezar todo de nuevo, pero todavía mejor.
¿Hoy Cristina ganaría en primera vuelta? El papelón que hicieron la mayoría de los encuestadores en Misiones (encuestadores que fueron pagados por el Estado nacional) hace que esta hipótesis sea por lo menos riesgosa. Además, en el mismo instante en que se oficializara su candidatura, todo el mapa político se movería de nuevo, y el terreno no aparecería tan seguro como lo siente el Presidente ahora mismo.
¿Puede Cristina ser una buena Presidente? Nadie con un mínimo de seriedad lo puede asegurar. Así como la buena imagen no es transferible automáticamente (Kirchner pidió que votaran a favor del gobernador Carlos Rovira y los misioneros no le hicieron caso) la buena administración no es hereditaria. Y, aunque es verdad que la senadora tiene años de militancia, personalidad, coraje para confrontar y un carácter tan fuerte como el jefe de Estado, todavía le falta probar si posee la paciencia y el consenso mínimo para transformar sus deseos en realidad.
La explicación personal que hace no tan segura la anunciada maniobra de jugar a la dama es la relación de pareja que parecen tener el Presidente y la senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. Lo primero que hay que desmentir, para que nadie se confunda, es la delirante idea de que “ella lo maneja a él”, como se publicó sin lógica ni sustento. Y lo segundo es que, aunque ambos se cuidan mucho de mostrar el tipo de trato real que mantienen en público, se puede afirmar que Néstor es el jefe político de Cristina, y que esto es así hace más de treinta años.
Si esto no es más que una maniobra de distracción o de posicionamiento futuro de la senadora, si no se trata sólo de política virtual frente a una oposición desarticulada, inmadura y débil, si Cristina se transforma de verdad en la candidata, se podría entonces considerar al Presidente como un político audaz, moderno, flexible y sorprendente.


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