jueves, febrero 22, 2007

Ni un pelo de zonzo




Especial para Newsweek
El pelado afrancesado no tiene un pelo de zonzo. Con una sola movida -el anuncio anticipado de las fechas de elecciones para el próximo tres de junio-, Jorge Telerman puso el mapa político patas para arriba y sacudió a varios pájaros con un solo tiro.
Un pájaro carpintero y de mal agüero le venía repiqueteando en su cabeza rapada desde que la legisladora ex macrista y ahora kirchnerista, Sandra Bergenfeld, lo denunció por usurpación del título de licenciado y Aníbal Ibarra invitó a los porteños a pensar: “¿Puede gobernar una ciudad un hombre que no dice la verdad y se presenta como alguien que no es?”
Telerman no necesitó de ningún asesor para darse cuenta que ese dato se podía convertir en un escándalo mayúsculo, con suficiente potencia como para quitarle decenas de miles de votos. “Dio la conferencia el sábado, entre gallos y media noche, para tapar una noticia con otra”, interpretó ante Newsweek, por teléfono, un hombre muy cercano al Presidente que lo tiene entre ceja y ceja.
“Anuncié la fecha de elecciones antes de marzo, porque estoy podrido de las chicanas y las operaciones sucias”, me dijo Telerman el domingo al mediodía, y el lunes lo repitió con más elegancia en Espíritu Crítico, desde su asiento 6 “C” del avión que sobrevolaba el cielo de Italia para llevarlo hasta la ciudad de Tel Aviv.
“No puedo pensar que el incendio intencional en Villa Soldati haya sido maquinado por algún político que no me quiere como candidato”, ironizó al final para explicar las razones profundas de su convocatoria anticipada. (Hasta dos de los editorialistas más leídos, Eduardo van der Kooy y Joaquín Morales Solá, fueron tomados por sorpresa. Como suelen cerrar los viernes, en sus comentarios del domingo no publicaron una sola línea sobre la movida del jefe de Gobierno de la Ciudad).
El otro pájaro al que Telerman obligó a salir de su jaula de supuesta vacilación, se llama Mauricio Macri.
La verdad es que Macri nunca dudó de su deseo de competir y ganar en Capital. La novedad, en todo caso, es que el alcalde le anticipó los tiempos y lo obligó a tomar la decisión, que en unos pocos días hará pública.
¿Por qué no lo comunicó antes?
Porque durante un tiempo se dejó seducir por el canto de sirena de los macristas que le endulzaban los oídos vaticinándole el mejor de los mundos como jefe de la oposición.
Y también porque los que lo empujaban hacia una candidatura presidencial, le inculcaban todo los días una pequeña dosis de pánico con la siguiente frase hecha:
- Si perdés de nuevo en la ciudad, es el fin de tu vida política.
¿Qué fue lo que terminó de decidir?
No fueron ni las encuestas de Julio Aurelio ni las especulaciones de su asesor Durán Barba; ni las presiones de la interna de PRO ni la soberbia inconmovible de Roberto Lavagna; ni las pretensiones de Horacio Rodríguez Larreta ni las demandas de Ricardo López Murphy.
Lo que lo terminó de decidir fue el consejo de un amigo que lo conoce hace muchos años y lo quiere más allá de los negocios y la política. Un amigo que camina la calle más que cualquiera de los aduladores que hoy rodean al presidente de Boca Juniors.
Vale la pena reconstruir algunas de las cosas que le dijo en su oficina del segundo piso de Alsina al 1300.
“Mauricio, ¿cuándo vas a dejar de esperar que la realidad te lleve como una ola? ¿Cuándo vas a empezar a respetar tu deseo? ¿Cuándo vas a de decidir de acuerdo a lo que sentís, más allá de que ganes o pierdas? ¿Por qué no dejás de comportarte como un indeciso y mostrás tu verdadera voluntad, que es gobernar la Ciudad?”
Macri lo escuchó en silencio. Al principio lo notó tan embalado que no se atrevió a interrumpirlo. Y entonces le prestó atención con una humildad que no suele mostrar todos los días.
“¿Cuánto tiempo vas a esperar? ¿Querés que la gente te empiece a percibir como alguien dubitativo, especulador y miedoso? ¿Querés que tus adversarios te empiecen a comparar con Fernando De la Rúa?”
Macri quiso oponer, con cierta timidez, el argumento de cuánto lo afectaría una nueva derrota. Y balbuceó algo así como que el país necesita que alguien ponga freno a un Presidente tan autoritario y desequilibrado como Néstor Kirchner. El ingeniero también manifestó su temor de que, una vez anunciado su destino, “la gran prensa” lo empezará a ignorar, por haberse develado el misterio. Pero su amigo no se detuvo.
“Primero, hoy tenés más posibilidades de ganar que de perder. Segundo, perder no va a ser la muerte de nadie, y quizá hasta te sirva para madurar de verdad, como le pasó a Lula Da Silva, un hombre cansado de perder elecciones, una detrás de la otra. Y tercero: cuando pierdas frente a Néstor y a Cristina, más allá de tu familia, nadie te va a felicitar por transformarte en el jefe de una oposición derrotada. Lo del comportamiento de la prensa no te lo respondo porque, sinceramente, me parece una tontería”.
No era que Mauricio no lo supiera. Necesitaba que alguien se lo dijera, y a partir de esa conversación, se sintió más seguro y aliviado.
El otro pájaro que quedó malherido es Daniel Filmus, y ni siquiera el apoyo explícito del presidente Kirchner y el obsesivo trabajo del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, pudieron, hasta ahora, dar vuelta la sensación de que el ministro corre a Telerman de atrás, y que su corrección política y su buena gestión no alcanzan, todavía, para hacerle sombra.
Telerman no será licenciado en Ciencias de la Comunicación, y si efectivamente usurpó el título, tendrá que responder ante quien corresponda. Pero nadie puede negar que el jefe de Gobierno se recibiera, definitivamente, de licenciado en peronismo.
Pragmático, audaz, amante del poder y sin demasiados escrúpulos, fue subestimado por sus adversarios. Transformó el mote de afrancesado en algo positivo, y se lanzó a cazar votos con alegría, desparpajo y un toque de demagogia que ni Macri ni Filmus son capaces de actuar.
En plenas vacaciones, en un parador de Cariló, entre los baldecitos de juguetes de los chicos y los jefes de familia que los observaban divertidos, una mujer le pidió que mandaran a podar al árbol de su casa. Entonces Telerman tomó su celular, llamó a la secretaria de Estado responsable del área y le pidió que lo hiciera cuanto antes. También le dejó su correo personal, y le pidió a la ciudadana que le escribiera si su reclamo no era satisfecho. La despidió con un beso, que ella jamás olvidará.
A la semana siguiente, la señora, con su bendito árbol podado, juró que votaría a Telerman, “porque es el único que cumple con lo que promete”.
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