Hipercritico.com
En los próximos días se lanzará en Internet Hipercrítico.com, un sitio destinado a analizar a los críticos, comentaristas y analistas de la política; el deporte en general y el fútbol en particular; la televisión, el cine, la literatura, los medios y los periodistas (sí, también en general y en particular) .
Más adelante informaremos en detalle, pero esta es una muestra de una crítica semanal. Quiero compartirla con ustedes porque siento que revela el tono, la intención y los objetivos que tenemos los que vamos a hacer Hipercrítico.com. (Dicho sea de paso, el staff completo, junto con nuestra Declaración de Principios, será presentado en los próximos días).
Espero que les resulte útil y también interesante.
Majul analiza la última columna de Mariano Grondona en La Nación
El gran simulador
Más adelante informaremos en detalle, pero esta es una muestra de una crítica semanal. Quiero compartirla con ustedes porque siento que revela el tono, la intención y los objetivos que tenemos los que vamos a hacer Hipercrítico.com. (Dicho sea de paso, el staff completo, junto con nuestra Declaración de Principios, será presentado en los próximos días).
Espero que les resulte útil y también interesante.
Majul analiza la última columna de Mariano Grondona en La Nación
El gran simulador
En el último editorial que escribió para La Nación, Mariano Grondona puso en evidencia su antikirchnerismo recalcitrante. También su rencor contra el Presidente y su manera de gobernar. Mariano intenta ser suave, diplomático y sutil, pero su resentimiento es más fuerte y al final queda impreso en el papel, por más que intente disimularlo.
El periodista vivo que más golpes de Estado apoyó, eligió como tema de su comentario la gravísima manipulación que hizo el gobierno de las estadísticas del INDEC con el objetivo de mentir a la opinión pública para hacerle creer que la inflación mensual era del 1.2 por ciento, cuando en realidad habría superado el 2.5 por ciento (*).
Igual que durante mayo de 2003, cuando hizo una larga parábola en la que incluyó a Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre sólo para pedir a los televidentes que votaran a Carlos Menem y no cometieran el error de hacerlo por Kirchner, el profesor colocó al Presidente en la vitrina de “políticos del montón, que sólo aspiran a manejarse con astucia en el mundo de las apariencias, para despertar la ovación de la tribuna”.
No es que Grondona no tenga derecho a criticar a uno de los jefes de Estado que más ataca, presiona y menosprecia a los periodistas críticos. Tampoco parece desacertada la idea de advertir a la sociedad que debe tener los ojos bien abiertos y evitar ser engañada, como sucedió durante la convertibilidad. Pero sus argumentos pierden autoridad al recordar que él mismo apoyó la ficticia estabilidad de Domingo Cavallo durante el menemismo y de manera evidente. Al escriba se le vuelve a notar su rencor político cuando ya, hacia el final, pregunta: “¿Quién votará de aquí hasta octubre contra los que alimentan este optimismo desde el gobierno?”, como lo harían Mauricio Macri o Elisa Carrió en tono de campaña.
De la misma manera en que quedó patente su evidente apoyo a la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet, cuando sentenció, el año pasado, que el carnicero de Chile lo decepcionó sólo después de que se enteró que tenía una fortuna malhabida en Suiza –como si no importara que hubiese mandando a matar y secuestrar a niños, estudiantes y miles de personas-, a Grondona se le nota demasiado su animosidad ideológica contra un Presidente al que más de una vez presentó como un importante cuadro montonero, cuando todo el mundo sabe que durante la dictadura Kirchner no tuvo una participación política trascendental.
Mariano tituló su comentario El combate entre las apariencias y la realidad. Citó, como siempre, un par de veces a Nicolás Maquiavelo. También recordó a César Borgia como uno de los grandes simuladores de la historia (otra manera rebuscada de opinar, en vez de decir, sin tanta vuelta, que el Presidente y Guillermo Moreno mienten).
Con sólo cerrar los ojos e imaginarse a Grondona leyendo su editorial con esos modos suaves y aparentemente inofensivos, cualquiera podría hacerse una idea bastante aproximada de cómo se esfuerza el analista para simular su parcialidad y su odio contra el objeto de su análisis.
Es obvio que no tiene éxito: la máscara que se pone no alcanza para taparlo.
*No hay dudas que la intromisión política al INDEC y los datos mentirosos que se difundieron son tan graves como la falsa acusación de ladrón que hicieron contra el candidato del ARI, Enrique Olivera. Campaña que protagonizó el propio Presidente, quien puso en duda la honestidad de Olivera a horas del cierre de los comicios de 2006 en la ciudad de Buenos Aires. Esa mañana Kirchner ensució al ex radical frente a Oscar González Oro y Marcelo Longobardi, en Radio 10.
El periodista vivo que más golpes de Estado apoyó, eligió como tema de su comentario la gravísima manipulación que hizo el gobierno de las estadísticas del INDEC con el objetivo de mentir a la opinión pública para hacerle creer que la inflación mensual era del 1.2 por ciento, cuando en realidad habría superado el 2.5 por ciento (*).
Igual que durante mayo de 2003, cuando hizo una larga parábola en la que incluyó a Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre sólo para pedir a los televidentes que votaran a Carlos Menem y no cometieran el error de hacerlo por Kirchner, el profesor colocó al Presidente en la vitrina de “políticos del montón, que sólo aspiran a manejarse con astucia en el mundo de las apariencias, para despertar la ovación de la tribuna”.
No es que Grondona no tenga derecho a criticar a uno de los jefes de Estado que más ataca, presiona y menosprecia a los periodistas críticos. Tampoco parece desacertada la idea de advertir a la sociedad que debe tener los ojos bien abiertos y evitar ser engañada, como sucedió durante la convertibilidad. Pero sus argumentos pierden autoridad al recordar que él mismo apoyó la ficticia estabilidad de Domingo Cavallo durante el menemismo y de manera evidente. Al escriba se le vuelve a notar su rencor político cuando ya, hacia el final, pregunta: “¿Quién votará de aquí hasta octubre contra los que alimentan este optimismo desde el gobierno?”, como lo harían Mauricio Macri o Elisa Carrió en tono de campaña.
De la misma manera en que quedó patente su evidente apoyo a la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet, cuando sentenció, el año pasado, que el carnicero de Chile lo decepcionó sólo después de que se enteró que tenía una fortuna malhabida en Suiza –como si no importara que hubiese mandando a matar y secuestrar a niños, estudiantes y miles de personas-, a Grondona se le nota demasiado su animosidad ideológica contra un Presidente al que más de una vez presentó como un importante cuadro montonero, cuando todo el mundo sabe que durante la dictadura Kirchner no tuvo una participación política trascendental.
Mariano tituló su comentario El combate entre las apariencias y la realidad. Citó, como siempre, un par de veces a Nicolás Maquiavelo. También recordó a César Borgia como uno de los grandes simuladores de la historia (otra manera rebuscada de opinar, en vez de decir, sin tanta vuelta, que el Presidente y Guillermo Moreno mienten).
Con sólo cerrar los ojos e imaginarse a Grondona leyendo su editorial con esos modos suaves y aparentemente inofensivos, cualquiera podría hacerse una idea bastante aproximada de cómo se esfuerza el analista para simular su parcialidad y su odio contra el objeto de su análisis.
Es obvio que no tiene éxito: la máscara que se pone no alcanza para taparlo.
*No hay dudas que la intromisión política al INDEC y los datos mentirosos que se difundieron son tan graves como la falsa acusación de ladrón que hicieron contra el candidato del ARI, Enrique Olivera. Campaña que protagonizó el propio Presidente, quien puso en duda la honestidad de Olivera a horas del cierre de los comicios de 2006 en la ciudad de Buenos Aires. Esa mañana Kirchner ensució al ex radical frente a Oscar González Oro y Marcelo Longobardi, en Radio 10.

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