domingo, noviembre 26, 2006

Un viaje por el alma


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El próximo viernes 1 de diciembre, con el sello de Editorial Sudamericana, llegará a todas las librerías del país Confesiones Argentinas (Un viaje por el alma de las personas que admiro).
Confesiones argentinas es el libro con las entrevistas de Hemisferio Derecho, el programa que ya lleva dos temporadas en Canal á.
Por qué
Confesiones argentinas nació, igual que el programa, de un impulso vital y egoísta: volver a hacer cosas gratificantes, por encima de la "locura" de la actualidad y la brutal exposición de la televisión abierta.
El Perro y Jorge
Confesiones argentinas no serían lo mismo sin Horacio Verbitsky y Jorge Fernández Díaz.
El Perro tuvo la generosidad de prestarme el título de su libro Hemisferio Derecho, un trabajo en el que habla de su padre, de una película, de la infelicidad y la felicidad. Es necesario decir que el hemisferio derecho es la parte del cerebro que contiene las emociones, la creatividad y la mirada abarcadora, por encima de los detalles.
Jorge es, además de un amigo, secretario de redacción de La Nación y autor de Mamá y de Fernández, dos novelas exquisitas que recomiendo cada vez que puedo.
Durante un emotivo almuerzo, Jorge me dio la idea de hacer Hemisferio Derecho (DH) después de detectar mi intoxicación de noticias de último momento.
-Te va a hacer bien al alma- me dijo antes de despedirnos.
Ni oportunismo ni casualidad
Que los extensos y relajados diálogos de HD se convirtieran en Confesiones Argentinas no es producto ni del oportunismo ni de la casualidad.
Confesiones fue pensado como libro desde el primer programa, cuando sentí que los testimonios merecían ser registrados en algo menos perecedero que una cinta de video.
Estela y Horacio
Lo percibí enseguida con Estela de Carlotto, la mujer a la que considero uno de los referentes humanos más cercanos, cuando la fluidez del diálogo nos transportó a un lugar donde las cámaras parecían invisibles. Y también lo noté con Horacio Verbitsky, cuando confesó que había muerto y era feliz, en un arranque de humanidad que no suele mostrar ni de entrecasa.
Gastón y China
Lo volví a sentir con Gastón Pauls, en el instante en que soltó que llegó a revolcarse por el piso buscando un par de gramos de cocaína, o con China Zorrilla, cuando aceptó contar su vida desde el principio hasta el final, como si fuera una película
Menotti y Migré
Y también se hizo evidente con César Luis Menotti, cuando de repente se puso a hablar de amor, más allá del suyo por el fútbol, y con Alberto Migré, días antes de morir, cuando accedió al juego de pensar una nueva telenovela para la televisión de hoy.
Fontanarrosa y Dolina
Fue un momento único el que pasé con el Negro Roberto Fontanarrosa, cuando incorporó a la charla, sin que se lo preguntara, lo preocupado que lo tiene una extraña enfermedad que le impide mover un brazo, pero que no le hace perder ni la sensibilidad ni el sentido del humor. Y también pareció único el diálog ocon Alejandro Dolina, quien desplegó todo su ingenio y su sensibilidad en una tarde en la que estaba particularmente inspirado y conmovido.
Víctor Hugo y Paenza
Y fue una charla deliciosa la que mantuvimos con Víctor Hugo Morales, porque recorrimos su vida y su carrera siempre al borde de la emoción, y lo mismo pasó con Adrián Paenza, porque tuvimos el tiempo suficiente para comprender porqué ama las matemáticas y porqué se puede ser científico, sensible y delirar por la comida chatarra sin ninguna contradicción.
Maitena y Rep
Con Maitena nos divertimos y nos emocionamos como dos viejos y buenos amigos, y con mi amigo del alma Miguelito Rep, Tauro y Búfalo, con quien compartimos momentos inolvidables, recordamos asuntos convenientes e inconvenientes pero que valían la pena ser rescatados.
Grandinetti y Gieco
Con León Gieco, un hombre que no transa con el poder, recorrimos su vida y puso sobre la mesa su ideología y su coraje. Con Darío Grandinetti, nos relajamos tanto, que nos tomamos un termo entero de mate, como si no hubiésemos estado frente a una cámara.
Mancera y Balá
Además me sorprendí, como si lo hubiera escuchado por primera vez, cuando releí las declaraciones de Nicolás Pipo Mancera en la primera nota que concedió después de cinco años, en lo que constituyó una clase abierta sobre la televisión, el periodismo, la fama y los críticos.
Con Carlitos Balá pasó algo curioso. De repente me metió dentro de su show, como si nunca hubiera dejado de hacerlo.
Algo más que un programa
Confesiones argentinas mantiene intacto el espíritu de Hemisferio Derecho, pero contiene, además, el detrás de la escena de cada una de las notas, ciertos momentos que ni aparecieron en pantalla y las anotaciones personales que consideré necesarias para dar a los reportajes el relieve que se merecen.
Por cualquier parte
Confesiones argentinas es un libro que se puede empezar a leer por cualquier parte, o desde el personaje que más le interese al lector. Pero no sería honesto si no lo advirtiera: detrás de la mayoría de las entrevistas hay algo más que la preferencia por uno o por otro.
Por placer y por necesidad
Mis amigos dicen que soy un tipo afortunado, porque la mayoría de las cosas que hice en la vida fueron por placer. Pero Confesiones Argentinas, el hijo deseado de Hemisferio Derecho, fue también por necesidad. La necesidad de escuchar más, de aprender, de comprender y de disfrutar, en medio de tanto ruido.
Espero que lo disfruten de la misma manera.
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