Para matarte de risa
El sábado pasado, 11 de noviembre, fui desde mi casa hasta La Trinidad para practicarme una tomografía computada, con el objeto de confirmar si se había pegado el huesito del hombro que se me quebró jugando al fútbol hace un mes. (El huesito se llama glena y molesta como si fuera una fractura de costilla).
En bicicleta y con gorrita
Viajé en bicicleta, y me vestí para la ocasión: pantaloncitos de carrera, una remera deportiva, zapatillas y una gorrita muy simpática, regalo de mi hijo.
Ingresé por la puerta de la clínica a las 12 y media del mediodía. Antes de entrar, alguien me gritó: "¡Majulito!", como me suelen llamar los oyentes de Espíritu Crítico. No esperó que le devolviera el saludo: me gatilló con su pequeña cámara de fotos, sin decir agua va.
La foto de un hombre común haciendo las cosas que hace cualquiera fue a parar desde la calle Cerviño hasta la página 4 del suplemento de Espectáculos del diario Clarín.
Colegas simpáticos
Como la mayoría de las veces, mis colegas me trataron muy bien, y con suma simpatía. Es más: hoy, en la radio, nos reímos veinte minutos de mi aspecto pseudoatlético, tan lejano al tipo que se ve todos los domingos en La Cornisa.
Sólo para que se sepa: en un país serio, el que me tomó la foto y quien la publicó sin autorización, todavía estarían declarando en un juicio millonario.
En bicicleta y con gorrita
Viajé en bicicleta, y me vestí para la ocasión: pantaloncitos de carrera, una remera deportiva, zapatillas y una gorrita muy simpática, regalo de mi hijo.
Ingresé por la puerta de la clínica a las 12 y media del mediodía. Antes de entrar, alguien me gritó: "¡Majulito!", como me suelen llamar los oyentes de Espíritu Crítico. No esperó que le devolviera el saludo: me gatilló con su pequeña cámara de fotos, sin decir agua va.
La foto de un hombre común haciendo las cosas que hace cualquiera fue a parar desde la calle Cerviño hasta la página 4 del suplemento de Espectáculos del diario Clarín.
Colegas simpáticos
Como la mayoría de las veces, mis colegas me trataron muy bien, y con suma simpatía. Es más: hoy, en la radio, nos reímos veinte minutos de mi aspecto pseudoatlético, tan lejano al tipo que se ve todos los domingos en La Cornisa.
Sólo para que se sepa: en un país serio, el que me tomó la foto y quien la publicó sin autorización, todavía estarían declarando en un juicio millonario.


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