La metamorfosis de K

Los analistas políticos tradicionales no dejan de preguntarse si la metamorfosis del presidente Néstor Kirchner, después de la paliza de Misiones, es sincera o hipócrita. La pregunta es: ¿de verdad es importante saberlo?
El Presidente no se volverá bueno de repente, ni propondrá una mesa de diálogo con la oposición, ni concederá entrevistas a periodistas críticos, ni distribuirá la publicidad oficial de manera equitativa de la noche a la mañana.
El Presidente les pidió a Fellner y a Solá que no forzaran sus respectivas reelecciones, pero no porque estuviese convencido. Alentó junto a Cristina Fernández de Kirchner la dismunición de miembros de la Corte, pero no porque sintiera de pronto que la independencia de la justicia es lo mejor que le puede pasar al país. Todo lo que hizo desde entonces lo hizo por su fabuloso instinto de supervivencia política, y no porque se haya vuelto un ángel en el medio del infierno de la lucha por el poder.
Pero no importa tanto si es sincero.
Importa que la prensa, la oposición, la justicia y todas las organizaciones responsables de contener los abusos de poder, nos mantengamos con los ojos bien abiertos cada vez que el otro Kirchner vuelva a las andadas.


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