domingo, agosto 06, 2006

Ninguna "huevada"

Hoy, en la columna que todos los domingos escribe Julio Blanck para Clarín, un activo kirchnerista calificó de "huevada" las denuncias de Roberto Lavagna, Mauricio Macri y Elisa Carrió, quienes sostuvieron, en diferentes oportunidades, que sus teléfonos habían sido pinchados y su intimidad vulnerada.
En concordancia con ese pensamiento mezquino y berreta, el kirchnerista de última hora, diputado nacional José María Díaz Bancalari, minimizó las denuncias de Lavagna, bajo el presupuesto de que se trata de una práctica habitual y nadie debe poner el grito en el cielo por eso.
El martes, en la radio, cuando Macri me habló de su caso, le pregunté por qué razón no había hecho la denuncia ante la justicia, y también le dije que me parecía una irresponsabilidad no hacerlo, porque de esa manera estaba defendiendo poco las instituciones que pretende mejorar.
Esta noche, en La Cornisa, un informe demostrará que:
* No sólo los teléfonos de Lavagna, Macri, Carrió sino también los del ministerio de Economía, la legislatura porteña y parte del Congreso Nacional, fueron intervenidos por distintas organizaciones.
* Esas organizaciones "capturaron conversaciones" con el aval o el conocimiento de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), que depende del presidente de la Nación.
* Existirían cerca de 50 mil líneas de telefonía celular o de "tierra" listas para ser escuchadas por agentes especializados, a pedido de los principales funcionarios de este gobierno.
A los que piensan que esta suerte de Gran Hermano de la Intimidad es una huevada hay que recordarles tres cosas. Una: Néstor Kirchner, cuando era candidato, puso el grito en el cielo cuando tuvo la mínima sospecha de que lo estaban "espiando". Dos: el Código Penal, bien utilizado, prevé para este tipo de delitos hasta diez años de prisión. Y tres: el Presidente más poderoso del planeta cayó de la peor manera, cuando se comprobó que espiaba a los dirigentes de la oposición.
La "huevada" en cuestión se denominó Watergate. En los libros de historia de la política, y también en los que hablan de periodismo, se lo cita como ejemplo de como un hecho que parecía anecdótico acabó por voltear a un hombre tan poderoso como Richard Nixon.
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