¿Kirchner es un dictador?
Les ruego que, antes de empezar a enviar comentarios con brutales insultos kirchneristas o empagalosos elogios opositores, tratemos de responder si el Presidente se comporta como un dictador clásico, o solo usa todo el poder para gobernar, y lo hace a favor de los intereses de los argentinos.
La visita a la Argentina de siete Presidentes Latinoamericanos, entre ellos Fidel Castro y Hugo Chávez, hacen todavía más apasionante este ejercicio intelectual.
Sin oposición
Castro es presentado casi siempre como un líder totalitario y es verdad que hace cincuenta años que gobierna sin partidos políticos ni elecciones, aunque yo me ciudaría mucho de ubicar a su gobierno en las categorías políticas clásicas, porque la isla sobrevive bajo un sostenido bloqueo que no tiene lógica ni justicia.
Chávez es considerado por los politólogos de derecha como un dictador democrático porque, dicen, tiene legitimitad de origen pero no acepta convivir con la oposición ni con la prensa crítica.
Pero Kirchner, ¿es un dictador?
Veamos.
Hitler, Mussolini y Fujimori
Elisa Carrió lo comparó, hace unos días, en Espíritu Crítico, con Hitler y Mussolini. " La única diferencia con el nazismo es que en Argentina ya no hay más campos de concentración", exageró.
Mauricio Macri lo acusó, hace horas, de ser un "Fujimori plus", porque, afirma, gobierna por encima de las leyes y el Parlamento. Y Mariano Grondona -un periodista que se pasó la mitad de su vida colaborando activamente con las dictaduras, incluida la más sanrgienta que tuvo la Argentina-, denunció hoy en su columna de La Nación que Kirchner está por completar "su proyecto dictadorial".
La definición clásica de dictadura es la de un gobierno que, bajo condiciones excepcionales, pasa por encima de la ley y de la división de poderes para obtener la suma del poder público.
En la Argentina, hay que admitirlo, los partidos políticos funcionan. Mal, pero lo hacen. Además, el Parlamento está abierto. Aunque la mayoría acrítica del kirchnerismo lo use como un mecanismo para aprobar lo que se le ocurra al Presidente o a la senadora Cristina Fernández.
¿Entonces?
Autoritario
Se podría decir sin exagerar que Kirhner tiene rasgos autoritarios y una fuerte vocación de concentrar poder, silenciar a la oposición y hacer daño a los periodistas que no les "chupan las medias". Y se podría agregar que cuenta con la caja política del Estado para comprar voluntades y matar convicciones y principios.
Se podría afirmar que no es ni Hitler ni Mussolini, ni Castro ni Chávez, ni Videla ni Galtieri, pero que sus años en La Patagonia le permitieron ejercer un poder casi feudal y que cada tanto parece confundir a la Argentina con Santa Cruz, aunque enseguida la realidad lo coloca en su lugar.
Lo conclusión es que Kirchner no es un dictador porque no puede. Y que alguien debería recordarle que el poder absoluto corrompe absolutamente, aunque la economía ande bien y las encuestas le sonrían.
La visita a la Argentina de siete Presidentes Latinoamericanos, entre ellos Fidel Castro y Hugo Chávez, hacen todavía más apasionante este ejercicio intelectual.
Sin oposición
Castro es presentado casi siempre como un líder totalitario y es verdad que hace cincuenta años que gobierna sin partidos políticos ni elecciones, aunque yo me ciudaría mucho de ubicar a su gobierno en las categorías políticas clásicas, porque la isla sobrevive bajo un sostenido bloqueo que no tiene lógica ni justicia.
Chávez es considerado por los politólogos de derecha como un dictador democrático porque, dicen, tiene legitimitad de origen pero no acepta convivir con la oposición ni con la prensa crítica.
Pero Kirchner, ¿es un dictador?
Veamos.
Hitler, Mussolini y Fujimori
Elisa Carrió lo comparó, hace unos días, en Espíritu Crítico, con Hitler y Mussolini. " La única diferencia con el nazismo es que en Argentina ya no hay más campos de concentración", exageró.
Mauricio Macri lo acusó, hace horas, de ser un "Fujimori plus", porque, afirma, gobierna por encima de las leyes y el Parlamento. Y Mariano Grondona -un periodista que se pasó la mitad de su vida colaborando activamente con las dictaduras, incluida la más sanrgienta que tuvo la Argentina-, denunció hoy en su columna de La Nación que Kirchner está por completar "su proyecto dictadorial".
La definición clásica de dictadura es la de un gobierno que, bajo condiciones excepcionales, pasa por encima de la ley y de la división de poderes para obtener la suma del poder público.
En la Argentina, hay que admitirlo, los partidos políticos funcionan. Mal, pero lo hacen. Además, el Parlamento está abierto. Aunque la mayoría acrítica del kirchnerismo lo use como un mecanismo para aprobar lo que se le ocurra al Presidente o a la senadora Cristina Fernández.
¿Entonces?
Autoritario
Se podría decir sin exagerar que Kirhner tiene rasgos autoritarios y una fuerte vocación de concentrar poder, silenciar a la oposición y hacer daño a los periodistas que no les "chupan las medias". Y se podría agregar que cuenta con la caja política del Estado para comprar voluntades y matar convicciones y principios.
Se podría afirmar que no es ni Hitler ni Mussolini, ni Castro ni Chávez, ni Videla ni Galtieri, pero que sus años en La Patagonia le permitieron ejercer un poder casi feudal y que cada tanto parece confundir a la Argentina con Santa Cruz, aunque enseguida la realidad lo coloca en su lugar.
Lo conclusión es que Kirchner no es un dictador porque no puede. Y que alguien debería recordarle que el poder absoluto corrompe absolutamente, aunque la economía ande bien y las encuestas le sonrían.


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