domingo, junio 04, 2006

Lavagna, la prensa y un presidente feliz

El secreto de la felicidad del Presidente no es ni la baja del desempleo ni los tres años de buena gestión e imagen positiva.
El Presidente sería feliz en un mundo sin periodistas, como le sucede a todos los jefes de Estado que abusan de su poder.
Pero el uso de la publicidad oficial como premio y castigo denunciado por la editorial Perfil es sólo uno de los mecanismos perversos que este gobierno utiliza para controlar la información.
No siempre estoy de acuerdo con la manera de informar de Noticias o de Perfil. A veces los grandes anuncios de sus tapas no se corresponden con la información que se publica en sus páginas interiores. Otras veces no se hacen cargo de errores mayúsculos; equivocaciones que harían muy bien en admitir.
Pero una cosa es disentir y otra no denunciar discriminación con la publicidad, una irregularidad que también se verifica en el suministro de información: a los amigos todas las primicias y la entrevista anual al Presidente y a los considerados enemigos no les atendemos el teléfono ni siquiera por una cuestión de cortesía.

Un país sin oposición
El Presidente sería feliz en un mundo sin periodistas, pero sería más feliz todavía en un país sin oposición, como todos los líderes que desean perpetuarse en el poder.
La aparición de Roberto Lavagna como un serio candidato capaz de disputarle el poder descolocó no sólo a los kirchneristas más fieles: hasta el Presidente pisó al palito, salió a enfrentarlo y levantó sus acciones ante el mundo político y la opinión pública.
Los nuevos laboratoristas de la oposición hablan de la Gran Ollanta.
Ollanta Humala es el candidato a presidente en Perú que ganó en primera vuelta y estaría a punto de perder la segunda con Alan García, un ex presidente que hizo desastres entre 1985 y 1990 y que se tuvo que ir con picos de hiperinflación y una seria acusación por enriquecimiento ilícito.
La Gran Ollanta a la Argentina sería una victoria de Kirchner en la primera vuelta y un triunfo de Lavagna en la segunda, sustentado en el temor que pueda provocar en más de la mitad de los votantes los modos y las formas del Pingüino Que Se Enoja.
Todavía falta mucho para eso.
Pero ante una prensa que reacciona y una oposición que se despierta, al Presidente se lo percibe menos feliz y un poco más preocupado. Quizá sea malo para él, pero es muy bueno para el sistema democrático y las instituciones.



¿Votarías a Lavagna como presidente, si lo enfrentara a Kirchner?







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