Una máquina de poder
La impresionante movilización del último 25 de mayo en la Plaza de Mayo puso en evidencia algunas certezas que es necesario destacar:
* El Presidente se convirtió en el jefe absoluto del peronismo y recibió el tributo de todos sus cortesanos, desde los seguidores de la primera hora hasta una larga lista de impresentables que el propio kirchnerismo alguna vez llamó mafiosos. Sólo por mencionar algunos: Luis Barrionuevo, Manolo Quindimil, José María Díaz Bancalari y Mario Ishi.
* El Presidente logró parar a su lado a Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, y le puso así un sentido ideológico a sus deseos de seguir gobernando: el de millones de argentinos que no ponemos en discusión la lucha de los organismos humanitarios.
* El Presidente le mostró no sólo a su partido sino también al país que no hay otro proyecto de poder real que no sea el que expresa el peronismo y que él -y nadie más que él- será el que lo vuelva a encabezar a partir de 2007.
Pero también reveló otros asuntos:
* Que para presentar semejante demostración de fuerza, sus nuevos incondicionales desplegaron todos los vicios de la vieja política: dinero en efectivo, promesas de trabajo oficial y subsidios varios, chorizos, viandas y promesas de conocer personalmente al Presidente. Es decir: lo mismo que hicieron Carlos Menem, Eduardo Duhalde y todos los peronistas que alguna vez ocuparon la cima del poder.
* Que para genenar una nueva mística el Presidente apela a los mismos recursos que utilizaron sus antecesores más ambiciosos: Raúl Alfonsín con su Tercer Movimiento Histórico y Carlos Menem con su alianza con la Ucedé.
Ahora el Presidente y sus leales hablan de pluralismo, pero no es más que un pequeño deseo electoral de ganar en la primera vuelta.
Es cierto, la macroeconomía sigue andando bien y eso, a pesar de la pésima distribución de la riqueza y la profunda crisis social, hacen que este gobierno mantenga una altísima imagen positiva.
También es verdad que si toda la oposición convocara hoy a la gente en las mismas condiciones, no llenarían ni la mitad de la plaza, por más micros, choripanes y dinero que usaran para lograrlo.
Pero la pregunta es: ¿Era necesario que un presidente que se ve a sí mismo como parte de la nueva política aliente los métodos que le critica a sus colegas del pasado? ¿Estamos ante un líder que pretende transformarse en un estadista o ante un político con doble discurso y con aires de emperador?.
Los próximos días van a ser cruciales para responder estas preguntas. Pero quiero ser sincero y adelantar que no soy nada optimista y que, a pesar de todo, parece más de lo mismo.
Está claro que el presidente Néstor Kirchner va por la reelección. Elisa Carrió, a su vez, anunció su candidatura a presidente.
* El Presidente se convirtió en el jefe absoluto del peronismo y recibió el tributo de todos sus cortesanos, desde los seguidores de la primera hora hasta una larga lista de impresentables que el propio kirchnerismo alguna vez llamó mafiosos. Sólo por mencionar algunos: Luis Barrionuevo, Manolo Quindimil, José María Díaz Bancalari y Mario Ishi.
* El Presidente logró parar a su lado a Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, y le puso así un sentido ideológico a sus deseos de seguir gobernando: el de millones de argentinos que no ponemos en discusión la lucha de los organismos humanitarios.
* El Presidente le mostró no sólo a su partido sino también al país que no hay otro proyecto de poder real que no sea el que expresa el peronismo y que él -y nadie más que él- será el que lo vuelva a encabezar a partir de 2007.
Pero también reveló otros asuntos:
* Que para presentar semejante demostración de fuerza, sus nuevos incondicionales desplegaron todos los vicios de la vieja política: dinero en efectivo, promesas de trabajo oficial y subsidios varios, chorizos, viandas y promesas de conocer personalmente al Presidente. Es decir: lo mismo que hicieron Carlos Menem, Eduardo Duhalde y todos los peronistas que alguna vez ocuparon la cima del poder.
* Que para genenar una nueva mística el Presidente apela a los mismos recursos que utilizaron sus antecesores más ambiciosos: Raúl Alfonsín con su Tercer Movimiento Histórico y Carlos Menem con su alianza con la Ucedé.
Ahora el Presidente y sus leales hablan de pluralismo, pero no es más que un pequeño deseo electoral de ganar en la primera vuelta.
Es cierto, la macroeconomía sigue andando bien y eso, a pesar de la pésima distribución de la riqueza y la profunda crisis social, hacen que este gobierno mantenga una altísima imagen positiva.
También es verdad que si toda la oposición convocara hoy a la gente en las mismas condiciones, no llenarían ni la mitad de la plaza, por más micros, choripanes y dinero que usaran para lograrlo.
Pero la pregunta es: ¿Era necesario que un presidente que se ve a sí mismo como parte de la nueva política aliente los métodos que le critica a sus colegas del pasado? ¿Estamos ante un líder que pretende transformarse en un estadista o ante un político con doble discurso y con aires de emperador?.
Los próximos días van a ser cruciales para responder estas preguntas. Pero quiero ser sincero y adelantar que no soy nada optimista y que, a pesar de todo, parece más de lo mismo.
Está claro que el presidente Néstor Kirchner va por la reelección. Elisa Carrió, a su vez, anunció su candidatura a presidente.


<< Home