domingo, abril 30, 2006

Y por casa cómo andamos

Para que nadie se confunda por lo que voy a escribir enseguida, quiero dejar en claro que estoy en contra de la instalación de las papeleras en Uruguay hasta que las empresas garanticen que no van a contaminar el río.
Sin embargo píenso que el anuncio del poderoso acto público, el próximo 5 de julio, en Gualeguaychú, será una buena noticia solo si el Presidente tiene el coraje de denunciar además la existencia de decenas de otras papeleras y otras industrias que contaminan los ríos y el aire en la República Argentina.
Los gobernadores e intendentes que se apuraron en anunciar su presencia, como el de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá: el jefe de gobierno de la ciudad, Jorge Telerman; de Santa Fe, Jorge Obeid y de San Juan, José Luis Gioja, entre otros, deberían también mirar el patio de su casa.
Desde las minas de oro que estarían trabajando con cianuro a cielo descubierto en San Juan hasta los polos petroquímicos como el de Dock Sud sin mencionar las pasteras que fabrican el papel con tecnología tan contaminante como la que se aplicaría en Fray Bentos, en nuestro país los niveles de contaminación son para preocuparse, y mucho.
Pero eso no es todo.
Las organizaciones ecológicas sostienen que si uno deja un bebé en la esquina de Perú y Rivadavia, en unas cuantas horas podría morir asfixiado por la cantidad de monóxido de carbono que despiden los autos y en especial, los colectivos.
Y la semana pasada la Defensoría del gobierno de la ciudad denunció que el nivel de contaminación de las aguas, a quince minutos del obelisco, está enfermando a miles de personas que viven en el medio de la materia fecal.
El gobierno nacional tiene razón cuando afirma que lo que hagan Botnia y Ence afectará al río que también es argentino. Y es verdad que resulta sospechoso que Botnia no acepte suspender por noventa días las actividades de su planta.
Pero sería más justo y más sincero mirarnos también nuestro ombligo, que está sucio y huele mal.
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