¿Y dónde está el Estado?
No tiene porqué sorprendernos la tragedia de Caballito.
Es una prueba más de que el Estado argentino no existe, y que cuando interviene, solo lo hace a través de sus peores hombres, para pedir y cobrar coimas.
Los ciudadanos bolivianos en busca de trabajo no llegaron a los talleres de la esclavitud por la ley de la oferta y la demanda. Aterrizaron allí porque alguien hizo la vista gorda para que pasaran por la frontera sin permiso, otro permitió que trabajaran en condiciones infrahumanas y un grupo de policías y funcionarios eligieron no denunciar a estas cuevas, a cambio de dinero o de ropa de confección.
La justicia por mano propia contra la casa donde vivía el presunto abusador y asesino de Milagros es otro de los datos que prueba que el Estado argentino no existe. Puede ser que alguna agrupación política la haya alentado, pero detrás de esa mecha existe la impotencia de la sociedad, porque se intuye que el criminal no va a pagar como corresponde por lo que hizo. Las estadísticas le dan la razón a la intuición: el 70 por ciento de los abusadores salen de la cárcel para cometer el mismo delito.
Pero la prueba más contundente de que el Estado no se hace cargo de nada aunque algunos de sus hombres son los campeones de la corrupción es Malvinas. Hoy se cumplen 24 años desde que el loco y alcóhólico de Galtieri llevó a miles de argentinos a la muerte. Y de nuevo las estadísticas son reveladoras: 454 veteranos se quitaron la vida. Son más vidas que las que se perdieron defendiendo el continente. Los que fueron a combatir no son más de 10 mil, pero una mano mágica, negra y corrupta agregó como beneficiarios de las pensiones a otros 10 mil militares que no estuvieron en las islas.
¿Puede alguien en el Estado ser tan hijo de puta como para no dar la atención que necesitan a los veteranos que se jugaron la vida y entregarle por debajo de la mesa una dádiva a quienes no les corresponde?.
Sí, puede. Porque hay alguien que lo hace. Otro que lo alienta. Otro más que se hace el distraído.
Y uno que al final la reparte. El problema es que nos enteramos del sistema mafioso demasiado
tarde.
Por eso pasó Cromañón. Por eso pasó la tragedia de Caballito. Y por eso seguirán pasando cosas peores aún, en este Estado corrupto y ausente.
Es una prueba más de que el Estado argentino no existe, y que cuando interviene, solo lo hace a través de sus peores hombres, para pedir y cobrar coimas.
Los ciudadanos bolivianos en busca de trabajo no llegaron a los talleres de la esclavitud por la ley de la oferta y la demanda. Aterrizaron allí porque alguien hizo la vista gorda para que pasaran por la frontera sin permiso, otro permitió que trabajaran en condiciones infrahumanas y un grupo de policías y funcionarios eligieron no denunciar a estas cuevas, a cambio de dinero o de ropa de confección.
La justicia por mano propia contra la casa donde vivía el presunto abusador y asesino de Milagros es otro de los datos que prueba que el Estado argentino no existe. Puede ser que alguna agrupación política la haya alentado, pero detrás de esa mecha existe la impotencia de la sociedad, porque se intuye que el criminal no va a pagar como corresponde por lo que hizo. Las estadísticas le dan la razón a la intuición: el 70 por ciento de los abusadores salen de la cárcel para cometer el mismo delito.
Pero la prueba más contundente de que el Estado no se hace cargo de nada aunque algunos de sus hombres son los campeones de la corrupción es Malvinas. Hoy se cumplen 24 años desde que el loco y alcóhólico de Galtieri llevó a miles de argentinos a la muerte. Y de nuevo las estadísticas son reveladoras: 454 veteranos se quitaron la vida. Son más vidas que las que se perdieron defendiendo el continente. Los que fueron a combatir no son más de 10 mil, pero una mano mágica, negra y corrupta agregó como beneficiarios de las pensiones a otros 10 mil militares que no estuvieron en las islas.
¿Puede alguien en el Estado ser tan hijo de puta como para no dar la atención que necesitan a los veteranos que se jugaron la vida y entregarle por debajo de la mesa una dádiva a quienes no les corresponde?.
Sí, puede. Porque hay alguien que lo hace. Otro que lo alienta. Otro más que se hace el distraído.
Y uno que al final la reparte. El problema es que nos enteramos del sistema mafioso demasiado
tarde.
Por eso pasó Cromañón. Por eso pasó la tragedia de Caballito. Y por eso seguirán pasando cosas peores aún, en este Estado corrupto y ausente.


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