¿Quién le teme a Hugo Moyano?
No hay porqué tenerle miedo al Hugo Moyano que reclama aumento de salarios para sus afiliados. Después de todo, los sueldos quedaron muy atrasados después de la devaluación.
Al que hay que criticar y con toda la razón del mundo es al que hace silencio frente a la muerte de seis trabajadores bolivianos que pusieron en evidencia la añeja existencia del trabajo esclavo.
No hay que demonizar al líder de la CGT por su manera de hablar o sus modales para discutir. Hay que denunciarlo por autoritario cuando prohibe a los periodistas cubrir las alternativas del último Comité Central Confederal, como si estuviéramos en plena dictadura.
No hay que asustarse cuando Pablo, el hijo de Hugo, en consonancia con el Presidente, dice que los dueños de las empresas deberían resignar algo de rentabilidad. Sólo hay que recordar que sus amenazas de huelgas salvajes no van a afectar demasiado a esos poderosos, sino a la clase media y baja que necesita sacar plata del cajero, cargar nafta y vivir en un lugar más o menos limpio, y no en medio de la mugre.
No hay que horrorizarse por las demandas del líder de la CGT. Pero si hay que investigar los beneficios que obtiene más allá del aumento salarial.
¿Qué tiene que ver la defensa de los trabajadores con las acciones que va a obtener Moyano del Belgrano cargas?
¿Qué tiene de reivindicativo la entrega a uno de sus hombres de una caja de más de 300 millones de pesos de la Administración de Programas Especiales (APE) del ministerio de Salud?
Hay un Moyano bueno que defiende a una parte de los trabajadores en blanco.
Y hay otro Moyano ambicioso que acumula poder.
No a favor de los que menos tienen sino para su propio beneficio.
Al que hay que criticar y con toda la razón del mundo es al que hace silencio frente a la muerte de seis trabajadores bolivianos que pusieron en evidencia la añeja existencia del trabajo esclavo.
No hay que demonizar al líder de la CGT por su manera de hablar o sus modales para discutir. Hay que denunciarlo por autoritario cuando prohibe a los periodistas cubrir las alternativas del último Comité Central Confederal, como si estuviéramos en plena dictadura.
No hay que asustarse cuando Pablo, el hijo de Hugo, en consonancia con el Presidente, dice que los dueños de las empresas deberían resignar algo de rentabilidad. Sólo hay que recordar que sus amenazas de huelgas salvajes no van a afectar demasiado a esos poderosos, sino a la clase media y baja que necesita sacar plata del cajero, cargar nafta y vivir en un lugar más o menos limpio, y no en medio de la mugre.
No hay que horrorizarse por las demandas del líder de la CGT. Pero si hay que investigar los beneficios que obtiene más allá del aumento salarial.
¿Qué tiene que ver la defensa de los trabajadores con las acciones que va a obtener Moyano del Belgrano cargas?
¿Qué tiene de reivindicativo la entrega a uno de sus hombres de una caja de más de 300 millones de pesos de la Administración de Programas Especiales (APE) del ministerio de Salud?
Hay un Moyano bueno que defiende a una parte de los trabajadores en blanco.
Y hay otro Moyano ambicioso que acumula poder.
No a favor de los que menos tienen sino para su propio beneficio.


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