Por qué cayó Ibarra

Dr. Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra cayó después de un trámite impecable desde lo formal y peligroso si se analiza su resultado político.
Ibarra cayó porque nunca contó en la Legislatura con los aliados necesarios como para evitarlo. Es decir: una mayoría legislativa circunstancial se lo cargó, y ningún dirigente neutral jugó a fondo para defenderlo.
Ibarra cayó porque los familiares de los muertos de Cromañón pedían justicia a gritos, y, aunque jamás fue el responsable directo, la política lo encontró en el camino y se lo llevó puesto de una sola vez.
Ibarra empezó a caer cuando no se hizo presente en el lugar de la tragedia, continuó cayendo al elegir una estrategia equivocada para pararse frente a ella, siguió desplómándose cuando la Legislatura abrió la puerta del juicio y quedó finiquitado ayer, en un fallo que fue lo único prolijo que tuvo este largo trámite.
La destitución es peligrosa, porque a partir de ahora cualquier alianza legislativa circunstancial podrá cargarse a un gobernador o a un presidente solo por el mero deseo de hacerlo.
Ahora que cayó, es necesario repetir que las causales para enjuiciar a un jefe de gobierno son la insania o la "corrupción expuesta", y el cargo que la endilgaron por "mal desempeño de sus funciones" pareció la excusa justa para cargarse a un político sin aliados.
En el medio, quedaron algunas historias imposibles de soslayar.
Fue evidente que a Romagnoli no le pagó nadie, a pesar de las acusaciones de José Iglesias, el papá más activo de las víctimas de Cromañón.
Fue notable la prescindencia del Presidente Kirchner, quien acompañó a Ibarra hasta la puerta del cementerio, pero lo dejó entrar solo mientras un par de sus hombres le daban su apoyo a Jorge Telerman.
No es sincero el silencio de Mauricio Macri, aunque ahora tendrá en Telerman otra figura para disputarle la posibilidad de ser jefe de gobierno de la ciudad.
Huele feo el oportunismo de Elisa Carrió, quien ayer rompió el silencio sobre su postura en el juicio para decir que se sentía feliz con la caída de Ibarra.
La caída de Ibarra calma momentaneamente la desesperación de algunos padres pero no aporta más justicia ni más verdad. La justicia vendrá con la condena definitiva del dueño del boliche, de quien lanzó la bengala,de quien mandó a cerrar las puertas de emergencia, de los policías coimeros y de los funcionarios intermedios que fomentaron un sistema inseguro y peligroso.
No hay ningún motivo para festejar.


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