¿Un nuevo Presidente?

El presidente Néstor Kirchner recibe a Tom Shannon, subsecretario de Estado adjunto de EE.UU. para América Latina.
El Presidente parece haber aprendido parte de la lección y ahora se muestra amigable con personajes que hasta hace poco denunciaba y demonizaba en público.
En los últimos días no sólo le dio la mano y le sonrió a Alfredo Coto, a quien había responsabilizado por la suba de la inflación. También escuchó con paciencia y le sonrió a Tom Shannon, el delegado de George Bush para América Latina.
Además, se preocupó por difundir que desea mejorar las deterioradas relaciones con Francia.
Es de suponer que, así como tomó debida nota de lo negativo que resulta para los argentinos un jefe de Estado que usa su desequilibrante poder para retar y denunciar a quienes no piensan como él, habrá leído la nota escrita por el corresponsal de The Economist, Dan Rosenheck. (El artículo más detallado y duro que se escribió hasta ahora sobre la relación entre Néstor Kirchner, los medios y los periodistas).
Si su conversión es sincera habrá surgido un nuevo Presidente, más abierto y tolerante.
Un jefe de Estado que, a partir de ahora, informará sobre su agenda, su salud, brindará conferencias de prensa y responderá con la verdad las preguntas más incómodas.
Una persona educada, que no hará esperar más de cinco minutos a quienes tienen cita con él en la Casa Rosada.
Un primer mandatario que no demore un año y medio en responder al pedido formal de una entrevista para una película sobre los presidentes de la democracia, a treinta años del sangriento golpe de Estado.
Uno que no salga de su despacho con el recorte de una columna de opinión de un diario y gritando:
-¿Esto es a favor o es en contra?
Un funcionario público dispuesto a soportar la crítica de la oposición y del periodismo. Uno que sea capaz de revisar la decisión de no renovarle el contrato a Pepe Eliaschev con Radio Nacional.
Si su metamorfosis se confirma, logrará por seducción lo que hoy no consigue bajo presión.


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