Autoritarismo, neurosis y perversión
El último día de 2005, José Pablo Feinmann escribió, en Página 12, un interesante análisis titulado El talante K. Tiene dos grandes ejes. Uno sugiere que, a falta de una crítica política, al Presidente se lo descalifica a partir de una categoría psicológica, como, por ejemplo, su “talante soberbio”. El otro eje sostiene que, detrás de la crítica psicologista se esconde un tufillo golpista, destinado a preparar el terreno para voltear el gobierno.
Feinmann pone en la bolsa de los “psicolocríticos” a Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, Joaquín Morales Solá y Mariano Grondona. Es decir: lo mas “representativo” de la derecha argentina. Y advierte que cada vez que escucha a estos personajes hablar de la defensa de las instituciones siente ganas de renovar el pasaporte.
“Pelotucedes”
Feinmann, en su inteligente editorial, cita a la brillante psicóloga Silvia Bleichmar quien, durante una charla en el Club Progresista, se mostró muy irritada porque la derecha, “que no tenía nada para decir, empezó a psicoanalizar al Presidente…Si echó a Lavagna es porque es muy soberbio y muy narcisista. Si tocó madera es porque es muy supersticioso o porque provocaba a Menem. Pelotucedes de un calibre que no se podía creer”.
El filósofo kirchnerista vuelve a utilizar a Bleichmar para hacer una defensa cerrada del jefe de Estado:
“- El Presidente está en diálogo con el país y eso lo respeto profundamente - explicó la psicóloga. Y se enoja porque no es un soberbio. Se enoja porque es neurótico, como todos nosotros, lo cual es una gran ventaja y una gran virtud, frente a la perversión de los gobiernos anteriores. Por fin tenemos un neurótico y no un perverso al frente del país”.
La verdad de la milanesa
Feinmann, en el desarrollo de su hipótesis, “infla” la crítica psicológica y minimiza la política. Y lo hace por partida doble. Uno: sugiriendo que a Kirchner sólo lo cuestiona la derecha, cuando es evidente que también lo están haciendo, por ejemplo, Hermes Binner, Elisa Carrió y Claudio Lozano. Y dos: Feinmann no tiene en cuenta la principal denuncia política contra el jefe de Estado. Es decir, su creciente autoritarismo y su tendencia a concentrar todo el poder.
Es verdad que tanto Macri, como López Murphy , Morales Solá y Grondona no tienen, entre sus rasgos más salientes, la defensa del sistema democrático. En el caso de Grondona, por citar un solo antecedente, es conocida la defensa que todavía hace de la figura del dictador, asesino y apropiador de niños Jorge Videla. (El mismo Videla al que Morales Solá, en plena dictadura, calificó en sus clásicos editoriales de los domingos en Clarín, como un hombre moderado y equilibrado).
También es evidente que Kirchner no es Carlos Menem ni Fernando De la Rúa, por citar a dos presidentes que no mencionó Bleichmar pero que seguramente podrían ser caracterizados, si se me permite la definición psicológica, como hombres con una importante cuota de perversión (política).
Pero ninguna de estas dos cosas alcanzan para ocultar lo evidente: que el Presidente está mostrando, en especial desde su última victoria del 23 de octubre pasado, rasgos autoritarios que preocupan y alarman incluso a kirchneristas como Rafael Bielsa o a periodistas que, en términos generales, comparten sus decisiones, como Horacio Verbitsky.
Los hechos
La pretensión de modificar la composición del Consejo de la Magistratura constituye un claro intento de meter la mano en un organismo que funciona como un contrapeso natural del poder político y, especialmente, del Poder Ejecutivo. El argumento de que se lo quiere modificar porque le cuesta demasiado al Estado es, como lo señaló Marcelo Zlotogwiazda, típico de políticos de derecha, como López Murphy.
La incorporación al kirchnerismo con ostentación incluída del tránsfuga Eduardo Lorenzo Borocotó es otra evidencia política de que el Presidente cree que todo lo que hace está bien, y eso, más allá del diván, les sucede a quienes se encierran en sí mismos y no escuchan más que su propia voz.
La operación de prensa contra Enrique Olivera y Carrió, liderada por el mismo Presidente, huele a menemismo puro y, el alineamiento de muchos medios y periodistas en esa maniobra, muestra el poder de presión que ostenta este gobierno frente a la prensa.
La no renovación del contrato de Pepe Eliaschev en Radio Nacional no tiene nada de psicológico. Parece un dato de intolerancia y autoritarismo concreto, igual que el miedo que existe en muchas redacciones de los principales medios del país.
Mencionar y calificar estos hechos no es golpista. Y, en el caso de la prensa, aunque suene demasiado empalagoso o formal, es un deber del que no hay manera de escapar.
A propósito, las siguientes son las definiciones de las palabras que impulsaron la nota de Feinmann y también este comentario:
Perverso: sumamente malo, que causa daño intencionadamente.
Neurosis: enfermedad funcional del sistema nervioso caracterizada por la inestabilidad emocional.
Autoritario: que ejerce el poder sin limitaciones.
Todo lo bueno que viene haciendo este gobierno ha sido mencionado hasta el hartazgo por sus propagandistas.
Todos podemos ser un poco neuróticos pero los hombres públicos como el Presidente no deberían manifestar, en lo posible, sus desequilibrios emocionales.
El autoritarismo siempre contiene decisiones injustas, que suelen perjudicar a los que tienen menos poder.
Feinmann pone en la bolsa de los “psicolocríticos” a Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, Joaquín Morales Solá y Mariano Grondona. Es decir: lo mas “representativo” de la derecha argentina. Y advierte que cada vez que escucha a estos personajes hablar de la defensa de las instituciones siente ganas de renovar el pasaporte.
“Pelotucedes”
Feinmann, en su inteligente editorial, cita a la brillante psicóloga Silvia Bleichmar quien, durante una charla en el Club Progresista, se mostró muy irritada porque la derecha, “que no tenía nada para decir, empezó a psicoanalizar al Presidente…Si echó a Lavagna es porque es muy soberbio y muy narcisista. Si tocó madera es porque es muy supersticioso o porque provocaba a Menem. Pelotucedes de un calibre que no se podía creer”.
El filósofo kirchnerista vuelve a utilizar a Bleichmar para hacer una defensa cerrada del jefe de Estado:
“- El Presidente está en diálogo con el país y eso lo respeto profundamente - explicó la psicóloga. Y se enoja porque no es un soberbio. Se enoja porque es neurótico, como todos nosotros, lo cual es una gran ventaja y una gran virtud, frente a la perversión de los gobiernos anteriores. Por fin tenemos un neurótico y no un perverso al frente del país”.
La verdad de la milanesa
Feinmann, en el desarrollo de su hipótesis, “infla” la crítica psicológica y minimiza la política. Y lo hace por partida doble. Uno: sugiriendo que a Kirchner sólo lo cuestiona la derecha, cuando es evidente que también lo están haciendo, por ejemplo, Hermes Binner, Elisa Carrió y Claudio Lozano. Y dos: Feinmann no tiene en cuenta la principal denuncia política contra el jefe de Estado. Es decir, su creciente autoritarismo y su tendencia a concentrar todo el poder.
Es verdad que tanto Macri, como López Murphy , Morales Solá y Grondona no tienen, entre sus rasgos más salientes, la defensa del sistema democrático. En el caso de Grondona, por citar un solo antecedente, es conocida la defensa que todavía hace de la figura del dictador, asesino y apropiador de niños Jorge Videla. (El mismo Videla al que Morales Solá, en plena dictadura, calificó en sus clásicos editoriales de los domingos en Clarín, como un hombre moderado y equilibrado).
También es evidente que Kirchner no es Carlos Menem ni Fernando De la Rúa, por citar a dos presidentes que no mencionó Bleichmar pero que seguramente podrían ser caracterizados, si se me permite la definición psicológica, como hombres con una importante cuota de perversión (política).
Pero ninguna de estas dos cosas alcanzan para ocultar lo evidente: que el Presidente está mostrando, en especial desde su última victoria del 23 de octubre pasado, rasgos autoritarios que preocupan y alarman incluso a kirchneristas como Rafael Bielsa o a periodistas que, en términos generales, comparten sus decisiones, como Horacio Verbitsky.
Los hechos
La pretensión de modificar la composición del Consejo de la Magistratura constituye un claro intento de meter la mano en un organismo que funciona como un contrapeso natural del poder político y, especialmente, del Poder Ejecutivo. El argumento de que se lo quiere modificar porque le cuesta demasiado al Estado es, como lo señaló Marcelo Zlotogwiazda, típico de políticos de derecha, como López Murphy.
La incorporación al kirchnerismo con ostentación incluída del tránsfuga Eduardo Lorenzo Borocotó es otra evidencia política de que el Presidente cree que todo lo que hace está bien, y eso, más allá del diván, les sucede a quienes se encierran en sí mismos y no escuchan más que su propia voz.
La operación de prensa contra Enrique Olivera y Carrió, liderada por el mismo Presidente, huele a menemismo puro y, el alineamiento de muchos medios y periodistas en esa maniobra, muestra el poder de presión que ostenta este gobierno frente a la prensa.
La no renovación del contrato de Pepe Eliaschev en Radio Nacional no tiene nada de psicológico. Parece un dato de intolerancia y autoritarismo concreto, igual que el miedo que existe en muchas redacciones de los principales medios del país.
Mencionar y calificar estos hechos no es golpista. Y, en el caso de la prensa, aunque suene demasiado empalagoso o formal, es un deber del que no hay manera de escapar.
A propósito, las siguientes son las definiciones de las palabras que impulsaron la nota de Feinmann y también este comentario:
Perverso: sumamente malo, que causa daño intencionadamente.
Neurosis: enfermedad funcional del sistema nervioso caracterizada por la inestabilidad emocional.
Autoritario: que ejerce el poder sin limitaciones.
Todo lo bueno que viene haciendo este gobierno ha sido mencionado hasta el hartazgo por sus propagandistas.
Todos podemos ser un poco neuróticos pero los hombres públicos como el Presidente no deberían manifestar, en lo posible, sus desequilibrios emocionales.
El autoritarismo siempre contiene decisiones injustas, que suelen perjudicar a los que tienen menos poder.


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