Editorial: Dos ejemplos

Germán Abdala, dirigente de ATE fallecido en 1993
Este semana fui testigo de dos ejemplos de constancia y de coherencia que merecen ser rescatados. Uno fue el acto convocado por la AMIA el pasado lunes 11 de julio. El otro, un documental sobre Germán Abdala que se emitió en Canal 7 el viernes 15.
El acto tuvo como objetivo que un grupo de personas conocidas firmásemos un petitorio para comprometer a los legisladores que serán votados en octubre en la investigación del atentado, del que mañana se cumplen once años. Fue una movida simbólica pero contundente. Demuestra una fuerte intención de no olvidar, no encubrir y de seguir buscando justicia, más allá de los asuntos de moda.
El documental sobre Germán todavía me da vueltas alrededor de la cabeza y también del corazón.
El fue uno de los dirigentes sindicales y políticos más coherentes, honestos y serios de todos los que me tocó conocer en mi vida de periodista.
Secretario General de ATE, fundador del Grupo de los 8 junto a Chacho Alvarez y diputado nacional hasta el día en que murió de cáncer, fue uno de los primeros que vaticinó, con precisión de cirujano, la devastación que provocaría en la Argentina el menemismo explícito y farandulero, las privatizaciones truchas, la corrupción y la concentración de la riqueza en muy poquitas manos.
Quizá la mayoría de los que hoy están por los 30 años no sepan de quien estoy hablando, pero les aseguro que si hubiera solo un puñado de dirigentes como Germán, este país sería otro y, por supuesto, mucho mejor.
El documental muestra escenas muy fuertes, porque incluye videos caseros que lo muestran chupado y chiquito, pero con un temple, una ternura y una generosidad que casi podían tocarse.
Pude comprobar el amor que se tenían con Marcela, su última mujer.
Me enteré por su hija que puso sumo cuidado en anunciarle que tenía cáncer.
- No me hizo sentir tristeza ni dolor. Me lo dijo tranquilamente y me mostró la inmensidad del mar para hacerme notar lo pequeños que somos.
Lo conocí bastante bien. Jugué al fútbol contra él, en un partido de sindicalistas versus periodistas que había organizado ATE para acercarse al mundo de los medios y diferenciarse de los gremialistas truchos que repartían sobres con dinero a colegas sin principios ni escrúpulos.
Germán fue el ejemplo más acabado del dirigente que trabaja para mejorarle la vida a la gente y no para aumentar su patrimonio personal.
No anduvo saltando de un partido a otro.
No dijo una cosa para después hacer lo opuesto.
Jamás transó.
Días antes de pasar al otro mundo, Germán habló ante su gente por última vez.
Fue en Parque Sarmiento, donde miles de dirigentes intermedios y trabajadores no hicieron otra cosa que gritar su nombre una y otra vez, entre lágrimas ahogadas.
Germán Abdala les pidió a sus compañeros que no se pongan tristes y también dijo:
- No abandonen la pelea, sean coherentes, nunca se olviden de donde vienen.
En esta época tan chata y berreta, donde un puntero cambia de camiseta por un plan Jefas y Jefes y los ministros se venden barato solo para seguir viviendo de la política, la voz de Germán suena fuerte y clara.
Todos los que hoy pelean en el barro del poder deberían observar ese documental y después preguntarse que están haciendo de sus vidas.


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