domingo, julio 10, 2005

Editorial: Cosa nostra



Se denomina mafia a la organización clandestina que hace negocios al margen de la ley y a través de métodos criminales.
Como se sabe, un mafioso es capaz de sacrificar a su propia madre o a su propio hijo con tal de acumular más negocios, más dinero y más poder.
El jueves pasado, en el acto de lanzamiento de su candidatura a senadora nacional, Cristina Fernández comparó a Eduardo Duhalde con El Padrino, el protagonista de la película que mejor retrató la mafia en toda la historia de Hollywood.
¿Es Duhalde un mafioso? ¿Estuvimos gobernados entre enero de 2002 y mayo de 2003 por un capo mafia? ¿Fue ese capo mafia quien convirtió en Presidente a Néstor Kirchner? ¿Se designó a un mafioso como el jefe político del Mercosur? ¿Es Duhalde el representante de Ese Lado Oscuro del Poder que acechó a Raúl Alfonsín, tumbó a De la Rúa y a Rodríguez Saá y que podría hacer peligrar la gobernabilidad de esta gestión?
Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados, acaba de gritar lo que Duhalde piensa y no puede decir en público:
- Si Duhalde es un mafioso, tienen que renunciar en el acto todos los que llegaron al poder de la mano del mafioso.
Camaño recitó una larga lista entre los que se destacan Aníbal Fernández, José Pampuro y también Felipe Solá.
Existen tres posibilidades:
Una es que Simplemente Cristina esté diciendo la verdad.
En este caso no estaremos asistiendo solo a la ruptura de una coalición de gobierno, parecida a la que se produjo con la Alianza, sino a una guerra política con violencia verbal y física incluidas.
La segunda alternativa es que Cristina está exagerando para mostrarse como la encarnación del Bien contra el Mal y así conseguir más votos el 23 de octubre.
La tercera hipótesis mete miedo por el mero hecho de analizarla.
Es la que sustentan Lilita Carrió, Luis Zamora y Patricia Bullrich, entre otros.
Ellos sostienen, palabra más, palabra menos, que en esta guerra no hay un bando de los buenos.
Que se trata de una pelea entre mafiosos en la que el botín es el poder personal y las principales víctimas son los pobres, los desocupados y los hambrientos de la Argentina.
Carrió, incluso, suele presentar a la Argentina como una réplica de Sicilia: una sociedad que, de tanto convivir con la mafia, termina aceptándola y mirándola con simpatía.
Ojalá que esta vez la pitonisa se equivoque.

Diario Clarín: Cristina se lanzó en la Provincia y embistió duro contra Duhalde
Diario Clarín: Camaño pide la renuncia de "los que llegaron con la mafia"
Diario La Nación: El Gobierno condenó a Duhalde
Diario La Nación: La oposición cuestionó a Cristina Fernández
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