Detrás de La Cornisa
El primer programa del año de la Cornisa (TV) fue, por dentro, un verdadero caos. Menos mal que no se notó en la pantalla.
La mayoría de los productores estaban lógicamente nerviosos. Queríamos que todo saliera impecable, y pronto nos dimos cuenta que la competencia no estaba dispuesta a que nos fuera demasiado bien.
El sábado TN repitió una vieja entrevista de Mario Pergolini, una y otra vez, quizá para quitarle fuerza al reportaje del domingo.
Se trata de una jugada legítima, pero todos nos alegramos de que no afectara la audiencia de La Cornisa.
El domingo, nuestro productor ejecutivo, Dieguito Kolankowsky, tuvo uno de esos días fatales y brillantes.
Como siempre, se colgó el programa en la espalda, y lo sacó para adelante con las uñas, los dientes y a los gritos.
El principal temor era como hacíamos para meter dos entrevistas fuertes (Mario y Macri), dos informes valiosos (el identikit del chico que tiró la bengala en Cromañón fue el más destacado) y a la vez mostrar el formato con los seis columnistas que tenían cosas para decir.
Cuando todo terminó, DK me fue a buscar al camarín y me dijo:
- ¿Estás conforme?.
- En líneas generales sí.
- El programa estuvo 8 puntos sobre 10.
- Ojalá que los 8 puntos vengan en la planilla del rating.
- Me parece que no va a andar demasiado lejos.
El vaticinio de DK se cumplió: medimos 8.3, con picos de casi 11 puntos. Esto significa que en un momento más de un millón de personas se quedó viendo el programa(pero no significa que nosotros no sigamos pensando que IBOPE no refleja los verdaderos niveles de audiencia).
Ahora que toda la producción festeja, es bueno que admitamos que falta mejorar, y mucho.
El primero soy yo. No estuvo bien decir a mis compañeros columnistas:
- Los escucho.
Porque todos se miraron entre sí y se produjo un bache notable.
También la faltó desarrollo a las distintas miradas que sobre Cromañón tuvieron Poli y Gabriel Dreyfus.
El primer bloque se hizo demasiado largo y quedó corta la entrevista a Macri, en el espacio que, a partir de éste momento, daremos en llamar El Octavo Círculo.
Ahora que muchos se acordaron de nuestros números de teléfono, es bueno empezar a trabajar para mejorar lo que haga falta.
La mayoría de los productores estaban lógicamente nerviosos. Queríamos que todo saliera impecable, y pronto nos dimos cuenta que la competencia no estaba dispuesta a que nos fuera demasiado bien.
El sábado TN repitió una vieja entrevista de Mario Pergolini, una y otra vez, quizá para quitarle fuerza al reportaje del domingo.
Se trata de una jugada legítima, pero todos nos alegramos de que no afectara la audiencia de La Cornisa.
El domingo, nuestro productor ejecutivo, Dieguito Kolankowsky, tuvo uno de esos días fatales y brillantes.
Como siempre, se colgó el programa en la espalda, y lo sacó para adelante con las uñas, los dientes y a los gritos.
El principal temor era como hacíamos para meter dos entrevistas fuertes (Mario y Macri), dos informes valiosos (el identikit del chico que tiró la bengala en Cromañón fue el más destacado) y a la vez mostrar el formato con los seis columnistas que tenían cosas para decir.
Cuando todo terminó, DK me fue a buscar al camarín y me dijo:
- ¿Estás conforme?.
- En líneas generales sí.
- El programa estuvo 8 puntos sobre 10.
- Ojalá que los 8 puntos vengan en la planilla del rating.
- Me parece que no va a andar demasiado lejos.
El vaticinio de DK se cumplió: medimos 8.3, con picos de casi 11 puntos. Esto significa que en un momento más de un millón de personas se quedó viendo el programa(pero no significa que nosotros no sigamos pensando que IBOPE no refleja los verdaderos niveles de audiencia).
Ahora que toda la producción festeja, es bueno que admitamos que falta mejorar, y mucho.
El primero soy yo. No estuvo bien decir a mis compañeros columnistas:
- Los escucho.
Porque todos se miraron entre sí y se produjo un bache notable.
También la faltó desarrollo a las distintas miradas que sobre Cromañón tuvieron Poli y Gabriel Dreyfus.
El primer bloque se hizo demasiado largo y quedó corta la entrevista a Macri, en el espacio que, a partir de éste momento, daremos en llamar El Octavo Círculo.
Ahora que muchos se acordaron de nuestros números de teléfono, es bueno empezar a trabajar para mejorar lo que haga falta.


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