domingo, marzo 06, 2005

Bienvenidos a trucholandia


Sin control. La parada de taxis, en el aeroparque Jorge Newbery.

Once en punto de la noche del domingo 6 de marzo.
Bajo del avión que me trae de regreso de la provincia donde filmamos importantes escenas para la película.
El calor y la humedad agobian.
Me sumo a una cola de por lo menos sesenta personas para tomar un taxi. Después de veinte minutos, quedo primero.
Espero el taxi que me toca. Se trata de un Renault 19, patente BOX 270. Sin embargo, antes de llegar hasta mí, un señor calvo y de media sonrisa se le acerca al chofer y le dice algo a través de la ventanilla. Estoy seguro que lo tentó con un viaje largo, porque enseguida el taxista pegó un volantazo, salió de la cola y se fue con el señor ventajero.
Les grité:
-¡Truchos!
Y el señor calvo se dio media vuelta para que la cola no la viera la cara.
Los alcancé con otro taxi catorce cuadras después.
En ese momento el chofer del taxi que me llevaba se dio cuenta de algo curioso.
Habíamos hecho idéntico recorrido en el mismo tiempo. Pero el reloj del Renault 19 marcaba 4.40 pesos, mientras que el del auto que me transportaba mí registraba solo 3 pesos.
El tachero que iba conmigo empezó a tirar un impresionante repetorio de refranes y sentencias que empezó con un:
- Siempre hay uno que la tiene más grande que otro.
Siguió con:
- La rata siempre se viste de monaguillo.
Y terminó con un:
- Los ladrones estudian para robar.
Después preguntó:
-¿Tenés una idea de la cantidad de turistas a los que ésta basura les habrá robado?
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