Vamos a la playa
Mi último fin de semana pasado en Cariló fue muy productivo.
La hora que utilicé entre las cinco y las seis de la tarde del sábado para correr por la orilla de la playa me sirvió para analizar y asimilar todo lo que me había pasado en tan poco tiempo.
Veamos:
Me encontré cara a cara en un balneario cuyo nombre prefiero mantener en reserva con Ricardo Darín, el actor más taquillero de la Argentina, y el actor argentino más taquillero en España y otros países. Estaba con su esposa, Florencia, sus hijos y los hijos de unos parientes o unos amigos.
Ricardo comía a cuatro manos. El intercambio fue breve pero sustancioso:
- En cuanto encuentre un hueco me siento a hacer la entrevista para Hemisferio Derecho- se anticipó.
- Gracias. No te voy a romper más. Espero tu llamado y lo hacemos.
- Hecho.
Ricardo estaba bronceado, descansado y flaco. Florencia estaba igual. Le dije a Ricardo:
- Parecés un adolescente. ¿Qué es? ¿El sol? ¿La dieta? ¿El éxito?
- Nada. Es que yo soy así- se rió de si mismo.
- ¿Y este?- pregunté.
- Es mi hijo mayor.
- Se nota.
- Sí. Pero lo de él es el revés.
- ¿Por?
- No está hecho un pendejo. Está hecho un pelotudo - se rió, afectuosamente, el padre de la criatura.
Ricardo es lo más. Es un grande, pero ni el éxito ni la guita se le subieron a la cabeza. El domingo lo vi de nuevo. Estaba durmiendo, en sus brazos, a la hija de una amiga o de una parienta. La paciencia que mostraba parecía oriental.
Tardó, pero al final la hizo dormir.
A Ricardo no le gusta perder a nada.
La hora que utilicé entre las cinco y las seis de la tarde del sábado para correr por la orilla de la playa me sirvió para analizar y asimilar todo lo que me había pasado en tan poco tiempo.
Veamos:
Me encontré cara a cara en un balneario cuyo nombre prefiero mantener en reserva con Ricardo Darín, el actor más taquillero de la Argentina, y el actor argentino más taquillero en España y otros países. Estaba con su esposa, Florencia, sus hijos y los hijos de unos parientes o unos amigos.
Ricardo comía a cuatro manos. El intercambio fue breve pero sustancioso:
- En cuanto encuentre un hueco me siento a hacer la entrevista para Hemisferio Derecho- se anticipó.
- Gracias. No te voy a romper más. Espero tu llamado y lo hacemos.
- Hecho.
Ricardo estaba bronceado, descansado y flaco. Florencia estaba igual. Le dije a Ricardo:
- Parecés un adolescente. ¿Qué es? ¿El sol? ¿La dieta? ¿El éxito?
- Nada. Es que yo soy así- se rió de si mismo.
- ¿Y este?- pregunté.
- Es mi hijo mayor.
- Se nota.
- Sí. Pero lo de él es el revés.
- ¿Por?
- No está hecho un pendejo. Está hecho un pelotudo - se rió, afectuosamente, el padre de la criatura.
Ricardo es lo más. Es un grande, pero ni el éxito ni la guita se le subieron a la cabeza. El domingo lo vi de nuevo. Estaba durmiendo, en sus brazos, a la hija de una amiga o de una parienta. La paciencia que mostraba parecía oriental.
Tardó, pero al final la hizo dormir.
A Ricardo no le gusta perder a nada.


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