miércoles, febrero 23, 2005

Querido Rudy

Acaba de morir mi querido Rudy, el papá de Sergio Frenkel.
Sergio es mi amigo de verdad, un verdadero hermano que me dio la vida. Y Rudy fue por momentos, para mí y para mi otro hermano de la vida, Gabriel Corrado, un papá canchero y generoso, y el ejemplo de un hombre honesto, sencillo y trabajador.
Todos estamos muy tristes. Y también nos sentimos aliviados porque ya no sufre más. Sergio está llegando desde Madrid para despedirlo. Norma, su compañera de toda la vida, una taurina que va siempre para adelante, recién me dijo, dolorida y precisa:
-¿Cómo sigue una la vida cuando se te va la mitad?
Enseguida me acordé de los momentos fantásticos que vivimos junto a Norma y Rudy, cuando Sergio, Gabriel y yo todavía no entrábamos a la adolescencia y nos recibían a cualquier hora y como si fuéramos de la familia en la casa de Tres Arroyos. También recordé la tarde en que Sergio se llevó sin permiso la Zanella 50 un día de lluvia interminable como la que está cayendo en este mismo instante. O los días y las noches en la casa familiar de Punta del Este. O los asados que el propio Rudy nos preparaba después de darnos una clase de moral, que ahora valoro como los consejos de mi propio viejo. O el fuerte abrazo y el sentido beso que nos dimos por última vez, cuando le pude decir que lo quería mucho, mucho, mucho y el me volvió a confirmar que me sentía en el alma como un auténtico hermano de Sergio.
Me alegro de que sus hijos, "mis hermanitos menores" Adrián, Fabián y Mariela, estén ahora ahí, en la última despedida.
Me alivia que hayan elegido evitarle todo sufrimiento extra. Y me reconforta poder compartir este momento junto a mi amigo y su familia.
La última vez que Sergio estuvo en la Argentina y pasamos junto a Norma, la China, Octavio y Victoria unos días en Cariló, nos hicimos una promesa indestructible(una más de las varias que también nos juramos con Gabriel, y que hasta hora siempre cumplimos.
La promesa es que, a menos que suceda algo extraordinario, uno estará junto al otro
en los últimos momentos, antes de pasar para el otro lado (no necesitamos avisarle a Gabriel, porque descontamos que el ya está de acuerdo con el pacto).
Este es un momento de profunda tristeza, pero también de mucho amor.
Norma todavía estaba en línea cuando me atreví a sugerirle:
-Me parece que la mejor manera de seguir es acordándose de los lindos momentos que pasaron juntos.
Isidoro Rudy Frenkel no era famoso. No aparecía nunca en los diarios, las revistas, la radio y la televisión. Tampoco decidía la suerte de mucha gente, como un ministro o un presidente.
Pero su compromiso con el bien fue mucho más serio y gravitante que el de muchos que se llenan la boca con las palabras honestidad y coherencia.
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