Las mentiras de Lanata
Mientras comía la única tostada sin mermelada que me toca por la dieta, me atraganté al leer algunas afirmaciones de Lanata en la entrevista que concedió a Veintitrés, la revista que él mismo ayudó a quebrar (por lo que todavía le debe al economista Gabriel Yelín cerca de un millón y medio de pesos).
Lanata dijo, entre otras cosas, que hay negocios y asociaciones en los medios con los que no transa. Y trató de explicar su trabajo bajo el ala de Marcelo Tinelli solo porque todavía no se convirtió en socio de Daniel Hadad. A propósito de eso, todavía no explicó por qué si aceptó que Fernando De Santibañez, casi al mismo tiempo que manejaba la SIDE, le bancara la revista Ego, entre otros asuntos. (Las pruebas de lo que digo me las estoy guardando para el juicio. Pero tanto De Santibañez como otros personajes que participaron de la reunión donde se cocinó todo, como el radical Carlos Becerra y el exquisito periodista y gourmet Miguel Brascó, saben que no miento.)
Lanata también dijo a Veintitrés, que su película no le gustó a los críticos pero que la vieron los chicos.
La verdad es que no la vieron ni los chicos, ni casi nadie.
No figuró en las listas porque no llegó a los 10 mil espectadores. (Y no me gasto en hacerle un juicio por haber robado el formato de Por qué, el programa que La Cornisa produjo y él condujo, porque ni siquiera lo copió bien, como para hacerlo atractivo).
Lanata se vende como el único periodista que dice y denuncia cosas, pero lo cierto es que cuando le propuse hacer para Por qué la historia de La Tablada, me dijo:
-¿Vos estás en pedo?
- ¿Por qué?- le pregunté.
-Por qué los que atacaron La Tablada son los mismo tipos que pusieron la plata para hacer Página 12
Ahí se me empezó a caer un poco el mito.
Las acusaciones mentirosas diciendo que yo lo saqué de "su horario de los domingos"
me terminaron de convencer de que se trataba de un hipócrita.
No me importa que todavía mucha gente lo considere un periodista creíble.
Se que miente y que su ego y su desesperación por el dinero le hace hacer cosas que no se corresponden con la ternura que despierta.
A los que me siguen preguntando porqué digo esto ahora, después de haberle producido un programa de televisión les respondo:
- Porque él mintió sobre mí para sostener su lugar de perseguido.
Y a partir de ese momento me empecé a dar cuenta que no era la primera vez que mentía.
Lanata dijo, entre otras cosas, que hay negocios y asociaciones en los medios con los que no transa. Y trató de explicar su trabajo bajo el ala de Marcelo Tinelli solo porque todavía no se convirtió en socio de Daniel Hadad. A propósito de eso, todavía no explicó por qué si aceptó que Fernando De Santibañez, casi al mismo tiempo que manejaba la SIDE, le bancara la revista Ego, entre otros asuntos. (Las pruebas de lo que digo me las estoy guardando para el juicio. Pero tanto De Santibañez como otros personajes que participaron de la reunión donde se cocinó todo, como el radical Carlos Becerra y el exquisito periodista y gourmet Miguel Brascó, saben que no miento.)
Lanata también dijo a Veintitrés, que su película no le gustó a los críticos pero que la vieron los chicos.
La verdad es que no la vieron ni los chicos, ni casi nadie.
No figuró en las listas porque no llegó a los 10 mil espectadores. (Y no me gasto en hacerle un juicio por haber robado el formato de Por qué, el programa que La Cornisa produjo y él condujo, porque ni siquiera lo copió bien, como para hacerlo atractivo).
Lanata se vende como el único periodista que dice y denuncia cosas, pero lo cierto es que cuando le propuse hacer para Por qué la historia de La Tablada, me dijo:
-¿Vos estás en pedo?
- ¿Por qué?- le pregunté.
-Por qué los que atacaron La Tablada son los mismo tipos que pusieron la plata para hacer Página 12
Ahí se me empezó a caer un poco el mito.
Las acusaciones mentirosas diciendo que yo lo saqué de "su horario de los domingos"
me terminaron de convencer de que se trataba de un hipócrita.
No me importa que todavía mucha gente lo considere un periodista creíble.
Se que miente y que su ego y su desesperación por el dinero le hace hacer cosas que no se corresponden con la ternura que despierta.
A los que me siguen preguntando porqué digo esto ahora, después de haberle producido un programa de televisión les respondo:
- Porque él mintió sobre mí para sostener su lugar de perseguido.
Y a partir de ese momento me empecé a dar cuenta que no era la primera vez que mentía.


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