La cruzada de Vargas Llosa
El sábado pasado leí en Ñ una entrevista a Mario Vargas Llosa que me resultó apasionante.
En una conversación conducida con pericia por Ezequiel Martínez, hijo de Tomás Eloy Martínez, Vargas Llosa no solo pronosticó la eventual desaparición de la novela sino que la emprendió contra lo que denomina novelas light, como El Código Da Vinci.
Vargas Llosa dio un argumento imbatible contra la lectura liviana y los lectores pasivos.
Primero dijo que, naturalmente, prefiere que la gente lea El Código Da Vinci a que no lea absolutamente nada. Enseguida agregó que ese tipo de trabajos son como vacunas contra los buenos libros (citó En Busca del Tiempo Perdido, La Montaña Mágica, Ulises, Adan BuenosAyres y los cuentos de Borges)porque te dan todo resuelto y acostumbran al lector a no trabajar la cabeza. Y diagnosticó que se empieza por El Código Da Vinci, se sigue por dejar de leer, se continúa con la telenovela de la tarde y se llega a una simplificación tal que impide disfrutar de obras más complejas e inteligentes.
¿Vargas Llosa tiene razón?
No se cual será el camino de la pasión por la verdadera literatura.
Recuerdo que cuando iba a cuarto año decidí, con la complicidad de mi profe de Química, la recordada señora Mauro, faltar a las clases de laboratorio para asitir a la biblioteca. Allí me enamoré de Fiodor Dostoievski, más precisamente de su novela Crimen y Castigo.
Quizá el camino de mi hijo Octavio esté abonado por otras experiencias.
El tiene 11 años. Lee, y lee bastante. Pero empezó con Harry Potter y por ahora, su interés cotidiano por la lectura está en quitarme los diarios para leer información deportiva.
Teniendo la lucha desigual que existe entre los jueguitos de internet y la literatura buena, mala, compleja e inteligente o ligth ¿Andará por buen o mal camino?
Ahora estoy releyendo El Quijote, con prólogo del propio Vargas Llosa y debo confesar que a veces "lo traiciono" para volver a escritos mas digeribles, como las crónicas de Tomás Eloy Martínez de Lugar Común, La Muerte, o la premiada novela de Martín Caparrós, Valfierno.
No se cuanta razón tiene Vargas Llosa. Son contadas las oportunidades en la que uno se encuentra con un texto digerible(no liviano)pero complejo a la vez, capaz de exitar el pensamiento y al mismo tiempo, imposible de abandonar.
A mi me me parece que esos son la verdadera síntesis de lo que vale la pena leer.
El Reino de este Mundo y Los Pasos Perdidos, de Alejo Carpentier ó Sostiene Pereira, de Antonio Tabucci, por citar sólo dos ejemplos, contienen ambos placeres.
En una conversación conducida con pericia por Ezequiel Martínez, hijo de Tomás Eloy Martínez, Vargas Llosa no solo pronosticó la eventual desaparición de la novela sino que la emprendió contra lo que denomina novelas light, como El Código Da Vinci.
Vargas Llosa dio un argumento imbatible contra la lectura liviana y los lectores pasivos.
Primero dijo que, naturalmente, prefiere que la gente lea El Código Da Vinci a que no lea absolutamente nada. Enseguida agregó que ese tipo de trabajos son como vacunas contra los buenos libros (citó En Busca del Tiempo Perdido, La Montaña Mágica, Ulises, Adan BuenosAyres y los cuentos de Borges)porque te dan todo resuelto y acostumbran al lector a no trabajar la cabeza. Y diagnosticó que se empieza por El Código Da Vinci, se sigue por dejar de leer, se continúa con la telenovela de la tarde y se llega a una simplificación tal que impide disfrutar de obras más complejas e inteligentes.
¿Vargas Llosa tiene razón?
No se cual será el camino de la pasión por la verdadera literatura.
Recuerdo que cuando iba a cuarto año decidí, con la complicidad de mi profe de Química, la recordada señora Mauro, faltar a las clases de laboratorio para asitir a la biblioteca. Allí me enamoré de Fiodor Dostoievski, más precisamente de su novela Crimen y Castigo.
Quizá el camino de mi hijo Octavio esté abonado por otras experiencias.
El tiene 11 años. Lee, y lee bastante. Pero empezó con Harry Potter y por ahora, su interés cotidiano por la lectura está en quitarme los diarios para leer información deportiva.
Teniendo la lucha desigual que existe entre los jueguitos de internet y la literatura buena, mala, compleja e inteligente o ligth ¿Andará por buen o mal camino?
Ahora estoy releyendo El Quijote, con prólogo del propio Vargas Llosa y debo confesar que a veces "lo traiciono" para volver a escritos mas digeribles, como las crónicas de Tomás Eloy Martínez de Lugar Común, La Muerte, o la premiada novela de Martín Caparrós, Valfierno.
No se cuanta razón tiene Vargas Llosa. Son contadas las oportunidades en la que uno se encuentra con un texto digerible(no liviano)pero complejo a la vez, capaz de exitar el pensamiento y al mismo tiempo, imposible de abandonar.
A mi me me parece que esos son la verdadera síntesis de lo que vale la pena leer.
El Reino de este Mundo y Los Pasos Perdidos, de Alejo Carpentier ó Sostiene Pereira, de Antonio Tabucci, por citar sólo dos ejemplos, contienen ambos placeres.


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