Empresas que compran periodistas
Hoy, a la una del mediodía, fui citado por el Presidente del Directorio de un importante diario argentino.
El motivo del encuentro no me había sido adelantado y estuvimos hablando tanto de la nada qué, por un momento, pensé que sólo se trataba de una reunión de protocolo. (Una de esas que odio con toda mi alma y que sólo sirven para lamentarte por el tiempo perdido.)
De pronto, lanzó:
- Hay una empresa corrupta que pone avisos en varios programas periodísticos y uno de esos es el tuyo.
Le pregunté si tenía pruebas y reconoció que no. Le pedí que me detallara el mecanismo por el que suponía que se relacionaba con los gobiernos de turno repartiendo coimas y lo hizo con minuciosa precisión. Quise saber:
- ¿Pone avisos también en el diario?
- No - contestó. Me vinieron a ver pero nunca los dejé llegar a ese punto.
- ¿Qué harías si le ofrece al diario una pauta millonaria?
- Si tuviera las pruebas la rechazaría.
- ¿Y aceptarías la pauta si sólo tuvieras la convicción de que es una empresa coimera?
- No sé. Creo que también la rechazaría.
Nos quedamos en silencio casi un minuto. Entonces agregó:
- Me permití decirte esto porque siento que sos un tipo honesto.
- ¿Y qué te parece que debería hacer?
- No sé. Pero me repugna que las empresas se peguen a periodistas o a medios creíbles. Siento que compran credibilidad por kilo.
El Presidente del directorio es un hombre ético y naif a la vez. Un tipo por el que pondría las manos en el fuego con los ojos cerrados. Una persona que siente al periodismo como uno de los instrumentos más puros para buscar la verdad. Alguien incapaz de responder con malas artes a quienes lo atacan, incluso, por izquierda.
El me contó además que los dueños de esta gran empresa tienen mucho poder. Tanto, que llegaron reunir, no hace mucho, para la inauguración de nada importante, al Presidente de la Nación, a un ex Presidente y a medio gabinete de ministros para que a todo el mundo le quedara claro su influencia.
Nos metimos en una polémica apasionante. Le pregunté:
- ¿Debo rechazar el apoyo de todas las empresas privadas cuando tenga la mínima sospecha de sus prácticas corruptas?
- No lo sé.
- ¿Debe tu diario rechazar, por ejemplo, la publicidad oficial cuando viene de su ministerio sospechado de corrupción?
- Es una alternativa a considerar.
El presidente del directorio se comprometió a llevar el asunto a las organizaciones de prensa a las que pertenece el matutino.
Yo me comprometí a investigar a la empresa sospechada.
Fue una hora de intercambio apasionante.
El motivo del encuentro no me había sido adelantado y estuvimos hablando tanto de la nada qué, por un momento, pensé que sólo se trataba de una reunión de protocolo. (Una de esas que odio con toda mi alma y que sólo sirven para lamentarte por el tiempo perdido.)
De pronto, lanzó:
- Hay una empresa corrupta que pone avisos en varios programas periodísticos y uno de esos es el tuyo.
Le pregunté si tenía pruebas y reconoció que no. Le pedí que me detallara el mecanismo por el que suponía que se relacionaba con los gobiernos de turno repartiendo coimas y lo hizo con minuciosa precisión. Quise saber:
- ¿Pone avisos también en el diario?
- No - contestó. Me vinieron a ver pero nunca los dejé llegar a ese punto.
- ¿Qué harías si le ofrece al diario una pauta millonaria?
- Si tuviera las pruebas la rechazaría.
- ¿Y aceptarías la pauta si sólo tuvieras la convicción de que es una empresa coimera?
- No sé. Creo que también la rechazaría.
Nos quedamos en silencio casi un minuto. Entonces agregó:
- Me permití decirte esto porque siento que sos un tipo honesto.
- ¿Y qué te parece que debería hacer?
- No sé. Pero me repugna que las empresas se peguen a periodistas o a medios creíbles. Siento que compran credibilidad por kilo.
El Presidente del directorio es un hombre ético y naif a la vez. Un tipo por el que pondría las manos en el fuego con los ojos cerrados. Una persona que siente al periodismo como uno de los instrumentos más puros para buscar la verdad. Alguien incapaz de responder con malas artes a quienes lo atacan, incluso, por izquierda.
El me contó además que los dueños de esta gran empresa tienen mucho poder. Tanto, que llegaron reunir, no hace mucho, para la inauguración de nada importante, al Presidente de la Nación, a un ex Presidente y a medio gabinete de ministros para que a todo el mundo le quedara claro su influencia.
Nos metimos en una polémica apasionante. Le pregunté:
- ¿Debo rechazar el apoyo de todas las empresas privadas cuando tenga la mínima sospecha de sus prácticas corruptas?
- No lo sé.
- ¿Debe tu diario rechazar, por ejemplo, la publicidad oficial cuando viene de su ministerio sospechado de corrupción?
- Es una alternativa a considerar.
El presidente del directorio se comprometió a llevar el asunto a las organizaciones de prensa a las que pertenece el matutino.
Yo me comprometí a investigar a la empresa sospechada.
Fue una hora de intercambio apasionante.


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