Daño innecesario
Entre las 5 y las 9 de la mañana del viernes un chorro sin clase y con saña intentó robarme el auto.
Lo había dejado a treinta metros de la puerta de la radio, con la alarma puesta y mi candidez de siempre.
Me salvó del desastre, el hecho de que el vidrio sólo se astillara. El arreglo me lo pagó el seguro, pero mi viaje a Cariló con un amigo de mi hijo y mi sobrino Gonzalo se demoró casi medio día. Encima, el muy guacho se ocupó de rayarlo un poco (seguramente de la bronca que le dio no poder romper la ventanilla y meter la mano para afanarme todo lo que había adentro).
Mientras esperaba en el taller de la concesionaria que lo compré, me acordé de la anécdota que no hace mucho me contó el ingeniero Héctor Crespo Figueras, consultor de empresas, cuando hace varios años le robaron pertenencias que se encontraban dentro de su auto, en Rotterdam, Holanda, donde había ido a descansar con su mujer, María Victoria, despúes de completar una tesis sobre motores en Tolouse, París.
-Los tipos me sacaron la ventanilla de la Renault Break limpita, y me la dejaron apoyada en el auto sin una marca- me contó.
Puedo comprender la necesidad y lo que se hace por hambre. Pero nunca me va a terminar de entrar en la cabeza, la saña con la que se roba en la ciudad de Buenos Aires.
Lo había dejado a treinta metros de la puerta de la radio, con la alarma puesta y mi candidez de siempre.
Me salvó del desastre, el hecho de que el vidrio sólo se astillara. El arreglo me lo pagó el seguro, pero mi viaje a Cariló con un amigo de mi hijo y mi sobrino Gonzalo se demoró casi medio día. Encima, el muy guacho se ocupó de rayarlo un poco (seguramente de la bronca que le dio no poder romper la ventanilla y meter la mano para afanarme todo lo que había adentro).
Mientras esperaba en el taller de la concesionaria que lo compré, me acordé de la anécdota que no hace mucho me contó el ingeniero Héctor Crespo Figueras, consultor de empresas, cuando hace varios años le robaron pertenencias que se encontraban dentro de su auto, en Rotterdam, Holanda, donde había ido a descansar con su mujer, María Victoria, despúes de completar una tesis sobre motores en Tolouse, París.
-Los tipos me sacaron la ventanilla de la Renault Break limpita, y me la dejaron apoyada en el auto sin una marca- me contó.
Puedo comprender la necesidad y lo que se hace por hambre. Pero nunca me va a terminar de entrar en la cabeza, la saña con la que se roba en la ciudad de Buenos Aires.


<< Home