La amo
- ¿Para que carajo te vas a seguir levantando todos los días de tu vida a las cuatro de la mañana?- me preguntó este fin de semana mi amigo/hermano del alma Sergio Frenkel, por teléfono, desde Madrid, cuando le comenté que hoy, 31 de enero, empezaba en la Pop (101.5), de lunes a viernes, desde "poco antes de que den" las seis hasta las 9 de la mañana. Sergio es una de esa pocas personas con las que podemos hablar con honestidad brutal y sin guardarnos nada.
- ¿Qué es lo que necesitás demostrarle al mundo?¿Qué es lo que necesitás probarte a vos mismo?
Mi amigo sabe que a esta altura de mi carrera, hacer o no hacer radio no me va a cambiar la vida. No me va a hacer más rico ni mas pobre. Ni siquiera me va hacer ganar un Martín Fierro. (Los socios de Aptra nunca van a darme el premio, porque suponen que soy el principal impulsor de los premios Capit, y lo sienten como una verdadera amenaza para su organización).
Sergio también sabe que me vengo levantando a las cuatro de la mañana desde hace mas de diez años, cuando debuté como columnista en Continental. El mismo la viene sufriendo junto con mi familia: los que nos levantamos tan temprano no vamos ningún estreno; nos quedamos dormidos en los cumpleaños, el cine, las cenas y los casamientos; muy pocas veces llevamos a nuestros hijos a la escuela y el día en que se nos ocurre salir, lo pagamos con un estado de semiinconciencia que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
Es cierto: trabajar en la radio, como lo vengo haciendo yo, no solo va en contra del reloj biológico. Además atenta contra la pareja, la familia, el estado físico y la cordura mental. Trabajar en la radio- si además producís y conducís uno de los pocos programas periodísticos en vivo que se emiten por un canal de aire en el país, si además producís y conducís otro programa de entrevistas en Canal á, si además tenés la pretensión de escribir todos los días en tu blog-más que una decisión inteligente y meditada parece un intento de suicidio.
- No intento probarme nada-le respondí un poco confundido.
- Entonces, antes de empezar "esteee nuevoo desafíooo", como lo llamaste en el minirrepo de Clarín-dijo Sergio alargando las vocales- pensá porqué lo vas a hacer de nuevo.
Mucho después de cortar, la pregunta de mi amigo me siguió haciendo cosquillas por todos lados, y no tuve más remedio que buscar la respuesta. Es esta:
Hago radio porque la amo.
Amo sus momentos mágicos.
Amo el silencio perfecto y brutal que se produce después de que alguien dice algo sublime, o una barbaridad.
Amo el momento en que una canción te hace viajar hacia tu historia, tu presente o el futuro que te gustaría tener.
Amo la energía que me transmiten algunos oyentes.
Amo saber que en cualquier instante puede pasar cualquier cosa.
Amo las apasionantes conversaciones que tengo con tipos que aman la radio igual que yo, como Mario Pergolini.
Amo la idea de poder ser útil para la gente que necesita ser escuchada, como los familiares de las víctimas de Cromañón.
Es decir: amo la radio a pesar de todo. Y siento que, desde la radiuo, tengo alguna que otra cosa para dar: un poco de buena información, mucha y buena música y unos cuantos momentos de alegría.
Se que las cosas que se hacen desde las entrañas son las mejores.
Las que te hacen bien.
Las que perduran.
Las que te enorgullecen.
Las que te convierten en una buena persona.
- ¿Qué es lo que necesitás demostrarle al mundo?¿Qué es lo que necesitás probarte a vos mismo?
Mi amigo sabe que a esta altura de mi carrera, hacer o no hacer radio no me va a cambiar la vida. No me va a hacer más rico ni mas pobre. Ni siquiera me va hacer ganar un Martín Fierro. (Los socios de Aptra nunca van a darme el premio, porque suponen que soy el principal impulsor de los premios Capit, y lo sienten como una verdadera amenaza para su organización).
Sergio también sabe que me vengo levantando a las cuatro de la mañana desde hace mas de diez años, cuando debuté como columnista en Continental. El mismo la viene sufriendo junto con mi familia: los que nos levantamos tan temprano no vamos ningún estreno; nos quedamos dormidos en los cumpleaños, el cine, las cenas y los casamientos; muy pocas veces llevamos a nuestros hijos a la escuela y el día en que se nos ocurre salir, lo pagamos con un estado de semiinconciencia que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
Es cierto: trabajar en la radio, como lo vengo haciendo yo, no solo va en contra del reloj biológico. Además atenta contra la pareja, la familia, el estado físico y la cordura mental. Trabajar en la radio- si además producís y conducís uno de los pocos programas periodísticos en vivo que se emiten por un canal de aire en el país, si además producís y conducís otro programa de entrevistas en Canal á, si además tenés la pretensión de escribir todos los días en tu blog-más que una decisión inteligente y meditada parece un intento de suicidio.
- No intento probarme nada-le respondí un poco confundido.
- Entonces, antes de empezar "esteee nuevoo desafíooo", como lo llamaste en el minirrepo de Clarín-dijo Sergio alargando las vocales- pensá porqué lo vas a hacer de nuevo.
Mucho después de cortar, la pregunta de mi amigo me siguió haciendo cosquillas por todos lados, y no tuve más remedio que buscar la respuesta. Es esta:
Hago radio porque la amo.
Amo sus momentos mágicos.
Amo el silencio perfecto y brutal que se produce después de que alguien dice algo sublime, o una barbaridad.
Amo el momento en que una canción te hace viajar hacia tu historia, tu presente o el futuro que te gustaría tener.
Amo la energía que me transmiten algunos oyentes.
Amo saber que en cualquier instante puede pasar cualquier cosa.
Amo las apasionantes conversaciones que tengo con tipos que aman la radio igual que yo, como Mario Pergolini.
Amo la idea de poder ser útil para la gente que necesita ser escuchada, como los familiares de las víctimas de Cromañón.
Es decir: amo la radio a pesar de todo. Y siento que, desde la radiuo, tengo alguna que otra cosa para dar: un poco de buena información, mucha y buena música y unos cuantos momentos de alegría.
Se que las cosas que se hacen desde las entrañas son las mejores.
Las que te hacen bien.
Las que perduran.
Las que te enorgullecen.
Las que te convierten en una buena persona.


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