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Escrito por Luis Majul
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Miércoles, 01 de Septiembre de 2010 09:36 |
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La brutal ofensiva del gobierno contra quienes considera sus enemigos invita a formularse una pregunta que todavía no fue planteada como corresponde: ¿Funciona Néstor Kirchner como el jefe de una fuerza democrática o como el líder de una "secta autoritaria", cuyo objetivo final es perpetuarse en el poder, sea como sea?
Los expertos en sectas destructivas las definen como grupos encabezados por un líder mesiánico, que se supone que es portador de la verdad absoluta.
Si cualquier lector no contaminado se detuviera a pensar cómo fue que se gestó, por ejemplo, la estrategia de presentación del informe sobre Papel Prensa, concluirá que ningún seguidor de Kirchner tendrá margen para dudar o disentir sin correr el riesgo de ser considerado un infiltrado.
Para que se entienda bien: si uno está "con el proyecto" deberá gritar a los cuatro vientos que la empresa fue arrancada a Lidia Papaleo, en una mesa de tortura, lo que constituye un delito de lesa humanidad.
Los testimonios que prueban lo contrario, por supuesto, no parecen tener ninguna importancia. Como no parece tener ninguna importancia el fracaso en la obtención de los ADN de Marcela y Felipe Noble Herrera, a quienes se presentó como hijos de desaparecidos apropiados por la dueña de Clarín, aunque los jueces todavía no hayan conseguido ni una sola evidencia.
Dentro del kirchnerismo, igual que en las sectas, la palabra del líder se asume como dogma de fe, y no se permite discrepar a los adeptos. Cualquiera que lo haga, será expulsado de la organización y perseguido sin piedad.
Alberto Fernández, Roberto Lavagna, Luis Juez, Sergio Acevedo y Miguel Bonasso, en diferentes momentos y por distintas razones, fueron y siguen siendo considerados herejes. Lo mismo les sucede a medios y periodistas que supieron elogiar y acompañar al gobierno durante los primeros años de gestión. "Traidores hijos de puta" es la calificación más repetida que se escucha de la boca del líder para referirse a ellos. "Traidores hijos de puta" escriben los seguidores de las sectas en los blogs, como un rezo laico, casi todos los días.
Las sectas destructivas suelen controlar la información que llega a sus adeptos y les impiden cualquier vínculo con el mundo exterior. Lo hacen porque no quieren ser contaminados por otra realidad que no sea la que ellos relatan.
Cualquier parecido con este Gobierno, donde la mayoría de los ministros solo pueden hablar con medios o periodistas que responden a "la causa", previa autorización del líder, o hacerlo a las escondidas en hoteles o casas particulares, no es pura coincidencia. Es un dato serio y preocupante.
Un lunes del pasado mes de mayo, uno de los miembros del gabinete que con más virulencia defiende en público las decisiones del líder, me dijo, por teléfono: "Con vos está todo bien. El problema es el libro que escribiste. Y no porque hayas mentido. Pero si hablo con vos, o si me ven con vos, muchos van a creer que estoy "fuera del proyecto"".
La conducta del alto funcionario es la misma que suelen tener las segundas líneas de las organizaciones sectarias. Éstas funcionan como el vínculo perfecto entre el líder intocable y los seguidores acríticos. Sin embargo, suelen no acompañar al líder hasta el final a la hora del "suicidio colectivo".
Las sectas destructivas, además, tienen una visión maniqueísta del mundo. Dividen a la civilización entre buenos y malos, réprobos y elegidos. Es decir: o estás con el gobierno o sos un empleado de Héctor Magnetto o el Grupo Clarín. O descalificás cada cinco minutos a Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Francisco De Narváez o Elisa Carrió o sos funcional a la derecha. O considerás a Cristina Fernández la reencarnación de Eva Duarte de Perón o sos funcional a quienes practican la discriminación de género.
Pero esto no es todo.
Las sectas destructivas no permiten la libertad de expresión a los miembros del grupo, practican el culto a la personalidad del líder y se caracterizan por una radicalización creciente, que en el caso de los conversos alcanza niveles exorbitantes.
Ejemplos notables de los nuevos sectarios K son un filósofo y un periodista de voz grave que presentaron el discurso de la presidenta del 24 de agosto como una pieza literaria y revolucionaria.
"El análisis de Cristina Fernández fue excesivamente rico para una sola nota", sentenció el filósofo K. "Lo solvente de la impresionante pieza oratoria desplegada por la Presidenta" arrancó el periodista, con su lenguaje afectado. ¿Era necesario llegar a tanto?
"Lavado de cerebro" es otro concepto que se asimila a las sectas religiosas y que, en determinados casos, podría aplicarse a artistas que jamás manejaron el lenguaje político y ahora hablan de "grupos hegemónicos" y "poderes en las sombras" al mencionar a personas con quienes, hasta el año pasado, compartieron trabajo y vida personal, como si nunca hubieran pertenecido a sus afectos.
¿Lo hacen por convicción o por interés? Es otra de las preguntas que todavía no tiene una respuesta única. A veces la convicción lo domina todo. Otras, el interés desplaza a los sentimientos morales. Y, en algunos casos, para usar el lenguaje de algunos kirchneristas, la legítima defensa de los ideales resulta funcional a los negocios personales.
¿Por qué, si son partidarios del bien, los miembros de la secta justifican los hechos de corrupción, el estilo prepotente y autoritario y la incoherencia que significa tratar como enemigo a los que hasta hace nada eran amigos íntimos?
Porque el líder los han convencido de que son parte de un sueño mayor, más importante y transcendente. Y que, en el camino, se puede cometer casi cualquier pecado, porque resulta anecdótico comparado con la envergadura del objetivo final.
Especial para lanacion.com |
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Escrito por Luis Majul
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Lunes, 30 de Agosto de 2010 10:19 |
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Otra vez, Néstor Kirchner pone al campo denominado progresista en una falsa disyuntiva. ¿Hay que apoyar el proyecto de ley que declara el uso del papel de interés nacional y permitiría regular al Gobierno y al Congreso la producción y distribución del insumo básico para informar al país? Desde el puro sentido común, a la Argentina le haría bien que todos los medios que lo necesitan pudieran comprar el papel en condiciones igualitarias. Lo mismo que le haría bien una ley de medios que equilibrara el poder de las empresas más grandes y fuertes con la más pequeñas y débiles que existen, por ejemplo, en las provincias. El problema, otra vez, está en que Kirchner dice que quiere el cambio para luchar contra los poderes concentrados, pero lo único que persigue, como ya lo demostró en Santa Cruz y en el resto del país, es restarle poder al periodismo crítico que no trabaja para él.
Sostiene uno de los políticos más inteligentes de la Unión Cívica Radical, el senador nacional Ernesto Sanz:
–A Kirchner no hay que creerle lo que dice. Hay que prestarle atención sobre lo que hace. A Kirchner no hay que mirarle la boca, sino las manos.
Fuentes vinculadas a Clarín y la oposición afirman que el Gobierno no anunció la expropiación o la intervención de Papel Prensa porque a último momento la Presidenta se dio cuenta de que el informe confeccionado por Guillermo Moreno estaba flojo de papeles. En cambio, un ministro que habla con el ex presidente todos los días me comentó:
–Fue una jugada magistral. Gracias a esta movida, Papel Prensa dejará de ser un monopolio y Clarín empezará a desangrarse por su corazón, que es el diario.
Haya sido un grosero error de cálculo o una movida genial, la pura verdad es que la declaración de Isidoro Graiver terminó de restar credibilidad a la hipótesis de que Papel Prensa fue adquirida en una mesa de tortura. Al contrario, todo este desbarajuste tiende a confirmar lo que una buena parte de la sociedad sospecha sobre los Kirchner: que serían capaces, incluso, de manipular la memoria histórica con el único objetivo de perpetuarse en el poder.
La conducta de la mayoría de los grandes medios, incluidos, por supuesto, Clarín y La Nación durante la dictadura, fue acomodaticia y funcional a sus vínculos con el Gobierno, salvo notables excepciones, como Robert Cox, director del Buenos Aires Herald, y los más de cien periodistas desaparecidos que no tuvieron oportunidad de discutirlo. Pero una cosa es analizar aquella conducta colectiva reprochable, y otra cosa es acusar a dueños de medios como Héctor Magnetto de haber participado activamente de la tortura y la represión.
Lo que sorprende, una y otra vez, es la capacidad de Kirchner para señalar con el dedo a sus enemigos, sin explicar, ni siquiera por encima, su propia conducta histórica. Está probado que el ex presidente ignoró durante años a cualquier organización de derechos humanos que necesitara su apoyo. También que no fue él ni su esposa quienes impulsaron la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, sino Patricia Walsh, con el apoyo de Elisa Carrió. Aunque su política de derechos humanos fue muy positiva y activa desde 2004 en adelante, sus más importantes acciones fueron simbólicas (recuérdese la baja del cuadro del dictador Jorge Videla) o a través de la entrega de fondos públicos a organizaciones como Madres de Plaza de Mayo.
Así como no tuvo militancia humanitaria ni adhirió a las organizaciones que promovieron el matrimonio igualitario desde el principio, sino que apoyó la ley por puro cálculo político, a Kirchner nunca le preocupó demasiado la concentración mediática o la libertad de expresión. Al contrario: en Santa Cruz, mientras fue intendente de Río Gallegos y gobernador de la provincia, se dedicó a seducir a periodistas y medios con pauta oficial y a ignorar o atacar a profesionales que cometieron el pecado de criticarlo o denunciarlo.
Ahora, Kirchner va por todo, una vez más, con el discurso del Quijote que lucha contra el Mal Absoluto ¿Pero quiénes pueden creer que detrás de su lucha se esconde la búsqueda de una sociedad más democrática y equilibrada?
Lo repiten, como una consigna vacía de contenido, sus empleados políticos, sus militantes rentados y su cada vez más poderoso pool de medios y periodistas adictos.
También es cierto que todavía hay mucha gente que, de buena fe, sigue viendo a Kirchner como una especie de revolucionario capaz de "doblarle el brazo a las corporaciones". Ese núcleo duro de apoyo no le alcanza para ganar las elecciones del año que viene. Sin embargo, desde la lógica política y psicológica de "El Loco", representa el combustible para poner en marcha cada nueva operación política, como la de Papel Prensa.
El problema es que las decisiones del ex presidente son cada vez más audaces y menos elaboradas. Y, por lo tanto, más dañinas para las instituciones y la mayoría de la sociedad.
Publicado en El Cronista |
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Escrito por Luis Majul
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Miércoles, 25 de Agosto de 2010 09:53 |
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¿Por qué Néstor Kirchner decidió ejecutar el ataque final contra el Grupo Clarín y LA NACION, su socio en Papel Prensa? No hay una sola explicación lineal, sino múltiples y complejas. Sin embargo, todas responden a una perspectiva egocéntrica del ex presidente, que incluye su obsesión por el poder, su paranoia, su deseo de venganza y el miedo a que los jueces lo manden preso.
Su manera de entender el rol de los medios fue discutida en innumerables oportunidades con su jefe de Gabinete, Alberto Fernández, desde que asumió, como Presidente, en mayo de 2003, hasta que el alto funcionario renunció, espantado, después de la presión de Kirchner a su esposa para que abandonara la primera magistratura. Se sabe: "El Loco" pretendió "tirarle el gobierno por la cabeza" a "la banda destituyente" integrada, según él, por el vicepresidente Julio Cobos, Eduardo Duhalde y el grupo Clarín, entre otros.
Antes de eso, y cada vez que Kirchner despotricaba contra un título de Clarín, Fernández le explicaba que el matutino no podía seguir la lógica de L´Osservatore Romano, la publicación vaticana que jamás esbozó la más mínima crítica contra ningún Santo Padre. "La lógica de Clarín es publicar noticias. Y no publicarlas va contra la lógica de su negocio", intentaba tranquilizarlo el jefe de Gabinete una y otra vez. Pero el ex presidente, desde el principio, creyó que Clarín, y su principal ejecutivo, Héctor Magnetto, eran sus amigos. Por eso recibía cada mínima crítica del diario como una tremenda traición.
-Nosotros le damos información y los tratamos como amigos y ellos nos traicionan, como si fuésemos enemigos- se quejó Kirchner decenas de veces ante Fernández, autoridades y periodistas de Clarín, hasta que decidió, en el medio del conflicto con el campo, iniciar la guerra santa.
El profundo resentimiento de Kirchner y su esposa contra Clarín explica, en parte, el alejamiento de buenos ministros como Roberto Lavagna, Rafael Bielsa e incluso Jorge Taiana, uno de cuyos atributos más notables fue la lealtad al gobierno que todavía manda. Kirchner desconfiaba de ellos porque decía que tenían un acuerdo secreto con Clarín, por encima de sus deberes como funcionarios.
Pero el empeño de Kirchner por disciplinar a los medios críticos y manejarlos a su antojo no es nueva. Viene desde 1987, cuando era intendente de Río Gallegos y contrataba segmentos del noticiero del canal local para publicitar su gestión e intentaba acallar la crítica con propaganda oficial y ninguneo a los periodistas que no apoyaban "el proyecto".
Sin embargo, su obsesión contra Clarín se explica por la lectura política que viene haciendo desde que terminó su mandato y que incluye la sospecha de que si no destruye al grupo multimedia no sólo perderá el poder, sino que además irá preso, igual que Carlos Menem.
Un día de 2008 se lo dijo sin rodeos a un empresario de medios al que convocó en su oficina blanca de Puerto Madero, cuando se aburría en busca de un rol para no opacar a su esposa presidenta:
-El poder de un Presidente en la Argentina es inversamente proporcional al poder de Clarín. Yo no voy a terminar preso. Yo voy a seguir en libertad. Porque voy a tener el suficiente poder económico como para evitarlo.
La ruptura del contrato entre la AFA y Torneos y Competencias, la Ley de Medios Audiovisuales, el impulso a la investigación sobre la identidad de Marcela y Felipe Noble Herrera, la decisión de declarar caducada la licencia de Fibertel, el intento de quedarse con Papel Prensa por la vía administrativa y la pretensión de hacerlo bajo la acusación a Clarín y LA NACION de haberse apropiado de esta firma por medio de un delito de lesa humanidad, se inscribe en ese plan estratégico, preventivo y letal.
La jugada de Kirchner está disfrazada de cruzada épica que pone al ex presidente como un Quijote en lucha contra corporaciones maquiavélicas que pretenden manejar la conciencia de los argentinos.
Sin embargo, semejante acción inmaculada debería estar acompañada, como mínimo, de hechos corroborados con la verdad.
¿Se quedó el Estado con la transmisión del fútbol para beneficiar a los argentinos o es un nuevo instrumento para hacer propaganda oficial financiada por los impuestos de todos?
¿Impulsó la Ley de Medios para equilibrar el poder de los multimedios, desconcentrar la información y democratizar el acceso a las noticias o lo hizo para fundar un nuevo monopolio de medios oficiales como el que diseñó en la provincia de Santa Cruz?
¿Dejó de agitar el caso Noble Herrera porque la causa no avanza o porque la probable conclusión no favorece a sus intereses de destruir al Grupo Clarín?
¿Eligió presentar el informe Papel Prensa: La Verdad porque desea, en efecto, conocer la verdad o porque la vía administrativa está a punto de fracasar?
Entre el testimonio de Lidia Papaleo, viuda de David Graiver, y Rafael Ianover, quienes denuncian que Papel Prensa fue obtenida por torturas y amenazas, y el de Gustavo Caraballo, quien afirma que fue vendida antes de la detención de los dos primeros, hay una fuerte lucha de intereses que tiene mucho más que ver con el poder que con la búsqueda de la verdad.
Si Kirchner hubiera perseguido la justicia desde el principio, y no le hubiera permitido al grupo Clarín consolidar y ampliar sus negocios a cambio de protección, y si los hechos denunciados hubiesen sido incontrastables, hoy la opinión pública estaría del lado del Gobierno y no dudaría tanto de semejante movida.
Pero la pregunta pertinente, ahora mismo, es si la oposición, la Justicia, los medios y la sociedad están en condiciones de ponerle límites a una persona que no los tiene.
Especial para lanacion.com |
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Escrito por Luis Majul
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Lunes, 23 de Agosto de 2010 09:23 |
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En lo que podría llegar a convertirse en su segundo error histórico debido a la obsesión por mantenerse en el poder, Néstor Kirchner volvió a equivocarse de enemigo, y confundió a los usuarios de Fibertel con el Grupo Clarín y a los lectores de Clarín y La Nación con los dueños de Papel Prensa.
Igual que hace más de dos años, cuando el ex presidente presentó a los productores agropecuarios como latifundistas de la Patagonia, la batalla que Kirchner pretende librar contra lo que él muestra como el poder económico concentrado lo está poniendo, una vez más, enfrente de la clase media que no quiere romper ni alterar su vínculo con los medios de comunicación que forman parte de su vida cotidiana.
Ahora, igual que antes, una buena parte de la opinión pública interpreta que Kirchner desea empujar a Héctor Magnetto a la cárcel, no por amor a la justicia sino porque se trata del obstáculo más importante para seguir gobernando la Argentina.
En efecto: hasta hace poco más de tres años, los archienemigos de hoy parecían aliados incondicionales.
A las dos y media de la madrugada del 18 de abril del año 2007, en el bar del Hotel Hilton de la Isla Margarita, en Venezuela, con un vaso de whisky en la mano, el entonces presidente de la Nación sentenció:
–Con Magnetto está todo arreglado. Tenemos veinte años por delante.
Lo escucharon con mucho interés, entre otros, los diputados nacionales José María Díaz Bancalari, Rosana Bertone y Edgardo Depetri, su vocero, Miguel Nuñez, y el gobernador de Chubut, Mario Das Neves.
En aquel entonces, la transmisión de los partidos de fútbol, la verdadera identidad de Marcela y Felipe Herrera Noble, la compra de Papel Prensa y la caducidad de Fibertel no formaban parte de la agenda del gobierno.
Todo lo contrario. Porque tres días antes de finalizar su mandato, Kirchner firmó la autorización del negocio más importante de todos los que maneja el Grupo Clarín: la fusión entre Multicanal y Cablevisión.
¿Quién, en su sano juicio, puede creer ahora que el Gobierno hace lo que hace para defender a los argentinos?
Si Fibertel no estaba en regla desde 2003, la caducidad de la licencia debió haberse producido mucho antes, y después de una serie de medidas e intimaciones que contempla la ley en estos casos.
Si de verdad la Presidenta está interesada en demostrar que Papel Prensa fue adquirida a sus anteriores dueños en "una mesa de torturas" lo que debería hacer es intentar probarlo ante la Justicia, en vez de montar el show que tendrá lugar mañana, a las 18:30, en la Casa Rosada, para declamarlo en público.
Semejantes decisiones solo pueden provocar algún entusiasmo en el núcleo duro y pequeño de quienes vislumbran a Kirchner como una suerte de Quijote moderno que lucha contra el Mal Establecido.
El resto –los dos tercios de la población que no participan de semejante lucha de intereses– no "compra" la Cruzada K.
Más bien se sienten víctimas de un conflicto ajeno que no propiciaron.
Publicado en El Cronista |
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Escrito por Luis Majul
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Miércoles, 18 de Agosto de 2010 09:35 |
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Eduardo Duhalde dice que esta vez el candidato será él, porque la última vez que ayudó a alguien a ser presidente terminó instalando a "El Loco". Sin embargo, a Duhalde, la intención de voto todavía no le alcanza.
Elisa Carrió se va del Acuerdo Cívico y Social porque no se banca a "los gerentes" del radicalismo que "transarían" con Daniel Scioli y también con Néstor Kirchner, y produce una fuga de votos que Ricardo Alfonsín y Julio Cobos ahora están lamentando.
Hermes Binner sostiene que las retenciones al campo las debe fijar el Poder Ejecutivo, como si fuera un ministro de Cristina Fernández. Entonces genera demasiado ruido en su propio sector político y mucha alegría en el gobierno nacional.
Francisco de Narváez, a quien la Constitución no le permite postularse a presidente, dice que, excepto Carlos Reutemann, dentro del Peronismo Federal no hay un candidato capaz de ganarle a Kirchner. Y Kirchner festeja.
Mauricio Macri supone que, aún en el medio de la investigación por las escuchas telefónicas, los disidentes irán a buscarlo a él porque nadie mide mejor en las encuestas. Se trata de un modo de hacer política que consiste en no hacer política. Y en Olivos se frotan las manos.
Felipe Solá y Mario Das Neves también se sienten con tanto o más derecho que Macri y que Duhalde. Por eso, cada vez que pueden, los critican como si fueran la oposición de la oposición. Y el oficialismo se felicita de nuevo.
Carlos Reutemann les dice a sus amigos que no tiene ganas y, al público en general, que no es candidato. Y esto le deja el camino libre al plan del ex presidente.
Es decir: todos juegan para el Frente para la Victoria en general y para Néstor Kirchner en particular.
Y Kirchner, como una perfecta máquina electoral, potencia las debilidades de sus adversarios y pasa con su ambulancia llena de dinero a recoger a los heridos políticos de de la oposición, con el único objetivo de perpetuarse en el poder.
Es verdad que los argentinos no están pensando ahora en los comicios presidenciales de 2011. Que las preocupaciones más acuciantes son la inseguridad, la inflación y la corrupción gubernamental, en ese orden. Pero también es cierto que en la cabeza de muchos habitantes de este país están empezando a repiquetear preguntas que apuntan al futuro. Preguntas del estilo: ¿podrá un radical como Julio Cobos o Raúl Alfonsín gobernar un país tan conflictivo como éste? ¿podrá hacerlo Macri, si no es capaz de salir airoso de la embestida judicial que alienta el kirchnerismo? Duhalde, ¿no forma parte del pasado? ¿Se podrá confiar en Reutemann, un hombre que no habla, que no atiende el teléfono y se encierra en su casa de campo a meditar?
Todavía estas dudas no tienen una respuesta mayoritaria, como sí la tiene la pregunta de: ¿Te imaginás cuatro años más de Néstor Kirchner o Cristina Fernández de Kirchner? Porque lo intuyen o lo saben, ambos trabajan a destajo para reducir la sensación de hartazgo y desgaste que vienen provocando sus figuras y el ejercicio del poder.
Ahora los dos hablan bajito, casi en susurros. Y el ex presidente envía a sus títeres a esmerilar a opositores y periodistas para no aparecer como un cabrón o un hombre iracundo e intolerante.
Todavía los números no le alcanzan para ganar en primera vuelta o pensar con un triunfo apretado en la segunda. Pero mientras casi todos sigan trabajando para él, puede seguir soñando despierto.
Especial para lanacion.com |
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Escrito por Luis Majul
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Miércoles, 11 de Agosto de 2010 09:28 |
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Néstor Kirchner, el Gran Titiritero, ha vuelto al estilo de hacer política que más réditos le otorga: se muestra como un hombre de paz pero manda a sus empleados y seguidores a "la guerra sucia", mientras él mismo opera sobre sus adversarios del oficialismo y la oposición.
Alentado por las encuestas, el ex presidente parece haber entendido que no es negocio descalificar en persona todo el tiempo a quienes considera sus enemigos, pero sigue siendo muy fructífero mandar a sus títeres para esmerilar a Mauricio Macri, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, el Grupo Clarín y los periodistas que no escriben ni hablan al compás de sus deseos.
Ahora mismo, su ejército de incondicionales tiene un poder de fuego y de reacción que nadie hubiese imaginado cuando el proyecto K era visto como un sueño para hacer un país más justo, y no, como resulta ahora, una maquinaria muy bien aceitada para perpetuarse en el poder.
Actrices y actores conocidos y reconocidos, cantautores que ya pasaron su época de apogeo, locutores, filósofos egocéntricos y ex periodistas de investigación que durante el menemismo dieron cátedra de cómo se denuncia al poder, tomaron la decisión de embadurnarse con el barro de la política chica, seducidos por un llamado de Kirchner, una conversación con Cristina Fernández, contratos en la televisión pública o promesas de diversos proyectos financiados por el Estado nacional.
Hay que aclarar enseguida que no a todos los moviliza un interés económico o personal. Y hay que reconocer que a la mayoría de ellos el ex presidente les dijo o les mandó a decir exactamente lo que necesitaban escuchar: que son los mejores en su disciplina, que este gobierno tiene muchas cosas para corregir pero que ahora los necesita, más que nunca, para detener el avance de la derecha, el capital concentrado y quienes esperarían, agazapados, con la intención de destruir los logros alcanzados en materia de derechos humanos y diversidad social.
El Gran Titiritero ya no sale a insultar ni agraviar a Héctor Magnetto o a Duhalde. La Presidenta tampoco menciona por su nombre y su apellido a los referentes de la oposición. Sólo utilizan términos menos precisos como "las corporaciones" o "quienes hundieron al país en la crisis más grave de toda su historia" para hablar del Grupo Clarín y la oposición política. Y luego llaman por teléfono desde su casa de El Calafate a los ministros Aníbal Fernández o Héctor Timerman, a los jefes de los bloques del Frente para la Victoria en el Senado, Miguel Pichetto, o en Diputados, a Agustín Rossi, o al ultrakirchnerista Carlos Kunkel para ordenarles que apunten a la cabeza de los políticos y los periodistas que con sus críticas y sus denuncias afectan el sueño de Kirchner de perpetuarse en el poder.
Eso sí: de la rosca política se encarga el propio ex presidente. Y lo hace con la misma efectividad de la que se enorgullecía Carlos Menem cuando ocupaba la primera magistratura. En la provincia de Buenos Aires, donde debería ganar con el 50 por ciento de los votos si aspira a triunfar en la primera vuelta de las presidenciales, acaba de desplegar su "arte" para cercar al gobernador Daniel Scioli y aplicar su método "abrazo de oso" con la intención de "contaminar" de kirchnerismo a figuras con imagen positiva como Sergio Massa y Santiago Montoya. Los dos últimos, y también los intendentes que hoy ganan en sus distritos con relativa facilidad, rezan para que no se publiquen las fotos de sus encuentros sonriendo junto al presidente del Partido Justicialista. "Para los que ganamos con más del 50 por ciento de los votos, Kirchner es piantavotos", reconoció uno que brilló por su ausencia en el lanzamiento de la agrupación de Alicia Kirchner.
Sobre su juego para romper un posible acuerdo entre peronistas no kirchneristas sólo se sabe que obtuvo una media palabra del gobernador de Chubut, Mario Das Neves, para competir contra él en las internas de agosto.
Todavía no es mucho pero parece mejor que nada.
Kirchner sabe que cada día que pasa, con su figura como candidato instalado y la demora del "panradicalismo" y el "pamperonismo" para definir a los suyos, crece más la sensación de "falta de alternativas válidas" al proyecto de poder oficial.
La discusión que ahora cruza a toda la oposición es sobre el manejo de los tiempos. Unos pretenden apurar las candidaturas y otros prefieren esperar un repunte en las encuestas.
Los más apurados son Mauricio Macri y Ricardo Alfonsín. Ellos aparecen, en todas las encuestas, como los candidatos a presidente con más intención de votos para la primera vuelta. Macri quisiera acordar con el peronismo no kirchnerista ahora mismo, para evitar que la comisión investigadora de la Legislatura y ahora el derrumbe de Villa Urquiza lo transformen en un moribundo político.
Los que sostienen que todavía hay mucho tiempo son Julio Cobos, Eduardo Duhalde, Elisa Carrió, Francisco De Narváez y Felipe Solá.
Cobos, porque le convendría competir con Alfonsín en internas abiertas donde votaran no solo la militancia de la Unión Cívica Radical sino "los independientes" que lo vislumbran como alternativa al estilo autoritario de los gobernantes K.
Duhalde, porque piensa que el tiempo hará bajar su todavía alta imagen negativa y subir su todavía baja imagen positiva.
Solá, porque espera que su figura levante vuelo de una vez.
De Narváez, porque tiene la esperanza de que Carlos Reutemann aparezca, a último momento, sobre una alfombra roja para enfrentar a "El Loco" sin haber sufrido el desgaste de los otros postulantes. También porque tiene una mínima expectativa en que la justicia lo deje competir por el trofeo mayor.
Y finalmente Carrió prefiere no apurarse, porque espera el milagro de ser considerada "la única salida honesta" para terminar "con el gobierno más corrupto de la historia".
Mientras tanto, el Gran Titiritero, con el dinero del Estado en una mano y los números de las encuestas en la otra, disfruta de este momento de confusión.
Especial para lanacion.com |
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Escrito por Luis Majul
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Lunes, 09 de Agosto de 2010 09:38 |
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El sostenido crecimiento de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en las encuestas preocupa a la oposición en general, pero no inquieta a los que dicen manejar números finos y precisos. "Encuestadictos" como Eduardo Duhalde, Mauricio Macri y Francisco De Narváez siguen sosteniendo que el kirchnerismo tiene fecha de vencimiento, porque el ex presidente tiene el destino de su supuesta contrafigura: el senador Carlos Menem, quien le ganó a Kirchner en la primera ronda pero abandonó el ballotage, porque perdía 70 a 30.
Ellos creen que, si el esposo de la Presidenta se presenta, hará un buen papel en la primera vuelta, e incluso, hasta la puede llegar a ganar. Pero también afirman que no tiene ninguna posibilidad de triunfar en la segunda. “Ni él ni su esposa”, explican cerca de Duhalde.
¿Pero qué pasa si ambos siguen aumentando su imagen positiva y la economía no detiene su crecimiento, mientras la imagen de la mayoría de los líderes de la oposición, menos la de Ricardo Alfonsín y Mauricio Macri, sigue cayendo, sin prisa y sin pausa?
“Todavía hay tiempo para revertir la tendencia, pero lo que está pasando ahora es una señal de alerta para los que creíamos que Kirchner ya había perdido”, explicaron los que manejan los asuntos de Macri, mientras intentan capitalizar el empujón hacia arriba que le regaló la confirmación del procesamiento al colocarlo como el principal adversario del presidente del Unasur.
Uno de los directores de Poliarquía, la encuestadora que primero reconoció el fenómeno y que es una de las más precisas del mercado, explicó:
–De todos los argentinos en condiciones de votar en 2011, un poco más del 50 por ciento afirma que no votaría a Kirchner jamás, un poco menos del 25 por ciento contesta que lo hará sin ninguna duda y un 25 por ciento responde que hoy no lo votaría, pero que necesita saber quiénes serán los demás candidatos para decir taxativamente que no lo eligirá.
–¿Esto quiere decir que todavía tiene posibilidades de conquistar o reconquistar a un 25 por ciento del electorado?
–No. Quiere decir que, por ahora, Kirchner aparece como el único candidato. Pero cuando se definan las candidaturas del "panradicalismo" y el "pamperonismo" cerca de dos tercios de los votos se podrían ir a la oposición.
La reunión de esta semana del hombre más importante de Clarín, Héctor Magnetto, en su domicilio particular con Macri, Duhalde, Carlos Reutemann, Francisco De Narváez, Felipe Solá y tres periodistas del diario no fue ni la primera, ni la más importante. Tampoco será la única.
Su antecedente inmediato fue otra que se realizó el martes 4 de agosto de 2009 a las 9 y media de la noche, y de la que participaron Reutemann, Solá, los gobernadores de Córdoba, Juan Schiaretti, de Chubut, Mario Das Neves y el ex gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti.
En ambos encuentros, los interrogantes que se plantearon, de manera más o menos sutil, son los de siempre. ¿Cómo se hace para evitar que Kirchner se perpetúe en el poder? ¿Podrían Julio Cobos o Ricardo Alfonsín gobernar con el temple y la eficiencia necesarias en caso de ganar las elecciones? ¿Serán capaces de soportar los embates de los cada vez más poderosos dirigentes sindicales y sociales?
Nadie lo afirmó de manera contundente. Sin embargo, quedó claro que si Reutemann no quiere, De Narváez no puede y a Duhalde y Solá no les alcanza, el peronismo disidente deberá acordar con Macri las condiciones de su candidatura, y contenerlo para evitar que su vía crucis judicial y político no lo termine sacando de la cancha.
El alerta del crecimiento de Kirchner, lo único que hizo, fue acelerar los tiempos de la negociación.
–Antes de fin de año deberíamos acordar la cancha, la camiseta, el árbitro y la pelota con la que vamos a jugar– explicó un operador del jefe de Gobierno.
Los operadores del Gran Titiritero trabajan en las sombras para evitar el gran acuerdo que lo alejaría del poder después de casi nueve años.
Publicado en El Cronista |
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Escrito por Luis Majul
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Miércoles, 04 de Agosto de 2010 09:16 |
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El domingo pasado, Nelson Castro escribió en Perfil una información inquietante. Reveló que, en el medio del debate por la resolución 125, un senador nacional había recibido dos mensajes de texto para que votara a favor del proyecto del aumento de retenciones que impulsaba el gobierno nacional. El primer mensaje decía: "Hay dos millones de dólares para vos". Como el emisor no obtuvo respuesta, disparó otro: "Pedí lo que quieras". La identidad del senador no fue revelada por el periodista con el objeto de mantener la reserva de la fuente. Sin embargo, los datos de aproximación permitían investigar o deducir de quién se trataba.
Era alguien a quienes los operadores del Gobierno lo intentaron ubicar durante todo aquel día, sin éxito. Alguien que había cerrado los teléfonos para evitar las presiones de los ministros del gobierno nacional, del gobernador y la vicegobernadora de su provincia y de su compañera de bancada. Alguien que había estado almorzando en el comedor del Senado y se había levantado con un peso enorme, muy parecido al del vicepresidente Julio Cobos antes de su histórico voto "no positivo".
Era el senador oficialista de Santiago del Estero, Emilio Rached.
El lunes, los productores del programa de radio que conduzco llamaron a Rached, lo pusieron en el aire y el senador, sin muchas ganas, confirmó que se trataba de él. También convalidó el grueso de la información publicada en Perfil.
El legislador parecía incómodo y no mostraba ninguna intención de llevar el asunto hasta el final. Sin embargo, no tuvo más remedio que reconocer que recibió esos y otros mensajes de texto y de voz en su teléfono celular y también en los directos de su oficina en el Senado. También que las presiones eran enormes y que a partir de su decisión le quitaron la custodia a su hija y los medios de su provincia lo ignoraron por completo. Además aceptó, como lo había adelantado Castro, que un senador que se encontraba al lado suyo recibió en su propio teléfono mensajes de texto del mismo tenor. Ayer a la mañana, el propio Rached, en conversación con Radio Mitre, admitió que quien estaba sentado a su lado era la senadora nacional por su provincia Ada Iturrez de Capellini. La senadora es una de las que viajó junto a la comitiva oficial que acompañó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su viaje a China y que de esa manera evitó votar en contra de la ley a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Es, además, esposa de Rodolfo Capellini, intendente de Ojo de Agua, un distrito de Santiago del Estero que acaba de recibir, por parte del gobierno nacional, una ayuda extraordinaria de 5 millones de pesos.
Lo que hicimos junto a nuestros compañeros de trabajo fue solo un ejercicio que se enseña a los aspirantes en cualquier universidad de periodismo y comunicación.
Pero lo que acaba de reconocer Rached es un intento de extorsión.
En un país donde las instituciones funcionaran con normalidad, el propio Rached ya se debería haber presentado a la Justicia, para ampliar semejante denuncia y deslindar responsabilidades. En una sociedad seria y organizada, un fiscal o un juez ya deberían estar investigando las llamadas recibidas por el senador que votó a favor de la 125 y dejó al Gobierno sin su trofeo mayor. Los especialistas en la materia aseguran que no parece difícil reconstruir la ruta de los llamados para comprobar si lo que sostiene el legislador es la pura verdad.
Los defensores a ultranza del proyecto K llaman a este sencillo trabajo profesional, como a muchos otros, "operación política" o "novela de ficción". Lo mismo decían los seguidores de De la Rúa de las coimas en el Senado denunciadas ante la Justicia y por las que Carlos "Chacho" Alvarez renunció a la vicepresidencia de la Nación.
Los que denunciamos, desde hace muchos años, hechos de corrupción cometidos durante los gobiernos de Carlos Menem, Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde, creemos que no hay ninguna razón para justificar actos ilegales o inmorales protagonizados durante la presente era kirchnerista.
No hay una corrupción buena y otra mala. No hay una "emblemática o estructural" y otra "aceptable que sirve para hacer política". La corrupción no es de derecha ni de izquierda, ni progresista ni reaccionaria. Si los que apoyan a este gobierno salieran a denunciarla y combatirla, a su jefe político, Néstor Kirchner, quien todavía lucha por perpetuarse en el poder, les iría mucho mejor.
Especial para lanacion.com |
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