Los detractores de Cristina Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Jueves, 05 de Enero de 2012 12:34

 

Me había prometido no escribir durante todo el mes de enero, pero ayer a la mañana sucedió algo que modificó mi decisión. Fue después de abrir la computadora, navegar por las principales noticias y detenerme en los comentarios de algunos lectores sobre la primera información de la mañana: la intervención quirúrgica de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.



Estoy de vacaciones en Cariló. Aquí consigo "desenchufarme" porque lo único que oigo por la mañana, bien temprano, es el canto de algunos pájaros y los ladridos esporádicos de Pepa, nuestra perra; nada fuera de lo natural, y mucho mejor que los ruidos de la calle y de la vida en la ciudad de Buenos Aires. Debo reconocer, además, que casi nunca leo los comentarios a las notas. Ni los de las ajenas ni los de las propias. En las pocas oportunidades en que lo hice, no encontré nada demasiado interesante o enriquecedor. Sí mucho odio, "militancia" y chiste fácil, todo sin filtro, con una sintaxis pobre, un desconocimiento alarmante de la historia reciente (y de la no tan reciente también) y una ortografía digna de aplazo.



De manera que primero ingresé en LA NACION y me encontré con el cartelito que informaba que, durante la jornada, el artículo sobre la operación de cáncer de tiroides no iba a contener comentarios. Se trata de una medida a la que recurre el diario cada vez que aparecen asuntos "demasiado sensibles". Y es, también, una decisión que tomaron, a conciencia, profesionales como Joaquín Morales Solá y Beatriz Sarlo, entre otros, sobre sus propios artículos. Supongo que lo hicieron debido a que los comentarios, en general, no les parecen serios o dignos de aparecer junto con sus textos. Porque, es bueno recordarlo, muchos de esos comentarios son escritos por personas que no revelan su identidad. Y, casi siempre, los contenidos no cuentan con una mínima elaboración previa. Simplemente se "vomita" lo primero que a una o uno se le ocurre, y al instante aparecen en la pantalla de tu computadora o la mía, casi con la misma categoría e importancia que el escrito del autor.



La operación de Cristina Fernández comenzó antes de las 9. A las 8.32, clarín.com colgó su título principal: "Ya operan a Cristina por el cáncer en la glándula tiroides". Y enseguida se empezaron a leer los comentarios. Uno de los primeros fue el de alguien que se presentó como Horacio Rivara. El señor Rivara ostenta la estrellita de "mejor comentador" y dice que trabaja como "autor de laLuftwaffe en la Argentina". Su "reflexión" apareció debajo de la nota. Por lo tanto, produjo la sensación de "dominar" el escenario virtual del diálogo, "la pelea" o el intercambio con los demás comentaristas. Rivara escribió: "Ojalá que su encuentro próximo con la muerte la ayude a re-evaluar algunas cosas de su vida, como su empeño en dividir a los argentinos y agradir [sic] a periodistas. Además la lleve a devolver los millones que ella y su marido juntaron a su verdadero dueño, el pueblo argentino y de Santa Cruz. Asimismo, sería bueno que pida perdón a los Hermanos Herrera Noble por los sufrimientos que les hizo pasar con el fin de perjudicar a su madre". Aunque parezca mentira, ese pareció ser el "análisis" más prudente de la decena de comentarios aparecidos, junto con el de Haydeé Viglianco, de General Pico, quien, al responder a otros lectores, consideró "irrespetuoso desearle la muerte a cualquier persona". De allí para abajo casi todo fue algo muy parecido a la basura. Por ejemplo, Franco Frigyesi, "comentarista destacado" y "conectado a hotmail", escribió: "Ojalá se muera así deja de robarnos". Y Mar Tincho Schiantarelli, "de Mar del Plata", agregó: "Señor doctor Pedro Saco: .¡¡Haga patria y mandela con su marido!!. ¡¡¡Por una Argentina con real democracia!!!".



Un poco más temprano, un comentarista cuya "identidad" no alcancé a registrar y que fue borrado minutos después, había sentenciado, en una variante actualizada de "Viva el cáncer", el siguiente e indigno deseo: "Dale cáncer, que vos podés". Entre muchas otras "reflexiones", esta última, "dale cáncer, que vos podés", fue la que más me revolvió el estómago. Porque resume todo el odio irracional, brutal, innecesario y, en especial, con altas dosis de violencia explícita que un ser humano puede ejercer contra otro, aunque esa persona se esconda detrás de un nickname y lo manifieste a través de una computadora o un teléfono celular.



Fue un revoltijo parecido al que sentí cuando otro cibernauta enmascarado "reveló", por Twitter, la "muerte" de Jorge Lanata. No demasiado distinto a cuando los ingeniosos creativos de Barcelona llevaron su humor negro a dudosos extremos al titular, en tapa, "Muera Lanata" como una respuesta "audaz" al "Viva Lanata", la impactante portada que la revista Noticias publicó días después de que se revelara que el periodista padecía de una insuficiencia renal y que debía someterse a sesiones de diálisis de por vida, o hasta tanto recibiera un trasplante de riñón.



Comprendo a los seguidores de Cristina Fernández y comparto la indignación que los embarga cuando unos miserables sin nombre la llaman "yegua" a ella o "tuerto" al desaparecido ex presidente Néstor Kirchner. Pero no creo que "la estrategia" de Máximo Kirchner (que consiste en impartir directivas a los chicos de La Cámpora para que ellos y otros cientos salgan a insultar a los periodistas críticos que denuncian o analizan el gobierno de su padre o de su madre) ayude a mejorar el "clima de época", enriquecer el debate y elevar el tono de la discusión política.



Pero ¿cuál será el impacto real de estas oleadas de odio en estado puro? No sé, a ciencia cierta, cómo influirá en los lectores de los diarios y los sitios de Internet. Tampoco me imagino la importancia que le asigna la Presidenta a este tipo de cuestiones. Sé que Jorge quiso pegar en la pared de una de las habitaciones de su casa la tapa de Barcelona y que su esposa, Sara Stewart Brown, le sugirió que no lo hiciera, porque pensaba que era "una humorada" muy difícil de explicar ante Lola, la pequeña hija de ambos.



En mi caso, las agresiones injustificadas generan el efecto contrario que se pretende lograr: en vez de paralizarme, humillarme o neutralizarme, me dan más ganas de seguir escribiendo libros, hacer radio y televisión o redactar artículos como éste. Lo saben mis amigos y mis parientes. Por eso ahora nos reímos juntos cuando una burla "bien elaborada" pasa la línea de la mediocridad general. Espero, de verdad, que la Presidenta se reponga cuanto antes. Y que no la contagie el odio que expresan algunos de sus detractores. Y que tampoco la afecte, en ningún sentido, el resentimiento que demuestran quienes se presentan como sus soldados y sus seguidores incondicionales. No le va a hacer bien a Ella ni a nadie.

 

Publicado en La Nación

 
Cristina puso a la prensa a la defensiva Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Jueves, 29 de Diciembre de 2011 11:32

 

La constante ofensiva del Gobierno sobre los medios de comunicación y los periodistas críticos parece la más brutal y exitosa de toda la historia reciente de la Argentina. Aun en el medio del impacto por el cáncer de tiroides que le acaban de confirmar a la Presidenta y del que seguramente se recuperará en pocos meses, vale la pena analizarlo con detenimiento. Ni Juan Perón pudo hacerlo mejor. La administración de Cristina Fernández de Kirchner ha logrado colocar a la defensiva a casi toda la prensa, con la excepción de los medios y colegas que trabajan para su proyecto (que cada vez son más y se llevan más dinero del Estado).



La coartada fue casi perfecta: mostrar al Grupo Clarín como un gigante poderoso capaz de voltear gobiernos y presentar batalla en nombre de los más débiles. Puesta en esos términos, la "guerra" generó la adhesión no sólo de los kirchneristas más radicales, sino de buena parte de la sociedad. Pero el Gobierno, mientras tanto, puso al resto de los medios y a toda la oposición detrás de la gran coartada. Y los terminó neutralizando y desnaturalizando.



Hoy, los periodistas profesionales deberíamos estar hablando y escribiendo sobre el nuevo departamento de nueve millones de pesos que, según el diario Libre, se compró en Puerto Madero la empresa Los Sauces, cuya mayoría es propiedad de la jefa del Estado. O preguntando si corresponde que la Presidenta contrate a una kinesióloga para Ella y su familia con el dinero del Estado nacional. (¿Qué habrían escrito los periodistas e intelectuales que hoy apoyan a Cristina Fernández si esa compra y esa contratación la hubieran decidido los ex presidentes Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde?) Ahora mismo, quienes tenemos la responsabilidad de informar deberíamos estar investigando por qué se cierran, una a una, las causas vinculadas a la corrupción oficial, como Skanska. O cómo se reasigna el presupuesto sin el más mínimo control. O por qué se siguen manipulando las estadísticas oficiales sin que ninguno de los otros poderes del Estado reaccione. O por qué se duermen los expedientes con denuncias de la Auditoría General de la Nación. O por qué no se encuentran los culpables de los asesinatos políticos de Formosa y de Jujuy. O cómo se discrimina, a favor de Hebe de Bonafini, la investigación sobre la Fundación Madres de Plaza de Mayo y Sueños Compartidos. O el detalle del gasto millonario de Aerolíneas Argentinas.



Ese es nuestro trabajo. Ese es nuestro rol. Informar sobre las cuestiones del poder. Analizar las cuestiones del poder. Opinar sobre las decisiones que toma el poder. Y, sin embargo, estamos a la defensiva. Discutiendo sobre la propiedad y el grado de concentración de los medios. Sobre Papel Prensa, Cablevisión y la ley de medios. Sobre si Clarín "miente" o no "miente". Sobre la inhibición de los bienes de LA NACION. Perdiendo tiempo y energía para responder los ataques personales de un ejército que cobra miles de pesos por insultar a profesionales de impecable trayectoria. Aunque Cristina Fernández de Kirchner haya ganado con casi el 54% de los votos, aunque haya conseguido la aprobación de leyes dignas de elogio, aunque la oposición siga fragmentada y sin ideas, los periodistas deberíamos ignorar la provocación oficial, volver a las fuentes y no perder de vista nuestro objetivo: mostrar lo que intenta ocultar el poder. Para eso, no deberíamos esperar a que Cristina baje su imagen positiva, o a que la desaceleración de la economía nos haga más "simpáticos" o más "dignos de ser escuchados".



El plan perfecto de demolición de la prensa crítica siempre tendrá un enemigo indestructible: la propia realidad. O, para decirlo de una manera más sencilla, el peso de los hechos. El Gobierno, por ejemplo, pudo, en su momento, hacer política y lograr votos al agitar la sospecha de que Marcela y Felipe Noble Herrera eran hijos de desaparecidos. Sin embargo, al final del camino, los hechos prevalecieron. Y hasta Estela de Carlotto, una mujer que puede equivocarse pero no miente, tuvo que admitir que no hay evidencias que demuestren que lo son. Los gritos e insultos de los más fanáticos podrán hacer olvidar que la familia Kirchner multiplicó su fortuna mientras trabajaba para el Estado y que todavía ninguno de sus miembros pudo explicar, de manera contundente, cuál es el mecanismo legal que utilizaron para lograrlo. Pero un buen día puede presentarse un filósofo K, aceptar un reportaje de un medio crítico a propósito de su último libro y decir, suelto de cuerpo: "Es muy incómodo adherir al gobierno de dos gobernantes multimillonarios que están comandando un gobierno nacional, popular y democrático y que te hablan de hambre". Puede hacerlo en el mejor momento del Gobierno y en el pico de su impresionante ego. Puede intentar aclararlo después, ante un periodista adherente y complaciente, y sin embargo echar más leña al fuego al agregar: "Qué Néstor y Cristina hayan afanado me molesta, pero eso no arruina lo que hicieron". O plantear un pensamiento más novedoso y complejo, al afirmar: "No hay político que no haga acaparamiento de dinero. Por muchos motivos. Yo diría que Cristina es la que más motivos tiene para hacerlo? porque está nucleando tantos odios de la derecha que en cualquier momento se tiene que ir del país". Las palabras de José Pablo Feinmann podrán ser silenciadas, manipuladas o malinterpretadas. Pero ya fueron dichas. Ya fueron escritas. Fueron leídas. Y fueron escuchadas. Como un "error del sistema". Como algo que se mete en el medio de la realidad, aun cuando la idea es no contarlo.



Si Feinmann y otros quieren averiguar cómo acaparan el dinero funcionarios de este gobierno no tienen más que preguntarle a Marcelo Saín, ex responsable de la Policía Aeroportuaria, que se fue del cargo con la certeza de que agentes de la Secretaría de Industria, la Aduana y de la AFIP cobraban coimas para dejar entrar y salir contenedores con mercadería de contrabando. Representantes de la Unión Industrial Argentina se lo hicieron saber a la Presidenta en una reunión de trabajo. Le explicaron que hay empresas textiles que, por culpa del contrabando, están al borde de la quiebra. Uno de ellos le escuchó decir a la jefa del Estado: "Tráiganme pruebas, porque yo no estoy de acuerdo con esa caja". ¿Quiso decir Cristina que sabía de su existencia, pero que necesitaba evidencias para desarmar el negocio? ¿Dio a entender que hay cajas con las que sí está de acuerdo? Para llegar a la verdad, siempre es bueno que haya periodistas dispuestos a contarla.

 

Publicado en La Nación

 
La "posición dominante" de CFK Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Lunes, 26 de Diciembre de 2011 09:42

 

 

En estas fiestas, el concepto de moda se llama "posición dominante". Se trata de un término técnico y empresario. Mejor dicho: de negocios. Para mayor precisión: del tipo de competencia que se da en una actividad determinada. En la Argentina, "posición dominante" fue sinónimo de "Grupo Clarín" durante mucho tiempo. Lo usaron Julio Ramos, Héctor Ricardo García, Jorge Fontevecchia y Jorge Lanata, entre otros, para explicar cómo Clarín se valió de Papel Prensa con la intención de obtener papel de diario más barato y así asfixiar a la competencia. En su momento, el editor de Perfil explicó que el abuso de esa posición hizo que se discontinuara el diario que creó en el año 1998. También expresó que la posición dominante de Clarín se extendía al área departamento comercial, porque los gerentes del grupo amenazaban a los anunciantes con no publicar los avisos si también publicitaban en Perfil.


Ahora, tanto Fontevecchia como Lanata explican que ya no es necesaria una ley contra Papel Prensa como la que acaba de aprobar el Parlamento oficialista porque cualquier diario puede comprar papel importado más barato de lo que lo vende la empresa de Clarín, La Nación y el Estado. Sin embargo Horacio Verbistky, un periodista que acompaña la mayoría de las decisiones de este gobierno, explicó que se trata de un fenómeno volátil, igual que el precio de la soja, y que por lo tanto hay que apoyar con entusiasmo la ley que pidió la Presidenta. Verbitsky descuenta que el Estado debe asumir con fuerza su papel regulador, y parece no tener en cuenta los antecedentes de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, quienes utilizaron y siguen utilizando su posición dominante y monopólica en la distribución de la publicidad oficial para ahogar a los medios y periodistas críticos y favorecer a los sumisos y alineados, como el matutino donde él es columnista. Este es, precisamente, el argumento central de Fontevecchia, Lanata, Clarín y La Nación. Para que se entienda bien: ni los periodistas ni los diarios dudan de que se trata de una jugada de Cristina Fernández para acallar las voces críticas.



Los accionistas del Grupo Uno Medios tuvieron la deferencia de hacerme llegar la información que explica la demanda de Supercanal contra Cablevisión. Me enviaron una copia del fallo del juez que hace lugar al pedido, designa un coadministrador y le ordena que deje sin efecto la fusión de Multicanal y Cablevisión que firmaron tanto Néstor Kirchner y Guillermo Moreno en noviembre de 2007, cuando terminaba el mandato del ex presidente. Luis Galli, CEO del Grupo Uno, afirmó, en un reportaje que le hice para la radio, que la demanda había sido presentada hace ocho meses y que se basa en una queja por supuesto abuso desmedido de la posición dominante de Cablevisión en las provincias donde compite contra Supercanal y otros operadores de cable. Le pregunté a Galli por qué había sido un juez de Mendoza quien ordenó anular la fusión y me explicó que la posición dominante afecta las actividades de Supercanal también en esa provincia. Le pregunté si sabía por qué el magistrado le había ordenado a la gendarmería ingresar a la sede de Cablevisión. Me respondió que lo ignoraba. Me aclaró que para él y para el Grupo Uno se trata solo de una cuestión de negocios. Me recordó que en todo el mundo las empresas litigan cuando se sienten amenazadas, y que en los Estados Unidos todos los días los grandes grupos se la pasan defendiéndose contra demandas por uso y abuso de posición dominante.



Me consta que las quejas de Supercanal contra Cablevisión no empezaron ayer. Y es innegable que se trata de una cuestión de negocios. ¿Qué se entiende, en este caso, por abuso de posición dominante? ¿Cuál es el porcentaje máximo de "torta" del negocio que permite la ley? ¿Tiene que ver solo con el tamaño del pedazo de torta o con el tipo de acciones de la empresa con más poder? Esto es algo que debería resolver Defensa de la Competencia y los jueces probos y fuera de toda sospecha. Sin embargo, hasta un niño que empieza a leer los diarios puede darse cuenta que el gobierno nacional debe estar disfrutando de las alternativas del litigio entre ambos grupos periodísticos.



Es que la verdadera posición dominante, abusiva, autoritaria y avasallante es la del gobierno nacional, cuyos funcionarios no dudan en usar cualquier herramienta legal o ilegal para acumular más poder, y si es posible perpetuarse hasta más allá diciembre de 2014, que es cuando la Presidenta culmina su mandato. Como la pelea es a muerte y el objetivo no es negociable, la administración puede recoger en el camino aliados tácticos para infringir mayores daños, o demoler a quienes fueron socios estratégicos, como Hugo Moyano, Daniel Scioli o, en su momento, el propio Grupo Clarín. Los voceros oficiales no se cansan de repetir que todas sus iniciativas tienen la intención de proteger a los más débiles y garantizar igualdad de oportunidades para todos. Pero cada vez está más claro que, en la Argentina, se están empezando a perder los espacios de libertad para informar y opinar. Y que lo que pretende este gobierno es contar con una opinión pública domesticada. En especial a partir del año que viene, cuando la desaceleración del crecimiento de la economía podría influir en el humor social.



La preocupación por este clima persecutorio está presente en cada uno de los entre 5 mil argentinos a los que se podría catalogar como "formadores de opinión". Son empresarios, sindicalistas, profesionales con acceso a información más allá de los medios masivos, fiscales, jueces y altos funcionarios de toda la administración pública. El problema es que muchos de ellos dependen directa o indirectamente de las decisiones del gobierno y no parecen tener lo que hay que tener para empezar a habla en voz alta.



Aunque el contexto es diferente, no es distinto al comportamiento hipócrita de la mayoría silenciosa que convalidó, por acción u omisión, muchas de las acciones de la última dictadura. Que nadie se confunda: no estoy comparando a este gobierno, que acaba de ganar de manera legítima, con el 54 por ciento de los votos, con el denominado Proceso de Reorganización Nacional. Estoy hablando del comportamiento acomodaticio de quienes saben y callan. Mañana, si las consecuencias se agravan, dirán que ellos no la votaron, como hicieron con Carlos Menem y Fernando de la Rúa, acá cerca y no hace tanto tiempo.

 

Publicado en El Cronista

 
Ahora o nunca Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Jueves, 22 de Diciembre de 2011 09:35

 

Ahora que Cristina Fernández hace una pausa para asimilar el impacto de la inesperada muerte de uno de los amigos de su hijo Máximo, y que la mayoría de los argentinos tiene la cabeza puesta en las próximas Fiestas, es necesario analizar por qué el Gobierno eligió este momento para atacar, bien a fondo, y de una sola vez, a quienes considera sus máximos enemigos.



La primera razón es obvia: la jefa del Estado vive un instante político brillante y probablemente irrepetible. Con el 54% de los votos, una imagen positiva de más del 70%, un Parlamento que trabaja como la escribanía de la Casa Rosada y un sistema judicial que dejó de funcionar como el contrapeso mínimo e indispensable para evitar los abusos y la prepotencia oficiales, es posible que Ella no tenga otra oportunidad mejor para imponer las leyes que necesita y al mismo tiempo pulverizar a quienes hoy o mañana puedan amenazar su hegemonía en el ejercicio del poder.



La segunda razón es, también, de oportunidad. A punto de brindar por la Nochebuena, el año que se va y el año que llega, no hay demasiados argentinos dispuestos a escuchar, por ejemplo, la engorrosa idea de que la ley de regulación de Papel Prensa es, en el fondo, un instrumento del Gobierno para condicionar a los medios y periodistas críticos y profundizar el discurso único. O, para decirlo de otra manera: una ofensiva para atacar la libertad de expresión y limitar el pensamiento libre. Por eso mismo, la administración se apura y quiere transformarla en ley casi sin debate, entre las burbujas de los brindis y la arena de la playa de este verano anticipado.



La tercera razón es una respuesta imprescindible para quienes todavía se preguntan por qué Cristina Fernández "se arriesga a poner en juego todo su capital político" al pelearse, al mismo tiempo, con el Grupo Clarín; con el jefe de la CGT, Hugo Moyano, y con el gobernador Daniel Scioli. Se trata de la misma estrategia que en su momento eligieron "los soldados" de la Presidenta para enfrentar a la oposición política. Ellos ya saben que es mejor colocar a "todos los enemigos" en "una misma bolsa" y en el "mismo espacio de tiempo" que lidiar con uno a la vez y en distintas etapas, cuando no siempre el escenario "de combate" pueda resultar tan favorable como ahora.



Néstor Kirchner solía dibujar figuras geométricas en un papel para hacerles comprender a sus aliados con qué lógica elegía y combatía a sus "enemigos políticos". Si el ex presidente viviera, estoy seguro de que pondría de un lado a Cristina Fernández y sus aliados "progresistas" y "con buena prensa", y del otro lado escribiría una larga lista integrada, entre otros, por "la corpo mediática", Moyano, Luis Barrionuevo, Juan José Zanola y José Pedraza, Gerónimo Venegas, Scioli, Eduardo Duhalde, las figuras menos presentables del Peronismo Federal y también Mauricio Macri, antes de que el jefe de gobierno de la ciudad empiece a hilvanar acuerdos con los intendentes radicales mejor vistos y los peronistas que tienen votos en sus respectivos distritos.



Cuando Él y Ella eligieron a Héctor Magnetto como el "líder de la oposición" les "bajaron el precio" de manera automática, y de una sola vez, a todos los periodistas y los políticos que quedaron "del otro lado". Así se ahorraron el trabajo de pulverizar a uno por uno y dejaron que el "imaginario colectivo" los uniera, mientras construían el relato de presentarse como el mejor gobierno de toda la historia de la Argentina.



El último eslabón de la cadena del plan que se podría denominar "Ahora o nunca" es, desde mi punto de vista, el más interesante y engañoso. Porque los ataques personales o interesados vienen "escondidos", "mezclados" o "enmascarados" con iniciativas o proyectos de ley dignos de aprobación o reconocimiento. Es más: a veces, en un mismo proyecto de ley conviven artículos que cualquiera podría apoyar con otros que parecen escritos para tomarse revancha de viejos o nuevos adversarios.



Analicemos, por ejemplo, el nuevo estatuto del peón rural. Está lleno de buenas intenciones. La prohibición del trabajo infantil y el establecimiento de remuneraciones mínimas que no podrán ser inferiores al salario mínimo vital y móvil son sólo dos de ellas. Pero también viene con una pequeña "trampita": le quita a Venegas el control del Renatre -un fondo de 800 millones de pesos anuales- y lo pone en manos del Ministerio de Trabajo. Lo mismo sucede con el paquete de leyes económicas, que se discute todo junto y sin derecho al pataleo. Si se lo estudia con detenimiento, nadie podría estar en contra de la ley de límites a la venta de tierras, el nuevo código penal tributario o con la idea de contar con un presupuesto presentado en tiempo y forma. Pero, entre los pliegues de aquellas iniciativas, aparecen la controvertida ley de emergencia económica, la cuestionada ley antiterrorista, el proyecto para combatir el lavado de dinero y la ley que le permitirá a Guillermo Moreno manejar los cupos para la compra de papel de diario. Es cierto que el oficialismo cuenta con mayoría propia tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Pero es más notable todavía la "picardía" con la que el Frente para la Victoria maneja los tiempos del Congreso. Así como la ingenuidad y la torpeza con la que la oposición intenta hacerse oír sin éxito, en medio del vértigo que le imprimen al trámite el Gobierno y los legisladores que responden a la presidenta de la Nación.



La andanada de ataques y de proyectos de ley intenta, al final, fortalecer al Gobierno en general y a la figura de Cristina Fernández en particular, con vistas al año que viene. La Presidenta acaba de decir, en Montevideo, que América latina necesita de sociedades que no estén pensando, a cada momento, en la inminencia de una nueva crisis. Por desgracia, ese tipo de cosas no tiene que ver con el deseo sino con la evolución de la economía real, más allá de la manipulación de las estadísticas oficiales.



Durante 2012 se crecerá menos, aumentarán las tarifas de agua, de luz y de gas, bajará el precio de la soja y los reclamos salariales serán más sostenidos y conflictivos que los de este año. También es probable que la imagen de la jefa del Estado, después de tocar el pico máximo, empiece a bajar, aunque nadie puede pronosticar con seriedad a qué ritmo y hasta dónde. Esta es la apuesta de fondo que explica la hiperactividad del gobierno nacional. La idea, como siempre, es que Ella continúe siendo única y que al resto no le alcance ni para empezar a pensar en transformarse en alternativa.

 

Publicado en La Nación

 
¿Cómo puede ser? Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Lunes, 19 de Diciembre de 2011 09:49

 

El enorme poder del gobierno y su prepotente y arbitraria manera de ejercerlo está poniendo en cuestión la propia lógica del sistema democrático. Solo dos ejemplos contundentes. Uno: ¿cómo puede ser que después de los presuntos delitos que acaba de confesar Sergio Schoklender no haya un solo fiscal o un solo juez capaz de citarlo a declarar para determinar si de verdad existieron y quiénes fueron los responsables? Asalto a mano armada para financiar a la organización humanitaria Madres de Plaza de Mayo, acopio de pistolas, ametralladoras y granadas en la sede de la Fundación e intento de secuestro son solo algunas de las acciones que confesó Schoklender ante Martín Caparrós y me confirmó, con lujo de detalles, en la entrevista radial que le realicé el jueves pasado. Los hechos, además, fueron mencionados por él mismo en el libro que acaba de publicar. Hay quienes pueden argumentar, con razón, que el ex apoderado de las Madres es un mentiroso, un perverso y un delirante. Y que por eso nada de lo que diga es considerado de importancia. Pero en las democracias que funcionan, los delitos se investigan y no importa demasiado quién los reconoce. Solo importa si lo son verdaderos, para luego castigarlos. Es la única manera de vivir bajo el imperio de la ley. El deber de los fiscales y los jueces es averiguarlo. Más tarde, se verá si prescribieron, si son punibles o si hay manera de probar quiénes fueron las víctimas y quiénes los autores. ¿Por qué entonces no aparece ningún magistrado con los pantalones bien puestos? ¿Es tanto el pánico que tienen los fiscales y los jueces federales a la represalia de esta administración elegida de manera legítima pero con un ejercicio autoritario del poder?



El segundo ejemplo es la inminente aprobación de la ley que solo fue diseñada para atacar una sola empresa, Papel Prensa, y que tiene como finalidad evidente controlar la producción de papel de diario para castigar a Clarín y La Nación, y a través de ellos a todo el periodismo crítico. El artículo 32 de la Constitución dice con claridad que el Parlamento no puede dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta. ¿Cómo puede ser que cientos de diputados nacionales y senadores ignoren la Constitución Nacional, bajo la excusa de que Papel Prensa condiciona el mercado? Para regular el sistema, no es necesario aprobar una ley con nombre propio, sino garantizar el acceso al papel en las mejores condiciones para todos. Cualquiera que conozca la industria sabe que la existencia de esta ley solo permitirá que Guillermo Moreno reparta las cuotas igual que el gobierno hace con la publicidad oficial.

 

Todo el mundo sabe que en algún momento Papel Prensa abusó de su posición dominante para debilitar a sus competidores. Pero esto no significa que cualquier administración, para corregir esos errores del pasado, deba ponerla al borde de la expropiación. Aceptarlo y promoverlo es ignorar que, mañana o pasado, irán por “otro enemigo”, con los mismos argumentos falaces que emplean ahora. Para que se entienda bien esto último, hay que detenerse a analizar, con mucho cuidado, por qué Hugo Moyano era considerado, hasta hace poco, el mayor aliado estratégico del gobierno, y ahora se lo presenta como el enemigo público número uno. O por qué Daniel Scioli, un hombre al que Néstor Kirchner y Cristina Fernández recurrieron una y mil veces para aumentar su caudal de votos y su poder, ahora se lo ataca de manera frontal e impiadosa, solo porque las víctimas circunstanciales de su operativo de seguridad durante la asunción fueron los “militantes” de La Cámpora.



Si el ejercicio del poder no responde a una lógica institucional sino al humor de la presidenta o de Máximo Kirchner, ¿cuánto puede tardar en ser elegido como víctima cualquier otro sindicalista, periodista, medio, empresario o dirigente social que no le caiga simpático a la jefa de Estado o a su hijo? Los kirchneristas que todavía hablan en voz baja y en lugares reservados con periodistas que conocen desde hace años están espantados. Uno escuchó, por ejemplo, como Máximo Kirchner “llamaba la atención” a su mamá inmediatamente después del discurso que dio en el encuentro organizado por la Unión Industrial Argentina (UIA). Le endilgaba haberse corrido “demasiado” hacia la derecha, y la emplazaba para que no lo volviera a repetir. Otro me contó que es el propio Máximo quien toma el teléfono para hablar con los “chicos malos” de La Cámpora y pedirles que usen su twitter para insultar a los periodistas que todavía no han sido colonizados por el discurso único del relato oficial. ¿Es el hijo de la Presidenta la figura más influyente del gobierno, después de la propia jefa de Estado? En su Cartas a la Presidenta, Mempo Giardinelli, un kirchnerista inorgánico que habla con voz propia, le escribió a Cristina Fernández que el apoyo de sus hijos como tales está muy bien. Pero que no sería recomendable elevarlos a la categoría interlocutores privilegiados e indiscutibles. ¿O será que, de verdad, la Presidenta está pensando en su hijo como su principal heredero político, más allá de su incondicional amor de mamá? Los camarógrafos del denominado Canal Público no lo saben, pero cumplieron al pie de la letra la orden de mostrarlo, durante la asunción, cada vez que la Presidenta mencionaba al ex presidente Néstor Kirchner.

 

Publicado en El Cronista

 
La gran coartada del nuevo gobierno Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Jueves, 15 de Diciembre de 2011 09:32

 

El nuevo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner parte de una premisa falsa desde la que se monta toda la maquinaria política y comunicacional que lo termina haciendo casi indestructible: el presupuesto engañoso de que estamos frente a una administración débil y constantemente amenazada por "las corporaciones" o "los poderes concentrados". Poderes que están aguardando, agazapados, para regresar y "castigar al pueblo". Un "pueblo" que, como es obvio, sólo puede seguir gozando del bienestar conquistado mientras continúe este proyecto "nacional, popular y democrático" que encarna la jefa del Estado, única depositaria del histórico triunfo electoral.

 

Lo dijo el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, para darle cierta mística al apoyo de los intelectuales que piensan como él, y que probablemente, a estas alturas, sientan cierta incomodidad al tener que fundamentar su oficialismo acrítico: "Este es un gobierno débil, aunque haya ganado con el 54% de los votos". Lo planteó también el diputado nacional Carlos Heller, un hombre siempre dispuesto al debate, cuando explicó su apoyo a la prórroga de la emergencia económica, que le seguirá permitiendo a esta administración continuar manipulando miles de millones de pesos sin pasar antes por la aprobación del Parlamento.



Heller afirma que no se puede estar esperando la autorización de la mayoría del Congreso cuando el mundo en general, y los Estados Unidos y algunos países de Europa en particular, están prenunciando una crisis que, en cualquier momento, podría impactar en la Argentina.



¿Puede considerarse en emergencia un país con una economía que viene creciendo, de manera ininterrumpida, desde hace más de ocho años?
, le pregunté. Pero Heller considera que la declaración de emergencia es absolutamente necesaria. Y que todo el paquete económico que se pretende aprobar en menos de una semana es un instrumento imprescindible para seguir convalidando una "inversión social" que sirva para equiparar la brecha entre los demasiado ricos y los más pobres.



Si por un momento se aceptara la lógica de Heller, cabe preguntarse qué tipo de acciones impulsará el Gobierno ante la desaceleración económica que se pronostica para el año que viene? ¿Irían sus funcionarios casa por casa para comprobar quiénes merecen seguir recibiendo los beneficios del modelo y quiénes representan la encarnación del mal?



Pero lo más interesante, ahora que se mantiene la euforia triunfalista, es plantear cuáles son las ventajas y los beneficios de presentarse como un gobierno débil. El beneficio más evidente, como se acaba de demostrar, es que sirve para justificar la emergencia, las excepciones, las medidas de Guillermo Moreno y casi cualquier otra cosa, incluida la ineficacia de los años anteriores. Por ejemplo, la demora en designar a Nilda Garré como ministra de Seguridad fue explicada, en su momento, con el falso argumento de que antes el Gobierno no era lo suficientemente fuerte como para plantarse ante la cúpula de la Policía Federal y conducirla con la lógica de los civiles que defienden una fuerza de seguridad democrática. Así, los años en que el problema de la inseguridad fue ignorado por el gobierno nacional pueden ser justificados por esa sola construcción intelectual y emocional. También le sirve, a la propia Garré, para darle clases de cómo combatir la inseguridad a Daniel Scioli, y de paso hacerlo aparecer como un gobernador que convive con los negocios y la corrupción de la cúpula de la Policía Bonaerense. Y todo eso, sin hablar de la ineficacia de la propia fuerza de seguridad que ella maneja.



Un inteligente aliado del gobernador, el legislador provincial Fernando "Chino" Navarro, usa ahora el mismo tipo de argumentos para explicar por qué antes Scioli apoyaba una policía comandada por un uniformado y ahora está convencido de que lo mejor que puede hacer es darle la responsabilidad a un civil. "Esta es una asignatura pendiente del poder político: conducir a las policías en el marco de los preceptos democráticos", interpretó Navarro el giro de Scioli. De esta manera, ni el gobierno nacional ni el gobierno provincial terminan de asumir la responsabilidad por los errores que cometieron o por lo que no hicieron años antes. Es como tener a la oposición y el oficialismo en una misma fuerza política y en el seno de la propia administración. Nunca habrá una alternativa. Sólo hay "asignaturas pendientes" que tarde o temprano el cristinismo va a aprobar. Porque llegará el momento oportuno o el "contexto político" se presentará como favorable. Eso me respondió Néstor Kirchner una tarde de 2004, cuando le pregunté por qué seguía estableciendo alianzas con los principales barones del conurbano, si en el fondo los despreciaba. "Por ahora los necesito. Y soy demasiado débil para enfrentarlos. Cuando estemos en condiciones de hacerlo, lo vamos a hacer."



Cristina Fernández, en efecto, cree que ahora está en condiciones de enfrentar y vencer a Hugo Moyano con la misma lógica política que usó el ex presidente Kirchner para combatir y doblegar a la anterior Corte Suprema de Justicia y a dirigentes sindicales como Luis Barrionuevo.
Se trataría de una "pelea" de la dirigente política que tiene el mayor porcentaje de imagen positiva de la Argentina contra la figura pública que ostenta el mayor porcentaje de imagen negativa y rechazo social. Pero, sobre todo, lo podría hacer porque su popularidad y su poder político hacen creíble el relato oficial, aunque esté compuesto por medias verdades.



Una verdad completa, por ejemplo, es que una buena parte del poder de Moyano fue facilitado por el propio Kirchner, igual que una buena parte de los negocios del Grupo Clarín fueron convalidados por el ex presidente en 2007. ¿No merece ser incluido esto en el debe del gobierno que asumió en 2003 y cuya gestión todavía se reivindica?



Una verdad completa debería presentar a este nuevo gobierno como uno de los más poderosos en toda la historia de la Argentina
. Tiene mayoría propia en el Parlamento. Todas las oficinas públicas le responden más allá de las normas y las leyes. La mayoría de los jueces federales no quieren o no pueden condenar a los funcionarios acusados de corrupción y otros delitos. Se está por asestar un duro golpe a la libertad de expresión con el argumento insostenible de que el Estado va a facilitar el acceso al papel de diario para todos. Manejan el Banco Central y controlan la importación, la exportación y el tipo de cambio de manera policial. La Corte Suprema de Justicia, que hasta hace poco era percibida como un contrapeso necesario, no puede hacer cumplir los fallos de reponer en su cargo al ex procurador general en Santa Cruz ni que se le otorgue publicidad oficial a un medio independiente como Perfil.



¿Alguien se puede tragar la versión de que éste es un gobierno débil atacado por las corporaciones, los poderes concentrados, la corpo mediática y otros fantasmas funcionales al discurso oficial?

 

Publicado en La Nación

 
CFK arranca con ventaja Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Lunes, 12 de Diciembre de 2011 09:59

 

Ella arranca su segundo mandato con ventaja. Con un respaldo popular inusitado, una oposición desarticulada y la elección correcta de algunos enemigos a vencer. El más notorio de ellos es Hugo Moyano, el dirigente con mayor rechazo social de toda la República Argentina. Cristina Fernández, que no es tonta, usará a ese enemigo para múltiples propósitos. Uno será el de ponerle un techo del 20 por ciento a las negociaciones paritarias. Ella cree, con buen criterio, que es uno de los diques que servirá para contener la inflación en un tiempo de menor crecimiento de la economía. Otro será el de quitarle a los sindicatos una enorme caja de cerca de 15 mil millones de pesos que se acumulan en el Fondo Solidario de Redistribución Permanente de las Obras Sociales y que los gremios reclaman para sí. Y el tercer propósito será el de siempre: consolidar y aumentar los votos de la clase media políticamente correcta que ve en Moyano a la suma de todos los males. Es una jugada de manual, pero no por eso menos efectiva. Lo mismo hizo Néstor Kirchner al asumir con apenas el 22 por ciento de los votos en mayo de 2003. Se enfrentó con la Corte Suprema más desprestigiada de la historia por cadena nacional. Declaró su enemigo público al sindicalista José Luis Barrionuevo. Y a fines del mismo año su imagen positiva se empezó a disparar hasta superar el 70 por ciento. Daniel Scioli debería estar muy atento a la nueva embestida.

 

Los ataques de la ministra de seguridad, Nilda Garré, del ministro sin cartera Horacio Verbitsky y del diputado nacional Martín Sabbatella tienen la misma lógica maniqueísta. Ellos son los buenos que denuncian la connivencia del gobernador y el de su ministro de Justicia y Seguridad Ricardo Casal con la cúpula corrupta de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Los otros son los malos, porque se resarcen con buenos negocios mientras cada vez más son los pobres que sufren la inseguridad y el maltrato y la prepotencia policial.



Al mismo tiempo, la Presidenta apoya con entusiasmo al vicegobernador Gabriel Mariotto. El responsable de imponer la Ley de Medios no es un hombre sin voluntad. Todavía no asumió el cargo de manera formal pero ya maneja la Legislatura y controla una buena parte del presupuesto de toda la provincia, mientras se reúne con los intendentes más poderosos del distrito para que tomen nota del avance de la Presidenta y la pérdida de poder de Scioli. Elegir al enemigo correcto, iniciar el operativo demolición y responsabilizarlo de todos los males es una jugada que casi no tiene costos y si múltiples e inmediatos beneficios. En el caso de la pelea con Moyano hay una ventaja extra. La mala memoria de la mayoría de los argentinos hará olvidar que el secretario general de la CGT se transformó en el hombre más poderoso del país -después de la presidenta- gracias a las concesiones y los buenos negocios que le habilitó el ex presidente Néstor Kirchner, a quien el sábado, Ella, otra vez, transformó casi en Dios. También dejará pasar el hecho de que Scioli fue el gran instrumento del kirchnerismo para ganar la provincia de Buenos Aires y sumar votos para la causa nacional. La idea de que Ella y todas las acciones de gobierno que impulsan están bendecidas por el principio de la infalibilidad y que El Mal lo encarnan los enemigos es lo que hace que premie a Guillermo Moreno con algo parecido a un superministerio con injerencia directa en todas las áreas de la economía.



Así, la manipulación de las estadísticas oficiales es presentada como una decisión virtuosa y las medidas policiales contra la compra de dólares como un ataque del gobierno nacional, popular y democrático contra las corporaciones que intentaron marcarle la cancha a la Presidenta. Semejante despliegue autorreferencial, sin la incorporación de la más mínima autocrítica, llegó a opacar lo que fue, a mi entender, uno de los anuncios más importantes de su discurso de asunción. La de empezar a evaluar el desempeño de los docentes como una de las manera de mejorar la calidad educativa.



El llamado a sesiones extraordinarias para discutir la ley de tierras, una nueva ley penal tributaria y el proyecto anti Papel Prensa a la distribución y comercialización de papel de diario tendrán a la clase política muy entretenida mientras Ella sienta las bases de una nueva batalla: la de su propia sucesión. La creciente influencia de su hijo, Máximo Kirchner, en la designación de los ministros y las más importantes medidas de gobierno sugieren que su madre lo está preparando para los tiempos que vienen.

 

Publicado en El Cronista

 
Qué hay detrás del nuevo gabinete Imprimir E-mail
Escrito por Luis Majul   
Lunes, 05 de Diciembre de 2011 09:41

 

El mundillo político espera los anuncios del nuevo gabinete de Cristina Fernández con la misma expectativa que los amantes de la tecnología aguardaban la presentación de un nuevo producto Apple por parte de Steve Jobs. Sin embargo, si se mira con detenimiento la lógica histórica con la que El y Ella tomaron las decisiones políticas más importantes, mientras gobernaron la provincia de Santa Cruz primero y la República Argentina después se comprenderá que, a la hora de designar a los principales ministros, lo que privilegiaron, por encima de todo, fue la lealtad incondicional, y no la capacidad de los funcionarios.



Las dos únicas excepciones fueron los ministros de Economía Roberto Lavagna, en mayo de 2003, porque la emergencia económica lo exigía, y Martín Lousteau, en diciembre de 2007, porque Miguel Peirano renunció, de manera sorpresiva, cuando la Presidenta electa le dijo que al Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC) lo iba a manejar directamente Ella. Es decir: el inefable Guillermo Moreno. Lousteau creyó que, con el tiempo, iba a poder normalizar los índices mentirosos de inflación, neutralizar a Moreno y así empezar a solucionar el gran problema de la economía nacional: el verdadero aumento del costo de vida. Pero a cambio le pidieron que consiguiera dinero para poder seguir utilizando la caja y así nació la 125, uno de los errores políticos más graves de toda la era kirchnerista. La quita de subsidios a la luz, el agua, el gas y el transporte tienen la misma lógica: recuperar dinero de la gran caja, durante un año en que el crecimiento de la economía será menor que a lo largo de 2010 y 2011. Los fundamentalistas del antikirchnerismo preanuncian tiempos muy difíciles, pero la verdad es que nada parece indicar que la Argentina pueda entrar en una crisis recesiva con alta inflación, y que todavía las variables de la economía son manejables, y los pronósticos alentadores, si Cristina Fernández aplica la sintonía fina que anunció hace muy poco.



El problema no es tanto la realidad, sino la fantasía del discurso oficial, y el relato caprichoso que se quiere hacer sobre los asuntos más sencillos
. Empecemos por el principio. Néstor Kirchner nunca autorizó un aumento masivo de tarifas porque temía, y con razón, perder millones de votos de la clase media. De hecho, el gobierno empezó a recuperar los votos que había perdido en junio 2009 después de su pelea con el campo con la implementación de políticas activas como la asignación por hijo y la bendición de los acuerdos paritarios, porque no solo activaron el consumo en los que menos tienen sino también de las capas medias y media alta.



“Las políticas activas como la inclusión de nuevos jubilados y la asignación universal aportan millones de votos, y los ajustes de impuestos y de tarifas hacen todo lo contrario”, me dijo un alto funcionario del gobierno de Mauricio Macrii después de leer el trabajo de una encuestadora que vinculó las dos variables. El funcionario explica que hay muy pocas maneras de evitar que un votante no castigue a un gobierno dispuesto u obligado a incrementar los impuestos o las tarifas. “La única forma es que ese gobierno le haga creer a la gente que la culpa del ajuste la tienen otros. Pero eso es tan difícil como evitar que el mismo gobierno consiga votos cada vez que anuncia un aumento en el salario mínimo o en la jubilación”, agrega. Esta operación voluntarista es la que intenta impulsar Cristina Fernández junto con sus ministros Amado Boudou y Julio De Vido. Y no es tan diferente al discurso estructural que usó Kirchner primero en la provincia donde nació y después en el país.



El primer paso de ese discurso fue, siempre, la utilización de la emergencia como excusa para gobernar con superpoderes, la suma del poder público y sin ningún tipo de control. Ni parlamentario ni judicial. El segundo paso fue adjudicarse, como si fuera Papá Noel, todas las cosas buenas que el gobierno fue capaz de impulsar para el bienestar de los gobernados. Desde la rotonda de Río Gallegos hasta la distribución de netbooks para los alumnos de las escuelas públicas que lo necesitan. Y el tercer paso es anunciar las buenas noticias una y otra vez, de manera inflada y exagerada, en tiempos preelectorales y de los otros también, para que a nadie le quede duda de que este es el mejor gobierno de la historia, incluidos los de Juan Domingo Perón.



Por eso, aunque el quite de los subsidios y el techo del 18 por ciento a las negociaciones paritarias son medidas de ajuste acertadas, pero antipáticas, Cristina Fernández y sus incondicionales necesitan ponerles otros nombres, y acusar a Clarín y La Nación, los conocidos de siempre, de presentarlas de manera demoníaca. Estos fuegos artificiales pueden resultar hasta divertidos si no fuera porque Europa, los Estados Unidos y ahora Brasil esperan un fuerte cimbronazo en sus economías. En el gobierno argentino, hoy mismo, solo de discute cuál será la magnitud del impacto. De lo que ya nadie duda es que la recesión global va a afectar, de alguna manera, a la República Argentina. Para manejar este tipo de crisis, hace falta un poco más que las amenazas de Moreno o los controles compulsivos para evitar la compra de dólares de Ricardo Echegaray. Se necesita una visión estratégica que éste gobierno no tiene. Y que no se consigue ni con la creación de un Instituto de Revisión Histórica ni con la saturación de propaganda oficial en el entretiempo del Fútbol para Todos.

 

Publicado en El Cronista

 


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